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jueves, 14 de diciembre de 2023

De tejas, libros, y contadores de historias: Severino Pallaruelo y Ramón Rami



“Cada teja de mi pueblo explica el mundo”. 
 Recordé una vez más este proverbio el pasado sábado 9 de diciembre en el primer encuentro del club de lectura.

 Severino Pallaruelo, nuestro sabio y amable invitado, nos explicaba cómo había pergeñado la redacción del libro en torno al cual nos habíamos convocado, Pirineos, tristes montes. Su afán se centraba en mostrar el alma de los montañeses, vecinos y coetáneos, a quienes había observado y escuchado y con los que había compartido vivencias desde su primera infancia. Y todo ello con la convicción de que no eran distintos de los habitantes de otros lares, que las penas, alegrías, deseos, ilusiones… también las miserias, no dejan de ser siempre las mismas en cualquier comunidad humana, por lejana y ajena que nos parezca.  Como, por ejemplo, el relato de ese solterón empedernido al que le faltaron cinco minutos para sacar a bailar a la moza que le ponía ojitos, los mismos cinco minutos o el pequeño empujón que nos ha faltado a todos alguna vez para llegar a hacer o decir algo que luego lamentaremos no haber hecho o dicho nunca.


L
a sesión resultó amena y entrañable. Severino tenía muchas cosas que contar, haciendo gala de la sensibilidad y profundidad con la que aborda la investigación sobre territorios y gentes que le son (le somos) tan próximos a su historia personal. A la vez el auditorio respondió como sabemos hacerlo en este pueblo, con mucho interés y aportando sus propias impresiones y experiencias. Y, como anécdota, destacar la sorpresa que manifestó el autor por la alta participación de lectores varones. Es harto conocido que la presencia femenina en los clubs de lectura generalmente es mayoritaria. Así que, enhorabuena, zagales, contamos con vosotros para la siguiente sesión. Pronto anunciaremos fecha y “deberes”.

...


Pero, en coherencia con lo anterior, no quiero dejar de decir algo. Escribo esta reseña a las pocas horas de recibir la noticia del fallecimiento de quien ha sido un gran amigo, un gran vecino y un maravilloso relator de lo que cuentan las tejas (losas) de nuestro pueblo, mi querido Ramón Rami Salinas. Han sido muchos años de confidencias, colaboración y difusión de las historias próximas, las que hemos dejado negro sobre blanco en los boletines de El Caixigar, las que nos hemos contado más íntimamente y las que, por desgracia, se han quedado por contar. Ramón tenía una memoria prodigiosa y un admirable interés por sacar a la luz sus recuerdos, rescatar personajes, tradiciones, anécdotas… de la vida del siglo XX en Troncedo. A veces, se preguntaba si, a pesar de su empeño, todo ello no acabaría cayendo irremisiblemente en el olvido. Yo siempre le dije lo mismo, dejar ese testimonio ha sido fundamental. Quién nos dice que, cuando ya no quede ningún testigo directo de esos modos de vida, no aparezca alguien interesado en conocerlos de primera mano y agradezca que él se hubiera tomado el trabajo de contarlo. Incluso que, todo ese material, pudiera llegar a servir de documentación para escribir un libro de relatos como los de Severino o una novela de época o una película…

En algún momento de la sesión del sábado, afloró la idea de que la  Historia no se circunscribe al relato de grandes hazañas o batallas, ni a las biografías de grandes personajes; si no cuenta las pequeñas historias de quienes la han soportado sobre sus espaldas no merece recibir tal nombre. Y para poder integrarlas en el verdadero relato histórico se necesitan muchas personas como Ramón, que tan generosamente nos han dado su tiempo y su voz para que no ocurra lo que él tanto temía, que llegue el olvido. Eso no pasará en Troncedo gracias a él, os invito a releer las numerosas páginas en las que nos ha contado la vida cotidiana de nuestros padres y abuelos, haciéndonos partícipes del alma de estos parajes que ahora no
s sirven de espacio de relax y encuentro. Cada vez que alguien pase una página, los recuerdos y el recuerdo de Ramón cobrarán nueva vida.

 Hasta siempre, amigo.

Ramón Rami Salinas





domingo, 9 de junio de 2019

De mares, montañas y playas inexistentes




...Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo,


en la ladera de un monte

más alto que el horizonte,

quiero tener buena vista.


Mi cuerpo será camino
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.


Cerca del mar, porque yo

nací en el Mediterráneo ...





Serrat nació en el Mediterráneo pero, si hubiera nacido en La Fueva, quizás hubiera elegido este emplazamiento para dar verde a los caixigos y amarillo a la genista. El agua nos queda lejos pero desde la partida de La Oliva en Troncedo divisamos al fondo del valle un mar de montañas entre las que destacan el macizo de Monte Perdido, la Peña Montañesa y Cotiella. 

En fin, que desde esta atalaya no nos importa tanto eso de no tener playa.

Y una vez evocada esta hermosa canción, nada mejor que escucharla. Si bien es cierto que en estos tiempos en lo que el viejo Mare Nostrum  se ha convertido en una cada vez más infranqueable barrera y fosa común de quienes ahogan en él sus cuerpos y sus ilusiones, hablar y cantar al Mediterráneo no puede obviar esa injusta realidad. Eso nos lo dejó patente el propio Serrat en esta versión en la que, junto con numerosos amigos y amigas, mostraba su solidaridad con los de la otra orilla.


jueves, 4 de abril de 2019

¡A por el número 16!

Recién iniciada la distribución del caixigo extraordinario y monográfico  que os anunciábamos hace unos días, nos ponemos de nuevo en marcha para organizar las imágenes y documentos que hemos ido recopilando y que conformarán el próximo boletín ordinario de  nuestra publicación anual. Será ya el decimoséptimo ejemplar de este bosque de papel y sentimientos que estamos levantando  entre todos desde junio de 2003 que es cuando apareció el número 0.

