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miércoles, 22 de febrero de 2023

Las culebras y la medicina popular

 El vídeo es antiguo. Más todavía las tradiciones que relata. Pero recientemente lo ha subido Eugenio Monesma a su canal de YouTube y es una nueva ocasión para recordar a la inolvidable Serafina, uno de los pilares de Troncedo durante muchas décadas. También aparece Ramón pero, en su caso, tenemos la fortuna de contarlo entre nosotros. Y que sea por muchos años!

* Uno de mis recuerdos más antiguos de Troncedo data de cuando me clavé una caña y se me quedó una astilla bajo la piel ("las cañas son muy traidoras", decían los mayores) y fue Serafina quien me la quitó aplicando un ungüento de sebo de culebra. Doy fe de que funciona. No sé cuántos años tenía pero me impactó más el remedio que el accidente. Inolvidable Serafina, inolvidables sus recursos. P.C.

jueves, 5 de agosto de 2021

El Caixigar 18 y el espíritu becqueriano

  

Morón de Almazán (Soria)
Exposición en el Museo de Vestimenta Tradicional




   "A mí me hace gracia observar cómo se afanan los sabios,  qué grandes cuestiones enredan y con qué exquisita diligencia  se procuran los datos acerca de las más insignificantes particularidades de la vida doméstica de los egipcios o los griegos, en tanto que se ignoran los mas curiosos pormenores de nuestras costumbres propias"    
Gustavo Adolfo Bécquer escribía esta reflexión el 21 de    enero de 1861, en una de sus cartas Desde mi celda. 

  El próximo año 2022 se cumplirán veinte desde que apareció el número 0 de El Caixigar, una modesta  publicación local que, sin siquiera ser consciente de ello, se impregnaba de parte del espíritu del gran poeta romántico de la Literatura Española. Dos décadas que, si hacemos caso al tango, no son nada pero sí un  número redondo que invita a cerrar un ciclo. Desde este mismo momento, en el que sale a la luz, el caixigo dieciocho, anunciamos que estamos trabajando en el que será el último de una primera etapa. Hemos cubierto objetivos, no nos quepa la menor duda, lo que nació con la pretensión de ser "unas hojas en las que recoger los usos y costumbres de un tiempo que se extinguía con sus últimos protagonistas" ha levantado un pequeño bosquecillo de papel, memoria e ilusiones. A partir de ahora, tiene que agitarse una savia nueva que alimente nuevos árboles, no se sabe si de papel o tendrán otros formatos en consonancia con el mundo digital en el que habitarán. Mientras tanto, nos queda un año para recibir todas las colaboraciones que consideréis que no deben quedarse en el tintero.  Poneos a trabajar YA  y a enviar artículos, recuerdos, fotos... para lo que tiene que ser el ejemplar que complete el corazón de un bosque que seguirá creciendo,... que debe seguir creciendo. 

 Caixigar" - Caixigo nº18

sábado, 26 de junio de 2021

Los refranes no dicen siempre (toda) la verdad

 



Cuando no hay pan, buenas son tortas. Como (casi) todos los refranes, este también puede relativizarse. Y es que la bondad de las tortas va con ellas, haya o no haya pan. Cada alimento tiene su función y si se trata de mojar en chocolate, mucho mejor tortas que panes, ande va a parar... Si además son tortas de aceite (también conocidas en otras partes, como de caña) elaboradas por Ramón Rami,  nuestro panadero emérito y particular, lo mismo es hablar de torta y chocolate que de miel sobre hojuelas... Y eso es lo que ocurrió el pasado sábado 19 de junio, que compartimos con Ramón una jornada de elaboración y degustación de estas ricas tortas que tanto nos recuerdan los sabores de nuestra infancia.



La masa lista para introducir en el horno

La elaboración del humilde dulce tradicional de la zona es sencilla, se hacen con la misma masa del pan. El secreto únicamente es estirarla bien y luego regarlas abundantemente con aceite (sobre todo en las esquinas, zagalas, que si no, luego no se las come nadie) y azúcar. Otro consejo: comerlas en el día, si se guardan se secan mucho y ponen a prueba las dentaduras... 


Ramón, Montse y Lucas, el maestro panadero y sus ayudantes


 

sábado, 15 de mayo de 2021

De romerías, tradiciones y eméritos con mérito

 


  Que la pandemia nos ha obligado a cambiar de usos y modificar tradiciones, es conocido de todos. Que algunos seríamos partidarios de que algunas de estas obligadas distorsiones que introducen hábitos de mayor higiene y cordura en las actividades sociales, también es algo que se desliza en algunas conversaciones aunque no haya un debate explícito al efecto.