Por esta razón damos aviso a todas las personas que quieran participar en la revista El Caixigar aportando testimonios, reflexiones, noticias, fotografías... que tengan relación directa o indirecta con Troncedo. Aunque siempre la temática se vincula al pueblo y al territorio no es obligatorio circunscribirse estrictamente al mismo, no olvidemos que desde lo local podemos abarcar lo global o, como dice el proverbio, "Cada teja de mi pueblo explica el mundo" .

Todavía estáis a tiempo pero no os descuidéis, a finales de  abril se acaba el plazo. 

domingo, 10 de febrero de 2019

El olvido es la falsificación del pasado

Hace unos días Carles Francino y Elvira Lindo entrevistaban en el programa La Ventana de la Cadena SER  a Mercedes Hernández, Presidenta de la Asociación de Mujeres de Guatemala, que relataba cómo en su país han realizado una importante tarea de denuncia de las atrocidades de la dictadura y de dignificación de las víctimas. Reflexionando sobre las trabas que en España se han puesto y se siguen poniendo a la recuperación de la Memoria Histórica dejó una frase que me impactó: "El olvido es la falsificación del pasado". Creo que puedo asegurar que todos los que colaboramos y los que reciben  con agrado los ejemplares de nuestros boletines anuales (los caixigos que van formando un gran Caixigar de papel) podríamos suscribir esta afirmación. No queremos y no podemos olvidar  porque sólo sobre  la presencia del pasado en nuestra vida podremos sustentar un  futuro mejor. Al fin y al cabo cada generación  es un eslabón imprescindible para conformar  la cadena de la Historia.

 En esta línea de recuperación de la memoria, hace tiempo que me rondaba la idea de recoger algunos episodios de  la década de los cuarenta del pasado siglo, cuando a las penurias propias de la posguerra y la dictadura imperante (miseria, racionamiento, represión, falta de libertades...) se sumó por estos lares la presencia intimidatoria de grupos de guerrilleros antifranquistas (maquis). Ha sido una ardua tarea porque el impacto de aquella tormenta (palabra tomada en préstamo de las referencias literarias) en el espíritu de los testigos fue tan profundo que todavía hoy cuesta recabar testimonios. La mayoría de los que lo vivieron directamente ya se nos han marchado y los que aún quedan vivos eran muy jóvenes, prácticamente niños, pero siguen llevando marcadas en su espíritu las consignas de silencio, dolor, miedo o incluso, vergüenza para hablar.  A pesar de todo, con la colaboración de unos pocos se han podido recoger pequeños episodios, casi anecdóticos  a los que  dar cierta coherencia en el contexto histórico español y mundial, con la pretensión de condensar la información en un artículo para un próximo número de la revista El Caixigar.

Sin embargo esa pretendida "condensación" abarca tal número de páginas que se ha erigido en un único y  monográfico número de la revista que próximamente estará a disposición de las personas interesadas. Y digo esto último porque esta vez no se va a distribuir gratuitamente entre los socios de la Asociación Cultural Castillo de Troncedo como en otras ocasiones. Dado el  carácter extraordinario de esta edición y su no inclusión en los presupuestos anuales la distribución se realizará a demanda. Eso sí, con un precio especial para los socios y socias. 

Sin haberlo pretendido inicialmente, la aparición de este número extraordinario coincide con el 80º aniversario del exilio español. Por ello es una satisfacción pensar que  aunque sea con un sencillo y humilde documento local, también desde Troncedo contribuyamos al programa de actos de recuerdo y homenaje.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Los gurriones del Memorial de Torrero






El viernes ocho de junio de 2018 tuve la oportunidad de realizar una interesante y estremecedora visita por algunos lugares de nuestra memoria recuperada. Con la magnífica guía de Pilar Amador, profesora de Historia jubilada, y organizado por la Universidad Popular de Zaragoza el recorrido se desarrolló entre la cárcel de Torrero  y el cementerio del mismo nombre. El relato de  las múltiples vilezas que se sucedieron en estos escenarios desde aquel lejano viernes del 17 de julio de 1936  es tan necesario  como “voluntariamente” ignorado por las familias de las víctimas y perversamente ocultado por los verdugos, afirmaciones que dan para un tratado extenso pero en este artículo lo que quiero destacar es un detalle minúsculo de todo lo aprendido en la jornada. Se trata del grupo de pequeños pajaritos (gorriones) que se asoman al lugar donde concluyó la visita,  las aberturas en el cubo central del Memorial a las víctimas de la violencia franquista que el Ayuntamiento de Zaragoza erigió en su día en el antiguo aparcamiento del cementerio de Torrero, frente a las instalaciones del tanatorio.

El monumento se levanta muy cerca de la tapia donde fueron ejecutadas la mayoría de las 3.543 víctimas de la represión política entre 1936 y 1946, un listado que incluye personas de edades que van desde 13 a 78 años, la mayoría de la capital aragonesa, aunque las hay de otros 348 municipios. Es importante reseñar que su elevación contó con el  acuerdo unánime de todos los grupos políticos en sesión municipal de fecha 25 de septiembre de 2009 y que el Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, y sus colaboradoras Angela Cenarro, Julita Cifuentes, Mª Pilar Maluenda y Mª Pilar Salomón  se encargaron de realizar un exhaustivo estudio para establecer la identidad y circunstancias de los represaliados. La obra se compone de 3.543 placas de acero galvanizado, una por cada una de las víctimas recuperadas con indicación de su nombre  (aunque 607 no han sido identificadas) que se ordenan alfabéticamente según el día, mes y año de fusilamiento, formando una espiral de 500 metros. La información procede de los libros de defunciones del registro civil, del propio registro del cementerio, de los expedientes de inscripción del Juzgado y de los archivos militares. Las anotaciones del fraile Gumersindo de Estella, capellán de la prisión y testigo de las ejecuciones, fueron de extraordinaria ayuda para el recuento elaborado. Pilar Amador, nuestra guía para la ocasión, destacó el importante testimonio de este sacerdote, encargado de confesar a los reos de muerte y que, horrorizado por los horrores  que tuvo que presenciar (valga más que nunca la redundancia), optó por llevar un diario con los detalles de las macabras madrugadas hasta que no pudo resistir más y pidió traslado. En opinión de esta historiadora, su papel es comparable al de Goya en  los Desastres de la Guerra, ambos fueron testigos presenciales nos recuerdan que “eso fue así, yo lo vi, no me lo han contado”. (Los diarios de Gumersindo de Estella así como el estudio de la Universidad están publicados por Mira Editores y se pueden conseguir fácilmente en el mercado).
El diseño del motivo ornamental del Memorial fue obra del equipo de arquitectos de Fernando Bayo y del escultor Miguel Angel Arrudi, que construyeron en el centro una estructura cúbica de chapa, de 4 metros y medio de alto . Este cubo supone el punto de partida de la espiral formada por las chapas metálicas que recuerdan a las víctimas y en él se puede leer la inscripción: "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros", versos de un poema de Luis Cernuda. Según el escultor, el cubo "está pintado de color rojo porque simboliza la sangre, el sufrimiento y la pasión de todos los que representa este singular memorial".


La escultura, a su vez, aloja en diversos huecos y planos ( las ventanas a la libertad) una serie de gorriones de bronce a tamaño natural. Es precisamente este motivo el que me ha llevado a invitar a todos los lectores de El Gurrión a este doloroso paseo por nuestra memoria histórica. Los gorriones que se posan en los huecos del monumento fueron elegidos  como símbolo de la pequeñez y fragilidad de aquellas pobres víctimas que se vieron aplastadas por las botas militares y el fuego  de los fusiles. A su vez y, según el propio Arrudi, el conjunto crea una “sensación plástica y paisajista de gran impacto, la espiral transmite la violencia y la brutalidad de los hechos que se conmemoran”.
Entre los pasillos de la espiral que forman las interminables chapas crecen arbustos aromáticos: aliaga, enebro, romero, tomillo, lavanda, salvia, orégano, menta,... que en el momento de nuestra visita necesitaban urgentemente una poda y limpieza pues a causa de las abundantes aguas de la reciente primavera se habían extendido salvajemente. El monumento se consideró único  pues  “en él  las víctimas republicanas aparecen identificadas de forma individual por primera vez" según manifestó el Consejero de Urbanismo e Infraestructuras de la corporación municipal el día de su inauguración, el 27 de octubre de 2010. Añadió también que "no hay ningún ánimo revanchista en el Memorial y se realizó tras el acuerdo unánime de todos los grupos pues se trataba de reconocer la deuda moral que tenía la ciudad con las víctimas". Ese día fue una fecha de inmensa emoción para todos los asistentes, entre los que se contaba el entonces alcalde de Zaragoza, Juan Antonio Belloch, el presidente de Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, el de la Diputación Provincial, Javier Lambán, los alcaldes de algunas de las localidades de procedencia de las víctimas así como innumerables vecinos y familiares de los fallecidos. También asistió al acto Joan Manuel Serrat cuya madre,  como todos sabréis, procedía de Belchite.  La familia fue masacrada y ella, que era una niña,  la única superviviente que consiguió huir a pie, siguiendo las vías del tren y pudo llegar  a Barcelona donde se instaló.
Joan Manuel Serrat en la inauguración del Memorial

Termino esta breve mirada al pasado con unos tristes versos extraídos del "Díptico español", de LuisCernuda
 

La vida siempre obtiene
revancha contra quienes la negaron:
la historia de mi tierra fue actuada
por enemigos enconados de la vida.
El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,
sino de siempre. Por eso es hoy
la existencia española, llegada al paroxismo,
estúpida y cruel como su fiesta de los toros.

Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo
en creer que la razón de soberbia adolece
y ante el cual se grita impune:
muera la inteligencia, predestinado estaba
a acabar adorando las cadenas
y que ese culto obsceno le trajese
adonde hoy le vemos: en cadenas,
sin alegría, libertad ni pensamiento.

Si yo soy español, lo soy
a la manera de aquellos que no pueden
ser otra cosa: y entre todas las cargas
que, al nacer yo, el destino pusiera
sobre mí, ha sido ésa la más dura.
No he cambiado de tierra,
porque no es posible a quien su lengua une,
hasta la muerte, al menester de poesía.



Fuentes:

- FRANCO, Marta: "Cientos de personas homenajean a las víctimas del franquismo", El Periódico de Aragón, 28 de octubre de 2010


(Artículo  de Pilar Ciutad publicado en la revista El Gurrión, nº 153 (noviembre 2018)

La revista El Gurrión puede descargarse digitalmente en este enlace

miércoles, 12 de octubre de 2016

A vueltas con el doce de octubre y con el mundo

Si levantas una piedra de una pequeña aldea podrás escuchar los latidos del universo.


Esta es exactamente la literalidad del proverbio que andaba yo buscando desde  el origen de este blog. Yo lo había cambiado un poco y había sustituido lo de piedra por teja (por estos lares las tejas son losas de piedra) pero el fondo creo que lo había "pillado" en su momento. Hoy he recuperado la cita de la fuente de la que la obtuve por vez primera, nuestro buen amigo conocedor del Pirineo y, por ende, del mundo Enrique Satué. La citaba a colación del recuerdo de su abuelo en la fecha del 12 de octubre. No me resisto a transcribirlo:


MI ABUELO DOMINGO Y EL DOCE DE OCTUBRE
Por mañana, doce de octubre y día del Pilar, las buenas gentes de Ainielle celebraban su fiesta mayor –“Dichoso lugar d´Ainielle, que celebra a fiesta en o tiempo d´a nieve”, decía un romance popular–.
Mi abuelo se llamaba Domingo, era de Ainielle, y fue llevado a la guerra de Cuba para defender, entre otras cosas, los intereses de la burguesía catalana que controlaba la fabricación del azúcar en la isla.
Afortunadamente, mi abuelo regresó de la guerra, se casó, tuvo hijos, y todas las chicas marcharon a servir a Barcelona. Algunos de sus nietos viven alrededor del mundo editorial.