 Sin entrar en cuáles serían esos cambios coyunturales que podrían presentar candidatura a hacerse perennes, es público y patente que las fiestas y celebraciones han sido uno de los campos más afectados por las restricciones sanitarias, No ha sido el caso exactamente de la romería a San Isidro que  este año se ha cambiado por trabajos de limpieza y ornamentación floral del pueblo. Tareas que, por otra parte, ya se habían incorporado como nuevas tradiciones en estas fechas. No ha habido misa, ni la bendición de términos pero estamos  seguros de que, si es verdad eso de que el  Isidro de Madrid era santo y además, labrador, le servirá de gusto también que incorporemos estas actividades. 

Lo que no ha faltado es el reparto de la caridad. Y en esta edición, incorporando la torta de aceite más auténtica, la de siempre. Elaborada con la masa del pan por nuestro panadero emérito* y de mérito incuestionable, Ramón Rami Salinas, quien nos ha sorprendido con ella, retrotrayéndonos a sabores y texturas que hace tiempo habíamos dejado de degustar. 


De cualquier manera y para que el santo no se nos enfade, algunas nos hemos acercado por la tarde a hacerle una visita. O más exactamente, para hacernos una foto recordando otros años, otras reuniones, otras personas... otros tiempos.





*Para evitar confusiones en la utilización de un término que alguna persona en la actualidad utiliza sin merecerlo, incorporamos la definición de la RAE de la palabra emérito:

Dicho de una persona , especialmente de un profesor : Que se ha jubilado y mantiene sus honores y alguna de sus funciones.

En conclusión, Ramón es con toda propiedad y mérito, nuestro maestro panadero emérito


lunes, 2 de noviembre de 2020

Un día para el recuerdo

 



Pilar Lacambra Garcés, en la década de los 20 del s.XX
Ha sido éste un día de los difuntos muy anómalo. En el cementerio de Troncedo no ha habido el bullicio habitual de otros años a causa de las medidas sanitarias a las que estamos sometidos en todo el país pero, sorprendentemente, nadie ha olvidado a los suyos. De alguna manera, todas las familias se han organizado para que las sepulturas lucieran limpias y tanto las flores frescas como las lámparas encendidas no faltaran en un día como hoy. En estas circunstancias quiero traer al recuerdo a Pilar Lacambra Garcés, una tía de cuya existencia y triste desaparición no tuve noticia hasta bien cumplidos los veinte años cuando su hermana mayor, Rosalía, me enseñó esta foto que es el único testimonio que queda de su paso por el mundo. No es extraño que mi madre, Balbina, la hermana más pequeña, no me hubiera hablado nunca de ella, en contraste con las veces que llegó a nombrar a su padre Antonio y a su hermano Miguel Lacambra, fallecido también prematuramente como consecuencia de una enfermedad contraída durante la guerra. Pero es que Miguel era su hermano adorado, su referente a lo largo de toda la infancia y por el que compartió el sufrimiento familiar durante los años de guerra así como la dolorosa agonía después de su vuelta a casa. Pero a Pilar creo que ni la llegó a conocer o, en todo caso, cuando volvió a morir al pueblo, mi madre sería todavía un bebé, de tal manera que no tenía motivo para recordarla. 


La niña, de carita redonda y rasgos inequívocamente familiares que esboza una tímida sonrisa en esta foto de estudio,  tenía sólo trece años cuando volvió a casa para morir, enferma de tuberculosis. Estaba sirviendo como criada* en alguna casa rica de Barcelona cuando contrajo la enfermedad que sería poco después del día en el que con tanta ilusión habría ido a hacerse este retrato para enviar a sus padres. Ataviada, con toda seguridad, con su mejor vestido, una sencilla batita de cuello babi, No tengo datos para saber con qué edad se desplazó a la ciudad condal pero evidentemente,  muy niña. El destino se cebó con ella. Como a tantas, nacer mujer en el seno de una familia campesina de un pueblo de montaña a principios del siglo XX, salvo excepciones, la abocaba a una vida de servicio a propios y extraños que se iniciaba en el momento en el que eran mínimamente autónomas. Para algunas, por paradójico que parezca, si esta condena recibida en la misma cuna les empujaba a la emigración a una gran ciudad, con el tiempo llegaba a convertirse en una oportunidad de liberarse aunque fuera mínimamente. Fue el caso de su hermana Rosalía que, por lo menos, pudo elegir libremente un marido que la cuidó e hizo feliz durante toda la larga vida de ambos, y escabullirse del matrimonio concertado que, cómo no, también le había programado la familia. Su hermana, esta tía tan desconocida para las generaciones posteriores, tuvo la peor de las suertes. Descanse en paz.