Hoy leo que algunas entidades catalanas desean obviar, por unos motivos u otros, el doce de octubre, pero el hecho es que buena parte del libro editado en Cataluña se vende en Iberoamérica gracias a la “Hispanidad”.
Simón es un zapatero ecuatoriano de mi barrio al que cuento estas cosas mientras él me muestra su perplejidad, porque los dos vemos en el doce de octubre no una desgracia sino una OPORTUNIDAD.
Mañana, como otros años, subiré a Ainielle, y le diré a mi abuelo: “Yayo, con la Historia pasa como con los trajes, que a todos nos gusta encargarlo a la medida”.
“Dichoso lugar d´Ainielle, que celebra a fiesta en o tiempo d´a nieve”.


miércoles, 27 de abril de 2016

Graus, un pueblo de cine

"Los de Graus, guardaus", era una frase que escuché múltiples veces en mi niñez. Siempre era cuando mamá quería señalar las diferencias de carácter y forma de actuar entre ella y mi padre. Sin embargo no acabé de entender muy bien el significado hasta años más tarde. Mi interpretación es que la frase resume con cierta sorna la mirada que los aldeanos  de los núcleos próximos a la capital de la comarca (Graus), posaban sobre los grausinos. Estos eran los dueños de comercios, negocios y servicios a los que indefectiblemente debían acudir en innumerables ocasiones y también eran los señores a cuyas casas muchas zagalas como ella iban a "servir". Como en en la vida misma, como en todo el mundo, el de ayer y el de hoy, estas gentes acomodadas se comportaban con un cierto engreimiento que pretendía soslayar que la prosperidad de la que disfrutaban ellos, los  "ricos", se sustentaba en la existencia y el trabajo de los "pobres". Los de Graus  se las daban de refinados de tal manera que hasta hablaban una variante del aragonés diferente de la de Troncedo, por ejemplo, considerada esta última como  un habla "pueblerina".  Estas diferencias sociales quedan también reflejadas con detalle en la película Cosetas d'adentro que Lola Gracia nos presentó en Troncedo en la jornada cultural de hace tres años.

Espero que entendáis que estas consideraciones son tan generalizadas como injustas, ni todos los "pueblerinos" eran pobres ni todos los grausinos, "ricos". Yo,  por mucho que presuma de troncedana, nací en Graus y  toda mi rama paterna es grausina, de familia trabajadora. Y me siento muy orgullosa de estas raíces. De lo que no cabe duda es de que la villa daba y sigue dando argumentos a sus habitantes para sentirse privilegiados, tanto por  la belleza del entorno natural como por (ahora sí, totalmente en serio y con rigor) la calidad humana de sus gentes y  la riqueza del patrimonio cultural que la adorna; entre otras, su Plaza Mayor, de la que hemos hablado en otras ocasiones y que, desde que se levantara, allá por el s.XVI, no ha dejado de sorprender a los visitantes que se han acercado. 





En los últimos años, esta entrañable plaza que ha sido testigo de tantas vidas y episodios no deja de ser noticia en los medios nacionales. Concursos, spots publicitarios ... y ahora, desde hoy mismo, escenario de la próxima película del director zaragozano Nacho Garcia Velilla. nombre que garantiza por sí mismo el éxito.  Vamos, que mis corresponsales destacados en el lugar me cuentan que Graus es un hervidero de gente del cine  y caras famosas a las que pedir un selfie. 


¡Qué ganas de ver la peli!

...Acción!

domingo, 26 de julio de 2015

Claudio Martí, ciudadano del mundo





Claude Martí, Claudi Martí en occitano o Claudio como le llamamos por estas tierras cantó el pasado jueves 23 de julio en el Festival Castillo de Aínsa. Fue un empeño personal de Paco Aparicio (Titiriteros de Binéfar) conseguir su presencia en este marco al que acudió acompañado por dos buenos amigos y músicos, Pierre Peyras al bajo y Gérard Pansanel a la guitarra, ambos miembros de la Orquesta Nacional Francesa de Jazz. Un recital magnífico y  entrañable en el que Claudio fue desgranando sus propias composiciones con las de otros autores franceses y al que también incorporó algunas canciones guerrilleras (Bella Ciao, Comandante Che Guevara …); entremezclando sus “tres lenguas maternas”, español, occitano y francés. Especialmente emotivo fue el momentos en el que entonó Entre el Cinca  y el Ésera (himno oficioso de La Fueva, la tierra de sus abuelos) y la Calle Alta, en la que describe el ambiente de aquel barrio de Las pequeñas Españas* de su Carcasonne natal en el que creció rodeado de españoles (leoneses, catalanes, aragoneses …)  que le transmitieron las palabras, las canciones de su tierra y también sus ideales revolucionarios.



Claudio aprendió a cantar y a tocar la guitarra con sus vecinos de aquel barrio, concretamente con los más antiguos habitantes del lugar, los gitanos, y de manera autodidacta fue evolucionando hasta convertirse en un  cantautor destacado del Languedoc francés. Las primeras canciones que popularizó  fueron cantadas  en occitano, lengua que reivindica como un patrimonio cultural a consolidar y difundir, pero también ha cantado y escrito en español y en francés porque, como él dice, las lenguas no deben servir para diferenciar y  levantar barreras sino más bien para derribar fronteras y favorecer el internacionalismo. Habla con conocimiento de causa, este hombre cuyos abuelos emigraron desde la casa Noguero de Pallaruelo de Monclús (para quien no lo sepa, pueblo deshabitado del Sobrarbe) a Francia en busca de una vida mejor, que ha crecido en Carcasonne rodeado de españoles y españolas exiliados tras la victoria franquista, maestro en Marruecos y Cuba en misiones de cooperación del Estado francés, casado con una italiana y que ahora tiene una nuera húngara.  Este espíritu abierto no está reñido o, más bien, viene apoyado por la búsqueda de sus raíces, lo que le trajo ya hace tiempo por estas tierras tras el rastro de aquellos abuelos emigrantes. Encontró solo las ruinas de la casa familiar pero también contactó con la familia que le quedaba en Troncedo, Antonio Garcés Sallán de Casa Jornalero resultó ser hijo de una prima de la abuela. Además entabló amistad con casa Mariñosa y, después, con Luis Araguás de Buetas. 