Miguel Lacambra Garcés, 1915-1941




 
 * Para saber un poco más sobre las condiciones de vida de las criadas en Barcelona en los tiempos en los que la tierna Pilar estuvo por allí, os remitimos a un artículo de Joan Mannet i Pesas "La revuelta de las criadas" del que nos hicimos eco en El Caixigar nº 13, de junio de 2016.

P.C.


sábado, 12 de septiembre de 2020

El luto también tenía género


Rebuscando fotos para la exposición que prepara la Asociación Castillo de Troncedo  me he encontrado con esta foto en la que aparecen mi prima Matilde con su hijo Clemente en brazos, mi abuela Manuela y mi madre, Balbina. La foto debe ser del verano de  1964. Mi abuela y mi madre, totalmente enlutadas por el fallecimiento de Antonio, el albañil, hijo y hermano respectivamente de ambas. Al toparme con la imagen, me ha recordado muchas otras de mujeres enlutadas, tan frecuentes en mi infancia. De hecho, la única estampa de mi abuela que mi cabeza conserva es la de la foto, una mujer pequeña, enjuta, arrugada, de expresión dura y vestida íntegramente de negro, de pies a cabeza. Pero no era un caso excepcional, a partir de cierta edad que a veces era muy temprana, las mujeres se ponían de luto y, en el peor de los casos, la vida (y la muerte) ya no les daba ocasión para el color, literal y metafóricamente. Primero, era por un abuelo, un padre, una madre... después el marido, y eso contando que no hubiera ningún hijo entre medio. Al final... ya no era edad ni había ánimo (ni dinero) para otras ropas. Y más de una se quedó soltera al encadenar varias pérdidas familiares que, durante varios años, los del luto, le impidieron asistir a verbenas, meriendas o cualquier otro encuentro social. 

Y es que el luto por la muerte de un familiar era una norma social incontestable, había obligatoriedad de mostrar públicamente la pena por una pérdida cercana y reciente.  Y todavía más en las zonas rurales, una costumbre que no comenzó a aligerarse hasta bien entrada  la década de los 70 del siglo XX.  Aun hoy en día,conservamos muchas costumbres en los sepelios oficiales, como es el vestir de color negro, dar el pésame a la familia o dejar de asistir a algún tipo de festejo (aunque esto cada vez menos). Pero es bueno recordar que el luto no siempre ha sido igual en España. De hecho, el protocolo a seguir en caso de muerte fue decretado por los Reyes  Católicos. Ellos fueron los primeros en imponer el color negro  tras el fallecimiento de su hijo el príncipe Juan, ya que antes se vestía de blanco en estas ocasiones, tradición que databa del s.II en Roma. Igualmente sus católicas majestades marcaron que los entierros debían ser recatados, sin un exceso de gritos y lloros (prohibieron la contratación de plañideras) aunque impusieron unas condiciones tan exigentes que el Concilio de Toledo lo reprobó, y fue Felipe V quien definió un nuevo protocolo. Uno de estos cambios los encontramos en el primer año de luto de la viuda, que debía habitar en una habitación tapizada de negro, con las ventanas cerradas y sólo pasado ese año podía incorporar elementos de decoración en tonos más claros.

Después del Concilio, el color negro en el hogar se limitaba a las alfombras y las cortinas. Esta nueva pragmática incluso indicaba que alrededor de la cama mortuoria debían encenderse exactamente ocho velas o qué tipo de tejidos debían vestirse. Con el paso de los siglos, estas costumbres se han ido perdiendo paulatinamente y las mujeres han sido las grandes beneficiadas, pues eran las más perjudicadas, obligadas a guardar el luto de forma mucho más visible y durante largos años si no llegaba a ser, como se ha dicho,  a lo largo de toda su vida. El protocolo estaba muy regulado:

 - Por la muerte del esposo o esposa, el cónyuge llevaba luto riguroso dos años más seis meses de alivio de luto, para relajarse del negro.

- Por la muerte de un hijo, los padres llevaban dos años de riguroso luto más seis meses de alivio, también.