Precisamente, a través de la amistad con Luis Araguás que ejercía de maestro en Tierrantona se organizaron durante varios años unos intercambios entre los alumnos y familias de la escuela de Couffulens de la que Claudio era maestro y otras familias de La Fueva. Unas relaciones que dieron lugar a buenas amistades que todavía se conservan muy vivas como pudimos comprobar con el grupo de amigos que se reunieron el viernes siguiente al concierto para cenar en compañía de Claude. Para más información sobre la relación de Claudio con Troncedo añadimos que  también Quino de Mariñosa, José Mari de Baile y José de Solanilla disfrutaron de una estancia en Couffulens, en casa de Claudio.

Por cierto, que Claudio está deseando venir a cantar a Troncedo en cuanto se lo propongamos.

*Les petites Espagnes es el título de una novela de Claudio publicada en 1984

martes, 3 de febrero de 2015

Olor de santidad y alienación

Señorita, ¿tú vas mucho a Misa, verdad? Eso me preguntaba hace algunos años una chavalilla. Sin duda se había forjado cierta imagen beata de mi persona quizás por mis frecuentes referencias al santoral así como a las citas evangélicas, consecuencia de una educación sesentera en colegio de monjas y de los calendarios de aquellos tiempos en los que se recordaba ineludiblemente el santo del día, además, por supuesto, de las tradiciones y costumbres de mi entorno familiar y social.

 Quizás también si alguien se fija en los variados artículos de este blog dedicados a santos y festividades religiosas puede crearse la misma falsa imagen de mis devociones particulares. Sin embargo, si las lee con atención, no tardará en descubrir que, las más de las veces, detrás del santo o celebración, me esfuerzo en hacer referencia a los vínculos de dichas fiestas con anteriores tradiciones hundidas en la noche de los tiempos y fuertemente vinculadas con los ciclos de la naturaleza. Es el caso, por poner un ejemplo, de las recientes fiestas de los santos barbudos, celebrados generalmente prendiendo grandiosas hogueras que con luz y calor conjuran la oscuridad y el rigor invernales. Pero, mire Vd. que, entre barba y barba, la Santa Madre Iglesia se empeñó en su día en colarnos una intrusa.  Y que conste que no tengo nada en contra de la pobre Agueda de Catania, una víctima más de lo que en estos tiempos hubiéramos calificado sin duda como violencia de género, y que la hagiografía ha revestido de martirio y olor  a santidad. Mi rechazo es hacia el hecho de que se hiciera de ella “patrona de las mujeres”, símbolo y estandarte precisamente del sometimiento al que se las ha condenado secularmente en las sociedades cristianas y patriarcales de este país. Consagrando con la celebración de  “el día en el que mandaban las mujeres” la persistencia de los 364 días restantes del año en los que  se las recluía en el servilismo y la alienación.

Como dicen, con más gracia y más ritmo, los de la Ronda de Boltaña: 

¡Echa la cuenta, zagala, echa la cuenta 
de a cuanto sale el pizco que hoy te dejarán dar!: 
Trescientos sesenta y cuatro días 
serán otros los que pizcarán. 


domingo, 28 de diciembre de 2014

Planta tu árbol en el nuevo año


Aunque cada día  sale el sol y nos invita a vivir con plenitud lo que es el comienzo del resto de nuestra vida, también es cierto que los humanos estamos ligados a las cifras. Marcamos cada jornada con un número en el calendario; celebramos fechas determinadas; medimos el tiempo sexagesimalmente;  contamos los años que cumplimos; los días que nos faltan para determinados acontecimientos; los que nos corresponden de vacaciones ...; sumamos, restamos, multiplicamos y también dividimos cantidades para multitud de gestiones vitales; hasta recontamos los glóbulos rojos y los blancos que corren por nuestras venas... por eso no es de extrañar que el comienzo de un nuevo año, con el cambio de cifras que conlleva, nos motive para trazar  propósitos y proyectos. 

Y aprovechando la fecha yo también, como decía Luther King, estoy dispuesta a plantar mi arbolito y a llevar una carrasqueta procedente de bellotas recogidas en Troncedo a territorios lejanos si hace falta. 

Aunque los mensajes apocalípticos nos abrumen, no podemos dejar de plantar árboles y de vivir con la esperanza de  luchar por un  futuro mejor y más justo. A pesar  de individuos desalmados que asesinan niños, secuestran y amordazan niñas, masacran poblaciones civiles, ejecutan sin contemplaciones a otros seres humanos, se corrompen y roban los bienes públicos para su enriquecimiento, pisotean las riquezas naturales del planeta  ...

Vaya pues el deseo de un

 FELIZ AÑO 2015
 repleto de proyectos y esperanza.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Mejora de la calidad educativa en los pueblos. La escuela de Tierrantona



Un nuevo curso se inicia. Son tiempos difíciles para la escuela pública;  los recortes presupuestarios del Gobierno actual están deteriorando algunos servicios que afectan directamente a los derechos fundamentales de la ciudadanía.

La escuela de Tierrantona se ha quedado pequeña, casi parece ciencia-ficción para los que conocemos este territorio o país como nos gusta decir por aquí. Y la comunidad escolar de La Fueva reclama unos espacios  y recursos a la altura que se merecen. Y lo mejor es lo que se merecen las escuelas rurales. Sin embargo es evidente que los redactores de la Ley Orgánica 8/2013 de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE, conocida también como Ley Wert) que empieza a aplicarse en este curso escolar y que tantas veces apela a la calidad, el esfuerzo, la exigencia ...de docentes y discentes así como también a la libertad de elección de centro para los padres y madres, no debían pensar mucho en las escuelas de pueblo, en las de esos lugares en los que es la única escuela. No hace falta abundar en  las razones por las que  la escuela privada no ofrece sus "bondades" en estas localidades. Lo que sí que hace falta  es que las escuelas de los pueblos, la de Tierrantona entre ellas, dispongan de las mejores condiciones y los mejores recursos humanos, tecnológicos y didácticos en general. Por derecho y por justicia.
 
Lamentablemente desde Troncedo, no aportamos (de momento) ningún escolar a la matrícula de Tierrantona pero sí que nos solidarizamos totalmente con sus reivindicaciones.

martes, 22 de julio de 2014

La maestra de Olsón


No hemos inventado nada. Sólo hemos movido los muebles, incorporando algún nuevo artilugio. Lo digo porque antes eran el patio de vecinas y la barra del bar (lo siento, los roles estaban muy definidos. En eso  sí que hemos cambiado un poquico) los lugares de intercambio de  información y divulgación de noticias y rumores. Ahora nos seguimos asomando a la ventana y escuchamos lo que la vecina nos cuenta. En esta ocasión, la vecina no está muy lejos, la hemos encontrado en el blog de Jesús Cardiel, facebook de Torre de Mediano mediante, que es quien nos ha dado la primicia, y   hemos conocido un delicioso relato que rescata la memoria de una maestra que estuvo en Olsón a mediados del siglo XX, en dos cursos, comenzando el año 1949.
Independientemente de que las actividades que nos cuenta, vistas con los ojos de hoy, puedan resultarnos chocantes a la vez que envueltas en un candor que roza lo naïf, son reflejo de lo que eran aquellos tiempos y el escrito tiene para Olsón un interés histórico de primera magnitud, aunque yo diría que también para todos los pueblos de la redolada, pues según pudimos escuchar hace unos años, cuando dedicamos nuestra jornada cultural a los maestros, las experiencias y el shock cultural de las jóvenes maestras procedentes de la ciudad que se estrenaban en estos pueblos del Sobrarbe eran más o menos similares para todas. Por eso me ha parecido oportuno repetir aquí el escrito de Dª Teresa Sanmartí, maestra de Olsón, un pequeño homenaje a esas mujeres que, a pesar de los condicionantes sociales y culturales de la época, desempeñaron su empresa con dedicación y entusiasmo y, además, de una u otra manera, con su sola presencia ofrecieron a las niñas de estas pequeñas aldeas ancladas en costumbres ancestrales, modelos de mujer independiente y profesional que les abriría a otras expectativas de vida. 


OLSÓN (HUESCA)
LA ESCUELA COMO CENTRO ESPIRITUAL DE SUS HABITANTES
Escuela Mixta – dos cursos.
POR TERESA SANMARTÍ