- Por la muerte del padre o de la madre, los hijos llevaban luto un año más seis meses de alivio de luto.

- Por la muerte de un hermano, los hermanos guardaban seis meses de luto riguroso.

- Por la muerte de los abuelos, los nietos guardaban seis meses de luto riguroso más tres meses de alivio.

- Por la muerte de un tío o tía, los sobrinos mantenían tres meses de luto.

El luto riguroso consistía en permanecer apartado de la vida social, ir ataviado de negro y en alejarse de toda actividad de ocio. La clausura en la vivienda duraba tres meses en el caso de las viudas o hijos del fallecido/a. Pasado el transcurso de luto, se pasaba al medio luto, en el que se llevaban colores apagados como el gris o el malva. 

El luto también tenía género. Teniendo en cuenta la alta mortalidad infantil durante la primera mitad del siglo XX y los hijos perdidos en la guerra, es fácil explicarse por qué todas aquellas mujeres mayores de nuestra infancia iban siempre enlutadas, en la ropa y en el corazón. Porque el luto riguroso se cebaba, cómo no, mucho más con ellas, obligadas a vestir de negro de la cabeza a los pies, incluida  la ropa interior, los complementos y las joyas (si las tuvieren). Las únicas piedras que las mujeres podían lucir eran el azabache, la amatista y el ónice, por tratarse de piedras oscuras. Pasado el primer año, los hombres, en cambio, portaban una cinta negra en la manga o en las solapas de la chaqueta. En ambientes urbanos y de clase social acomodada, la cinta negra se colocaba en el sombrero.

Al margen de los signos externos, otro apartado lo constituirían los ritos religiosos y las tradiciones de enterramiento que también estaban estrictamente reguladas. En el último ejemplar de El Caixigar, había un artículo en el que se describía con detalle la organización de la Cofradía del Santísimo Sacramento que se ocupaba de estos menesteres. 




 

domingo, 31 de mayo de 2020

Romerías en tiempos de pandemia

La imagen de la Virgen de Bruis es una talla románica del siglo XII-XIII, a la que se le atribuyen algunos hechos milagrosos, como el de acabar con una plaga de langostas, tras ser trasladada en procesión a la cercana ermita de Santa Brígida.


Las romerías son otros de los eventos que se han visto alterados, cuando no canceladas, por  la pandemia y el confinamiento. En Troncedo ya nos quedamos sin la de San Isidro y, tanto el día de San Jorge como este último domingo de mayo tocaban la de todos los pueblos de La Fueva a la Virgen de Bruis. Al margen del significado religioso y tradicional de estas festividades, las romerías cumplían la función de mantener la llama del pensamiento mágico de la antigüedad. En particular, las de primavera se suelen acompañar de "la bendición de los campos", con la esperanza puesta en que las tormentas no estropeen las cosechas. En Bruis se añadía la ocasión para el encuentro de familias y vecinos de todas las pequeñas aldeas del valle que, en tiempos de duro trabajo y aislamiento, era un acontecimiento social esperado por todos. Desde el último tercio del s.XX, con el gran flujo migratorio hacia los núcleos industriales, cobró todavía con más fuerza si cabe esa función de reencuentro con gentes, tradiciones y lugares. 


Aunque el 23 de abril no pudo ser, ayer una representación de entidades y Asociaciones del Valle de La Fueva y también de Palo, convocados por la Asociación A redolada se dio cita en el Santuario para rendir un homenaje a la Virgen de Bruis en forma de ofrenda floral. 







Troncedo ha estado muy bien representado por la familia Tena Rami como dan fe estas imágenes





miércoles, 8 de abril de 2020

De Troncedo a Bordalba (crespillos viajeros)



Desde Abejuela a Parzán,

desde Fraga hasta Bordalba,
de Tarazona a Beceite
y de Guaso a Banastón.
Es un mito, una utopía,
un río, una aparición,
un error, o tal vez no,
un porrón de geografía.
un porrón de geografía.