Olsón es un pueblecito situado en la provincia de Huesca, partido judicial de Boltaña, a dos horas de la carretera de Barbastro a Boltaña, con caminos vecinales que en algunas ocasiones están borrados y convertidos en senderos o caminos de cabras.Vivían en el pueblo, por aquel entonces, año 1949, unos 50 o 60 habitantes, repartidos en 10 o 12 casas que, aunque diseminadas estaban agrupadas formando 5 o 6 barrios.
Recuerdo perfectamente mi primer viaje y la enorme ilusión con que me dirigí a mi destino. Salí a las ocho de la mañana de Barcelona en el tren de Correo. Llegué a Barbastro a las cinco o las seis de la tarde. Pernocté allí y al día siguiente, de buena mañana, con el coche de línea que se dirigía a Jaca, me apeé en el Mesón de Ligüerri. Dos caballerías me esperaban: un burrito gris y trotón (a lo Platero) para mí y otro más concienzudo para el equipaje. Después de dos horas de andar monótono y cansino, llegué al pueblo.
No había por aquel entonces comodidad alguna en el pueblo; además de no tener carretera, carecía también de luz y agua, dos cosas tan importantes que parece que no podamos vivir sin ellas.En invierno, a las cinco, era ya de noche. ¡Cuán largas eran las noches invernales! Cuando oscurecía, a la luz del candil no se podía trabajar, ni leer ni escribir, me sentaba al lado del fuego, un fuego enorme que desprendía también gran cantidad de humo y me distraía tocando tonadillas con la armónica. Muy pronto, y casi a oscuras, a la simplísima luz del candil, iba a dormir. Como hacía mucho frío había muchas mantas en la cama, pero las mantas, así como las sábanas, eran tejidas e hiladas por las mujeres de allí, pesaban mucho, tanto que a las seis de la mañana no podía dormir de tan cansada. Al percibir el primer rumor en la cocina me levantaba y … ¡A escribir cartas, a ponerme en contacto con mi mundo! …
A pesar de todos los inconvenientes que representaba para mí la falta de carretera, luz y agua, me incorporé a mi tarea con gran ilusión. Quizás precisamente por ser un cambio tan brusco en mi vida, lo acepté con alegría y con deseos enormes de hacer, hacer y hacer y………… realmente hice. Los moradores se prestaban a ello. Eran gentes sencillísimas, buenas, limpias; con esa limpieza de su manera de ser, limpieza en la que no hay sombra de bajeza ni doblez. Todo lo relacionado con sus vidas y costumbres me chocaba: iban a lavar al río, transportaban el agua con cuatro cántaros por caballería, amasaban el pan cada quince días (a mí, como me gustaba tierno, los que amasaban me regalaban uno pequeñito, para mi consumo diario)
Estaba la escuela en una plazuela. El aspecto exterior del edificio era deprimente. No obstante la sala dedicada a escuela, a clase, era amplia, llena de ventanas grades en las cuatro paredes. Todo el material se componía de cuatro mesas cuadradas capaces para 32 alumnos y una estufa en el centro de la clase.La matrícula la integraban 10 o 12 alumnos entre niños y niñas, cuyas edades oscilaban entre los 6 y los 12 años. Todos ellos buenos y cariñosos, serviciales e inocentes, acostumbrados a la vida dura y de sacrificio. Todos ellos contentos y satisfechos con su joven Maestra.
Fue nuestro primer afán el de embellecer la escuela: blanqueamos las paredes y pintamos las mesas, llenamos de flores las ventanas y colocamos macetas en el centro de las mesas y algunos frisos hechos por los mismos niños y colocados con gracia dieron una nota simpática y agradable a nuestra escuelita. Y ya entonces………. ¡A trabajar! Todos deseaban hacerlo, pero los niños tenían demasiadas ocupaciones: ayudaban en las tareas del campo, llevaban la comida a sus padres, apacentaban a los corderitos pequeños que no iban aún con el pastor, precisamente por ser muy pequeños. Pero yo me amoldé a ellos.
Todas las mañanas, antes de venir a la escuela, los pequeños habían llevado ya el almuerzo a sus padres, sacando luego a la plazuela, cada uno de ellos, los animalitos (ovejas y cabras) que debían ir a pacer. Un pastor, contratado por todos los habitantes del pueblo, recogía las ovejitas de todas las casas, que le entregaban los niños, y se iba al campo donde permanecía todo el día, hasta el anochecer, momento en que volvían de nuevo los pequeños a recoger cada cual sus ovejas. Luego, después de haber entregado las ovejas al pastor, podían asistir a la escuela. No obstante, cuando era tiempo de trabajo fuerte, los mayorcitos no asistían; pasaban todo el día entre los quehaceres del campo. Por este motivo, y a causa de los poquísimos alumnos, la enseñanza se daba casi de manera individual, con adaptación completa y total de la Maestra a las necesidades de la escuela y alumnos.
Pronto todo el pueblo se interesó por la escuela y por lo que allí se realizaba, pronto sintieron todos curiosidad por averiguar la causa de la alegría y felicidad que reinaba en ella y se estableció una corriente de simpatía entre pueblo, escuela y Maestra. Fue la Escuela no como un canal por donde pasaban y discurrían las enseñanzas, orientaciones y formación, sino más bien como una concha desbordante que quedándose llena podía dar y daba a los demás.
Y ya desde entonces celebramos y conmemoramos en común, escuela y pueblo, pueblo y escuela, los momentos más solemnes del año: Mes de Mayo, Primera Comunión, Cuaresma y Semana Santa y, finalmente, la “Ronda” de los niños, en honor de los mayores y la cooperación de todos para el bien de la escuela.  Organizamos varias veladas recreativas, montamos un escenario en la misma escuela (era lo suficientemente amplia) con cuévanos, tablones, sábanas y cubrecamas, y en él mostraron los niños al pueblo todas sus actividades: cantos rítmicos de Llongueras, escenificaciones de poesías y la representación del coro, bastante afinado, con que contaba la escuela…
La iglesia estaba situada en un montículo desde el cual se divisaban los distintos “barrios” que integraban el pueblecito, a pesar de estar lejos y escondidos. Junto a ella estaba el pequeño cementerio que apenas se abría; tenía unas hierbas tan enormes que impresionaban.El sacerdote encargado de aquella parroquia tenía a su cuidado 20 pueblos, por cuyo motivo solamente podíamos oír Misa cada 4 o 5 domingos. Cada domingo repartía el horario de las Misas de manera distinta, a fin de que no siempre tocase madrugar a los mismos, por cuyo motivo cada uno de estos cinco domingos la Misa la celebraba a las 5 de la mañana. Naturalmente, en invierno aún era noche oscura y se necesitaba una fe muy grande y muy buena voluntad para no dejar de asistir a ella.
Pedí al sacerdote dejase al Señor entre nosotros, a fin de poder tener compañía y consuelo en el pueblo (el Sagrario permanecía vacío) Me comprometí a no dejar nunca apagar la luz de la lámpara y a llevar a pequeños y mayores a visitar al Santísimo y así quedó el Señor entre nosotros durante el tiempo de mi presencia. El pueblo se alegró con este acontecimiento y andaba siempre con deseos de llevar el aceite para la lámpara.Había en el altar escasas velas cuando teníamos Misa, por cuyo motivo, los niños y yo, con la cera virgen (allí había mucha miel) derretida al sol y trabajada, fabricábamos las velas para la iglesia. Las velas eran completamente amarillas como la cera y con un intenso olor a miel, pero era lo único que teníamos.
Durante el mes de mayo, un domingo, de buena mañana, de madrugada, los mozos iban a cantar por las puertas de las casa, “la despierta”, cantos que previamente habían ensayado conmigo, para rezar, poco después, el Rosario de la Aurora, recorriendo los distintos “barrios” y caseríos del pueblo. Confeccionamos farolillos de vistosos colores y un pendón hecho provisionalmente con la estampa de la Virgen de la escuela. Como siempre y a todos los actos que organizaba, acudió todo el pueblo. Las puertas de las casas permanecían cerradas hasta nuestro regreso. Mientras tanto, el pueblo entero se llenaba de cantos y gozos, con la sensación especial que dan las cosas nuevas que se hacen con ilusión.
NAVIDAD. Las fiestas de Navidad procuré ambientarlas ya desde días anteriores. Fui preparando primero a mis niños para que ellos transmitieses sus ansias a los mayores y realmente lo hicieron bien, muy bien. Nunca habían visto ningún Belén. Pedí las figurillas de mi casa y monté un espléndido Belén, y digo espléndido porque no faltó musgo ni montañas (lo más difícil de encontrar en la ciudad). Fue como la plasmación del mismo pueblo sobre una mesita. Los niños estaban encantados y los mayores, en cuanto lo vieron, no cesaban en sus admiraciones. Quedaban extrañadísimos en ver las “güellas” (ovejas) tan pequeñas y “os zagals” (los zagales) con sus rebaños. Todos los domingos, antes de Navidad, pasaban por la escuela por la tarde para ver el Belén y cuando me marché de vacaciones quedó montado y a disposición para celebrar los días navideños con cantos y alegría. Un domingo por la tarde organicé la Fiesta de Navidad, que consistió en la escenificación de un trozo evangélico: La Anunciación, la posada de Belén, el Nacimiento… y finalmente la adoración de los pastores con los consiguientes cantos de villancicos y recitación de poesías. Naturalmente asistía el pueblo entero: hombres y mujeres, niños y niñas, mozos y mozas.
SEMANA SANTA. CUARESMA. También la escuela fue el centro en los días Santos y en la Cuaresma. Para que todos viviesen la tragedia del Calvario, me pareció oportuno el invitarles a rezar, cada día al anochecer, el Vía Crucis en la misma iglesia. Y así, con la aprobación de todos, se rezó y cantó diariamente el Vía Crucis. Al anochecer, con algunos pequeños, de los que por serlo tanto hacían estorbo en casa, me subía al “tozal” donde está la iglesia. ¡Qué hermoso era todo en abril!. Todo mi ser se llenaba de intensa paz al contemplar el campo tan bello en aquella época. Subía al campanario y tocaba las campanas a toque de aviso. Al oírlo, toda la gente se ponía en movimiento. Los hombres en el campo recogían sus aperos, las mujeres preparaban la cena y el pastor recogía su rebaño para devolver las ovejuelas a los pequeños pastores. Las distancias donde se encontraban los que trabajaban eran largas, pero como yo desde lo alto divisaba bien sus movimientos, sabía cuándo iba a hacer sonar las campanas para el segundo aviso, lo cual sucedía exactamente cuando veía llegar al pastor a la plaza. Entonces los niños llevaban corriendo a sus ovejitas a los corrales y con sus padres y madres empezaban a subir a la iglesia. Mientras tanto, ya había anochecido y para alumbrarse llevaban como unas antorchas confeccionadas con unas hierbas especiales fuertemente atadas. Era un espectáculo realmente impresionante el contemplar, desde lo alto de la iglesia, como a manera de pequeños gusanos de luz, a todo un pueblo que iba apareciendo por los distintos caminos en busca de Dios. Allí, realmente, estaba Él. Allí y en cada una de las almas de aquellas buenísimas gentes. Cuando habían llegado todos, y luego de percatarse de que no faltaba nadie, hacía sonar por última vez las campanas y el Vía Crucis era rezado con unción de todos. Cantábamos las estaciones y al finalizar cantábamos también el Credo. Luego, charlando y comentando los acontecimientos del día, volvíamos a nuestras casas.
Los días de Semana Santa, como me había dicho el Sr. Cura que no podía subir ningún día, me quedé con ellos y no me vine a Barcelona (!!!!)*. Montamos entre todos un espléndido Monumento (con el Santísimo en el Sagrario, naturalmente) con gran profusión de luces y los días Santos, subimos todos a la iglesia donde les leí el Evangelio de la Pasión, cada día de un evangelista distinto. Esto, al parecer sin importancia, les hacía sentirse como si realmente hubiesen tenido ya conmemoración de Semana Santa. El sábado de Gloria, con todos mis muchachitos, subimos al campanario e hicimos voltear las campanas con tanto empeño que hasta en los pueblos vecinos se percataron que en Olsón pasaba algo. No, no pasaba nada, simplemente celebrábamos la Resurrección de Cristo.En verdad es hermoso, muy hermoso, hacer las cosas para que los demás se sientan felices. Creo que si muchos religiosos: sacerdotes y religiosas lo comprendiesen así, no estarían aquellos pueblos tan abandonados. ¡Tenemos tanto por misionar en España!
Ya, durante los últimos tiempos que estuve allí, pensé (¡había tanto tiempo para pensar!) que debía hacer algo para proveer la escuela de material, y con los niños ensayamos varios cuentos regionales (nos gustaba mucho cantar) y luego pusimos letra con música de jota a unas tonadas dedicadas a cada uno de los “barrios” o caseríos del pueblo. Una vez bien ensayado todo, nos fuimos a recorrer el pueblo. Llevamos con nosotros algunos cestos y para acompañar nuestras canciones: panderetas, castañuelas, algunas esquilas del ganado y una guitarra. Nos deteníamos frente a cada “barrio” y entonábamos primero un canto regional y luego la jota a ellos dedicada; precisamente en este momento se me ocurre alguna:
En el barrio de la Fuente