Así empezaba el poema Canción huérfana con el que el entonces alcalde de Aínsa (D. José Miguel Chéliz) rindió homenaje a José Antonio Labordeta que formaba parte del Jurado del II Certamen de Relatos Breves "Junto al Fogaril", en la entrega de premios celebrada en junio de 2009. La estrofa se inicia con la enumeración de los pueblos que ocupan los extremos de la amplia geografía aragonesa. A Bordalba, localidad de la comarca de Calatayud, le corresponde ocupar la uega occidental, en una posición bastante alejada de Troncedo. Ambos lugares, siendo profundamente aragoneses y compartiendo muchos usos culturales, son también muy diferentes en diversos aspectos, fruto del entorno natural y los aconteceres históricos y poblacionales que los han determinado. Lamentablemente, en estas primeras décadas del s.XXI, hay un calificativo de reciente cuño que  ambos lugares comparten, los dos forman parte de la larga lista de territorios de "la España vaciada". Hay también un pequeño, diminuto detalle que los vincula. El azar hizo que hace ya unas cuantas décadas, un hijo de Bordalba y una nieta de Troncedo se encontraran más o menos a medio camino y que desde entonces sujeten un cordel que une los dos extremos y que, en estos momentos de confinamiento, haya servido para que una de las tradiciones culinarias de Sobrarbe haya viajado hasta la ribera alta del Jalón, allá por donde Aragón y Castilla se funden. 

Y es que la Asociación "La Muriega" de Bordalba que coincide en su espíritu fundacional con el de la nuestra, "Castillo de Troncedo"  tenía programados una serie de actos culturales y lúdicos para los días de reencuentro vecinal de Semana Santa; entre ellos un concurso de dulces. Evidentemente, las medidas de contención de la expansión de la pandemia del Covid19, han frustrado todas las iniciativas pero las benditas tecnologías audiovisuales que tanto nos están ayudando a sobrellevar estos días de aislamiento forzado, han permitido mantener algunas aunque sea a distancia y se nos ha invitado a elaborar los postres en casa y hacer llegar la receta. Ha sido un momento oportuno de dar a conocer a todos los amigos y amigas de Bordalba un postre tan tradicional y conocido por la zona de Somontano y Sobrarbe como son los crespillos pero que resulta novedad para otras zonas de Aragón.


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Para los que gusten igualmente de alimentar el espíritu, dejamos el poema completo:

                                               Canción huérfana (a Labordeta)


Desde Abejuela a Parzán,

desde Fraga hasta Bordalba,
de Tarazona a Beceite
y de Guaso a Banastón.
Es un mito, una utopía,
un río, una aparición,
un error, o tal vez no,
un porrón de geografía.

Aragón se funde en canto,
olvidándose del llanto
y su conciencia despierta
cuando canta Labordeta.

Con un bigote en volandas,
plantándole cara al cierzo,
un pie al agua, otro al desierto
y en el medio la guitarra.
Truena la voz destronada
del secular conformismo,
del temor y el victimismo
por el llano y la montaña.

Aragón se funde en canto,
olvidándose del llanto
y su conciencia despierta
cuando canta Labordeta.

Y la buena sementera
cala en la tierra dormida,
un nuevo brote germina
y el ocre se desespera,
el mediocre no se entera
de dónde viene esta brisa,
que llega lenta, sin prisa,
imparable y guerrillera.

Aragón se funde en canto,
olvidándose del llanto
y su conciencia despierta
cuando canta Labordeta.

José Miguel Chéliz


domingo, 12 de enero de 2020

San Beturián revive en Troncedo




Una vez más hemos dado la vuelta al calendario y nos hemos plantado en un año de guarismos bien redondos, 2020. El mes de enero avanza inexorable y comienza el desfile de los santos barbudos, objeto de devoción secular en los pueblos de Sobrarbe. En muchos de ellos se revive la  tradición del fuego, símbolo solar. Mientras la tierra duerme, el fuego calienta los hogares, purifica las almas, protege contra los maleficios y trae la bendición sobre las personas, los animales y las cosechas. 

Y en esta habitual mezcla del santoral cristiano con ancestrales rituales paganos, el primer santo piloso que inaugura el desfile es San Victorián (Beturián, por estos lares), patrono del barrio de Sant’Angel de Troncedo, y de las otras dos casas que se levantan bajo el castillo, Torrocella y Sastre. Aquí no hay tradición de celebrar esta fiesta con hogueras sino que, antiguamente, tal y como nos contaron Ramón Rami y Lourdes Castán en El Caixigar nº 1, se asistía a la Misa en la pequeña iglesia dedicada al santo, después se daba “la caridad” en la era de Viu y se comían las viandas que cada casa aportaba. Por la tarde se bailaba en la sala de Viu y después de cenar en la de Sastre.

La sangría humana que despobló estas tierras y lo intempestivo de la fecha contribuyó a que la fiesta se perdiera, hasta hace unos pocos años en los que la persistencia de algunos vecinos del barrio ha venido convocando a los más animosos que no tienen miedo al tiempo ni pereza para desplazarse hasta el lugar. Hay que decir que a ello contribuye  la bonanza meteorológica que disfrutamos en este pueblo que no sabemos si es debida al cambio climático o al santo benefactor, agradecido por el recuerdo, o a la conjunción de ambos.

Este año hemos sido más de una veintena los que nos hemos acercado al reparto de la caridad, no sin antes pasarnos a honrar al santo. En ausencia de cura católico que celebrara Misa hemos tenido como maestro de ceremonias a Ramón Rami que, de manera respetuosa con el sentir de cada uno, nos ha invitado a guardar un minuto de silencio en el que cada uno podía libremente rezar o elevar su pensamiento al recuerdo de los ausentes o los fines que deseara. Después de ello, hemos rendido el debido pagano tributo al dios Sol que resplandecía en el cielo y, en la era de Joaquín, hemos degustado la tradicional “caridad” que venía acompañada de otros deliciosos manjares, entre los que no faltaba vino D.O. Somontano, chocolate y bombones y el  poncho elaborado por Emilio de Casa Sarrat que desprendía un delicioso aroma a la miel de sus arnas.  De fondo, un altavoz con la música de la Ronda de Boltaña.





Si nos retrotrajéramos a la primera mitad del siglo pasado, la próxima cita no se haría esperar, este mismo viernes 17 de enero llega el siguiente barbudo, San Antón, y las celebraciones se multiplicarían. Además de la fiesta de Damas y Caballeros infantil, se sumarían las numerosas invitaciones de las casas en las que había algún Antonio (o Antonia), es decir, casi todas las del pueblo pues rara era la que no tenía uno por lo menos. Pero, dadas las circunstancias, nos conformaremos con seguir manteniendo esta tradición revivida, esperando que a la cita del año próximo no falte nadie y, si es posible, seamos muchos más.

Feliz año y a encarar con buen ánimo el frío que se nos viene encima porque si se cumple el refrán… "por San Antonio (17) hace un frío del demonio; por San Sebastián (20), un frío que no se puede aguantar, y por San Vicente (22), el sol toca los torrentes”





lunes, 19 de febrero de 2018

Y el Carnaval se escuchó por toda La Fueva



Un año más el Carnaval de La Fueva llenó de color, calor, alegría, creatividad ... e incluso ciertas dosis de sarcasmo y reivindicación nuestra querida plaza. Y quien dice plaza, dice el pueblo entero, desde la Portiella a la Planeta. 







Además de la animada charanga que siempre acompaña el tradicional evento, este año el ambiente festivo se vio enriquecido con la presencia de la batukada Sambarile de Zaragoza. Y por si fuera poco, a pesar de todas las predicciones en sentido contrario, la meteorología también se contagió de la alegría generalizada. 




Es tal el renombre que estamos alcanzando por estos lugares que cada vez hay más gente que se"pierde" por nuestro Carnaval.

Algunas lo prefieren al de Venecia






Hasta Wally se perdió por Troncedo

Por cierto, detrás de un abrigadico Wally se puede ver a un tal Diego de Marcilla que, dadas las distancias, no es extraño que llegara  a Teruel "a misas dichas" y pasara lo que tenía que pasar ...

martes, 13 de febrero de 2018

Carnaval'18 y cuestiones enigmáticas.

Un año más el Carnaval de La Fueva hace escala en Troncedo. Atentos a la hora (13:00) 

Muy buen momento para tomar un vermú ... ¡¡¡ de ALTURA !!



Y ahora unas preguntas enigmáticas ...

1. ¿Quién es Rosie the Riveter? 
2. ¿ Y qué tiene que ver con Troncedo y con el Carnaval de La Fueva?