les venimos a cantar

la escuela no tiene mapas

no podemos estudiar

no podemos estudiar

la escuela no tiene mapas

 

Señor Alcalde Mayor

por primera autoridad

le venimos a cantar

por si nos quiere ayudar

por si nos quiere ayudar

le venimos a cantar.


Toda la gente salía a escucharnos y después nos obsequiaban con lo que tenían comestible, naturalmente, porque dinero no tenían; y así andando por el pueblo llegamos a recoger bastantes cosas: huevos, patatas, patas de cerdo, tocino, alguna botifarra, vino etc. etc. Luego, el domingo, al salir de Misa, aquél día la tuvimos, y ante todo el pueblo, hicimos una subasta de lo recolectado y sacamos un total de 300 pesetas que, sea dicho de paso, nos pareció mucho y nos vino de perlas. Compré muchas cosas (eso de muchas es un decir) que faltaban en la escuela y … al cabo de pocos días recibí una carta del Sr. Gobernador de Huesca (que se había enterado de nuestra ronda, so sé cómo) felicitándome y mandando para la escuela un lote de material. No recuerdo bien ahora lo que había, pero creo que entre otras cosas había una pizarra, mapas, material para la enseñanza del Sistema Métrico, libros de consulta para el Maestro y bastantes libros para iniciar una Biblioteca Escolar.
Durante el invierno, como las gentes no andaban cansadas, daba, después de cenar, clases a los mayores. Venían a recogerme y me acompañaban nuevamente.Hacía allí un frío intensísimo y nevaba muchas veces. En la Escuela estábamos calentitos. No es que hubiese mucha leña, no había ninguna. Cada día, cada uno de los niños venía a la escuela con un par o tres de maderas para quemar por la mañana y otras tantas por la tarde. Teniendo en cuenta los pocos niños que eran, teníamos solamente la suficiente. Los días que nevaba y los siguientes en que los caminos permanecían helados, me acompañaban a clase montada en un burro para que no resbalase.
Así, entre el cariño de todos, transcurrieron aquellos dos primeros cursos de mi vida profesional. Es un periodo que nunca olvidaré y creo yo el mejor. En cuanto a la satisfacción que produce la labor realizada y el deber cumplido, creo que en ninguna parte ya podré sentirla tan intensamente.
 
OLSÓN
 
 
* La negrita y los signos de admiración los he puesto yo. No creo necesario aclarar por qué.