Seguramente habréis visto miles de veces esta imagen de una mujer con pañuelo rojo y mono de trabajo, remangándose y mostrando músculos con un bocadillo que dice: We can do it!, y que a día de hoy es todo un icono del feminismo y del empoderamiento económico de la mujer, pero ¿ cual es su origen? 
Tenemos que remontarnos nada menos que a la Segunda Guerra Mundial, periodo durante el cual muchas mujeres remplazaron a hombres en sus puestos de trabajo en las fábricas, principalmente de la industria militar (aviones y armamento), para que éstos pudieran ir al frente. Hubo una campaña del gobierno de EEUU en la que se publicaron en prensa y otros medios muchas imágenes de mujeres trabajando en fábricas, con el fin de animar a más mujeres a trabajar en estos puestos.
La Rosie the Riveter que conocemos hoy, representa a todas las mujeres que durante la guerra trabajaban en las fábricas haciendo trabajos que hasta entonces habían sido realizados exclusivamente por hombres, y hoy en día a todas las mujeres trabajadoras. La mujer que aparece en el póster es en realidad una mezcla de muchas ‘Rosies’, nombre con el que se conocía a estas trabajadoras durante la guerra.
La primera vez que aparece el concepto ‘Rosie the Riveter’ fue en una canción escrita en 1943 en la que se hablaba se hablaba de una entregada trabajadora que ponía todo su esfuerzo para apoyar a su país durante la guerra. El nombre de la canción, ‘Rosie the Riveter’ (Rosie la remachadora), era el apodo de una mujer real llamada Rosie Bonavita, hija de inmigrantes italianos que trabajaba como remachadora en la división aérea de la General Motors en Nueva York.

¿Y quien es la Rosie del póster?
Rose (y su diminutivo Rosie) era un nombre muy común en aquella época (algo así como podrían ser aquí las María), pero curiosamente, la mujer que hizo de modelo para el famoso póster conocido Rosie the Riveter, no se llamaba Rosie, sino Geraldine Hoff Doyle, y tampoco era remachadora, sino prensadora. El póster fue creado por el artista J. Howard Miller en 1942, aunque se hizo verdaderamente famoso a principio de los 80s cuando el movimiento feminista norteamericano lo adoptó como un símbolo del feminismo y del empoderamiento de la mujer, símbolo que ha llegado hasta nuestros días.
De esta manera hemos respondido a la primera de las cuestiones planteadas. Para la segunda tendréis que acercaros el sábado a tomar ese vermú en Troncedo ...

ACTUALIZACIÓN 19/02/18


y es que ...





lunes, 5 de febrero de 2018

¿Sabemos lo que celebramos?

Hace ya dos años que dedicamos una entrada a la santa de este día, Águeda de Catania, en la que se expresaba cierta animadversión al simbolismo que hay detrás de su figura, no a la pobre niña, Agueda, Ágata o Gadea, si realmente llegó a existir allá en aquel lejano s. III y sufrir las vejaciones que contaron sus hagiógrafos.

Precisamente hoy, navegando por las aguas de Internet, hemos encontrado un artículo firmado por Carmen Romeo Pemán que lleva por título ¿Es Santa Águeda una santa feminista?, que complementa con mucho rigor la información citada anteriormente. Recomendamos vivamente entrar en el enlace y leerlo aunque no nos resistimos a copiar una buena parte del mismo:

(...) Con la llegada del cristianismo, las antiguas divinidades paganas se consagraron a las nuevas advocaciones religiosas, sobre todo a la Virgen y a los santos. En este tránsito de lo pagano a lo cristiano, santa Águeda fue una de las santas con mayor fortuna.
Patrona de las casadas. Como muchas de sus compañeras de altar, estuvo relacionada con las enfermedades de las mujeres. Por los rasgos de su biografía se convirtió en la protectora de las casadas, de las enfermedades de los pechos, de la lactancia y de los partos difíciles. El carácter de sanadora que se le atribuyó en el País Vasco la llevó a ser la patrona de las enfermeras.
Su papel era diferente al de su vecina santa Apolonia, patrona de las solteras y del dolor de muelas. Y compite con santa Bárbara en la protección contra los volcanes, los rayos y los incendios.
Abogada de la lactancia. Hasta mitad del siglo XX, las mujeres de clase alta dejaban la lactancia de sus hijos en los pechos de las nodrizas. Precisamente, para animarlas a que dieran de mamar, se crearon advocaciones de diosas y santas amamantando. Esta costumbre venía de lejos. En Egipto la diosa Isis daba de mamar a su hijo. En las catacumbas la Virgen amamantaba al Niño. En el Renacimiento y en el Barroco abundaron las Vírgenes de la Buena Leche. La Virgen fue un modelo, pero hubo santas que también favorecieron la lactancia. Sobre todo, santa Brígida, festejada el uno de febrero, y santa Águeda, el cinco. Se eligieron fechas cercanas para reforzar el mensaje.
Origen ancestral. Esta fiesta tiene muchos elementos de origen pre-cristiano. En España era frecuente mezclar los cultos celtas con los de importación romana. En la Edad Media, la Iglesia intentó suprimir las fiestas paganas. Pero, como era imposible desterrar unas costumbres muy arraigadas, las cristianizó y las llenó de un significado religioso. En santa Águeda confluyeron tradiciones matriarcales celtas con romanas. Es decir, en sus festejos hay elementos folklóricos más antiguos que la propia santa.
Y, por si fuera poco este sincretismo de elementos arcaicos, hoy andan revueltas santa Águeda, patrona de las casadas, y santa Apolonia, de las solteras. Esto es, andan mezcladas la fiesta de inversión de las casadas con la de iniciación de las solteras.
El mundo al revés. Estas celebraciones que ponían el mundo patas arriba eran necesarias para respetar y fortalecer el orden social. Consistían en dar el poder a los subordinados* un día al año, en permitirles que se desahogaran con expresiones satíricas y burlescas. Y debajo de la alegría desbordante, latía la condición tácita de que el resto del año volverían el orden y la subordinación.
En la Edad Media la Iglesia controló estas fiestas, las santificó y les adjudicó un patrón. En ese reparto, como acabamos de ver, a santa Águeda le correspondió la fiesta de las casadas. Para asegurar y reforzar el papel de superioridad de los varones, era importante que un día al año las mujeres desahogaran y anularan sus deseos de mando, de forma colectiva.
Para terminar. Al principio santa Águeda era solo patrona de las casadas. Cuando se vaciaron los pueblos y se perdió la fiesta de santa Apolonia, patrona de las solteras, santa Águeda se quedó con todas. Y esto no fue bueno para las mujeres. Desde entonces resulta más fácil controlarnos juntas. (...)
 * En las Lupercales romanas, fiestas dedicadas al fauno Luperco, los esclavos se disfrazaban imitando el atuendo de sus señores mientras éstos se disfrazaban de esclavos. Era el mundo al revés en el que predominaba la extravagancia, la licencia y la locura. Pero, como con las mujeres, sólo un día al año. Era la manera de garantizar que el status quo se mantendría imperturbable el resto de los días del año. Así que, si no habéis hecho caso y no habéis leído el artículo de Carmen Romeo, terminaremos éste, con la respuesta a su pregunta que ella da ya al principio: No, Santa Águeda no es feminista. Como ya se ha dicho, es precisamente la garante del mantenimiento del sistema patriarcal durante todo el año. Así que, quien  quiera celebrar la fiesta, que la celebre pero sabiendo lo que celebra. A mí que no me feliciten. Sobre todo por respeto a mis antepasadas, las que tuvieron que someterse al destino que el patriarcado, sustentado por  la Iglesia y la tradición les tenía diseñado desde la misma cuna.



lunes, 30 de octubre de 2017

Un fin de semana muy vivo

           
                      










 A pesar de estar en vísperas de días de muertos (o precisamente por ello) el último fin de semana ha estado repleto de vida en Troncedo. El sábado por la mañana un pequeño grupo de troncedanos  respondió al llamamiento de trabajos de limpieza y recuperación del camino del molino, en el que las lluvias y la nevada tardía de la pasada primavera habían causado un tremendo destrozo con la caída de árboles y derrumbe de grandes piedras en una pared. El resultado de una mañana de colaboración no puede ser más satisfactorio, a nivel de los mejores profesionales.





... y así es como ha quedado el camino. 



Por la tarde/noche, las calles del pueblo estuvieron muy animadas por la chiquillería que se ha apuntado, como no podía ser menos, a las nuevas tradiciones de Halloween que nos llegan del otro lado del Atlántico. Es cierto que quizás, como las fechas no se prestaban a puente, han fallado algunos de los fijos pero aún así, los que estábamos procuramos ambientar el pueblo para goce (y terror) de los más pequeños.

  


El domingo por la mañana, nos reunimos en la Asamblea anual de la Asociación Cultural Castillo de Troncedo en la que revisamos lo realizado en el año y los proyectos pendientes de continuidad así como la puesta en marcha de nuevas iniciativas. Por supuesto, los más mayores aprovecharon para renovar un año más el compromiso con las tradiciones autóctonas de Todos los Santos y nuestro pequeño cementerio lucía limpio y cuidado con flores frescas y velas dispuestas para su encendido en la noche de ánimas. Todo ello acompañado por una meteorología impropia de la fecha pero que nos ha permitido disfrutar una vez más de estos días y deleitarnos con los hermosos paisajes que nos rodean.