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jueves, 14 de diciembre de 2023

De tejas, libros, y contadores de historias: Severino Pallaruelo y Ramón Rami



“Cada teja de mi pueblo explica el mundo”. 
 Recordé una vez más este proverbio el pasado sábado 9 de diciembre en el primer encuentro del club de lectura.

 Severino Pallaruelo, nuestro sabio y amable invitado, nos explicaba cómo había pergeñado la redacción del libro en torno al cual nos habíamos convocado, Pirineos, tristes montes. Su afán se centraba en mostrar el alma de los montañeses, vecinos y coetáneos, a quienes había observado y escuchado y con los que había compartido vivencias desde su primera infancia. Y todo ello con la convicción de que no eran distintos de los habitantes de otros lares, que las penas, alegrías, deseos, ilusiones… también las miserias, no dejan de ser siempre las mismas en cualquier comunidad humana, por lejana y ajena que nos parezca.  Como, por ejemplo, el relato de ese solterón empedernido al que le faltaron cinco minutos para sacar a bailar a la moza que le ponía ojitos, los mismos cinco minutos o el pequeño empujón que nos ha faltado a todos alguna vez para llegar a hacer o decir algo que luego lamentaremos no haber hecho o dicho nunca.


L
a sesión resultó amena y entrañable. Severino tenía muchas cosas que contar, haciendo gala de la sensibilidad y profundidad con la que aborda la investigación sobre territorios y gentes que le son (le somos) tan próximos a su historia personal. A la vez el auditorio respondió como sabemos hacerlo en este pueblo, con mucho interés y aportando sus propias impresiones y experiencias. Y, como anécdota, destacar la sorpresa que manifestó el autor por la alta participación de lectores varones. Es harto conocido que la presencia femenina en los clubs de lectura generalmente es mayoritaria. Así que, enhorabuena, zagales, contamos con vosotros para la siguiente sesión. Pronto anunciaremos fecha y “deberes”.

...


Pero, en coherencia con lo anterior, no quiero dejar de decir algo. Escribo esta reseña a las pocas horas de recibir la noticia del fallecimiento de quien ha sido un gran amigo, un gran vecino y un maravilloso relator de lo que cuentan las tejas (losas) de nuestro pueblo, mi querido Ramón Rami Salinas. Han sido muchos años de confidencias, colaboración y difusión de las historias próximas, las que hemos dejado negro sobre blanco en los boletines de El Caixigar, las que nos hemos contado más íntimamente y las que, por desgracia, se han quedado por contar. Ramón tenía una memoria prodigiosa y un admirable interés por sacar a la luz sus recuerdos, rescatar personajes, tradiciones, anécdotas… de la vida del siglo XX en Troncedo. A veces, se preguntaba si, a pesar de su empeño, todo ello no acabaría cayendo irremisiblemente en el olvido. Yo siempre le dije lo mismo, dejar ese testimonio ha sido fundamental. Quién nos dice que, cuando ya no quede ningún testigo directo de esos modos de vida, no aparezca alguien interesado en conocerlos de primera mano y agradezca que él se hubiera tomado el trabajo de contarlo. Incluso que, todo ese material, pudiera llegar a servir de documentación para escribir un libro de relatos como los de Severino o una novela de época o una película…

En algún momento de la sesión del sábado, afloró la idea de que la  Historia no se circunscribe al relato de grandes hazañas o batallas, ni a las biografías de grandes personajes; si no cuenta las pequeñas historias de quienes la han soportado sobre sus espaldas no merece recibir tal nombre. Y para poder integrarlas en el verdadero relato histórico se necesitan muchas personas como Ramón, que tan generosamente nos han dado su tiempo y su voz para que no ocurra lo que él tanto temía, que llegue el olvido. Eso no pasará en Troncedo gracias a él, os invito a releer las numerosas páginas en las que nos ha contado la vida cotidiana de nuestros padres y abuelos, haciéndonos partícipes del alma de estos parajes que ahora no
s sirven de espacio de relax y encuentro. Cada vez que alguien pase una página, los recuerdos y el recuerdo de Ramón cobrarán nueva vida.

 Hasta siempre, amigo.

Ramón Rami Salinas





domingo, 9 de mayo de 2021

Las comunidades judías en Sobrarbe. Conferencia de D. Francisco Andrés Lascorz

 
 
El pasado viernes 7 de mayo, el profesor D. Francisco Andrés Lascorz Arcas, pronunció una conferencia en el Centro Cultural de Aínsa con el mismo título, "Las comunidades judías en Sobrarbe", del libro publicado en 2016, en el que desarrollaba  sus investigaciones sobre la importante presencia del judaísmo en la Corona de Aragón en general y, Sobrarbe y su entorno, particularmente. 

Fue una ocasión imprescindible para acercarse a una parte de nuestra historia desconocida y oculta durante siglos. En la charla, Lascorz nos explicó que la presencia judía en estos territorios está acreditada documentalmente desde el s. XI, habiéndose encontrado testimonios de ello al menos en Monclús, Bielsa y Aínsa.  Los judíos procedían de Francia, huyendo de diferentes persecuciones a lo largo de los siglos; en su gran mayoría eran personas bastante preparadas, con especializaciones profesionales que luego iban desarrollando en los núcleos en los que se fueron asentando. Unos, los más ricos, que podían permitirse el pago de los tributos exigidos por los reyes de Aragón, seguían su rumbo migratorio hacia el Sur, a los valles del Cinca y del Ebro. Otros, terminaron por asentarse "definitivamente" en estas tierras sobrarbenses.

 En general, la comunidad judía contribuyó generosamente a la Corona, consiguiendo de esta manera su protección y, como consecuencia, que su convivencia en el reino fuera mucho más pacífica que en otros lugares peninsulares. A pesar de todo, esta protección no llegó a tiempo a la aljama* de Monclús, pequeño núcleo cuyas ruinas se ocultan hoy en día bajo el pantano de Mediano pero que en el s. XIII había llegado a constituirse en el motor económico del condado, con más de 30 familias hebreas en el núcleo que contaba con sinagoga-escuela, baño judío o mikvé y, seguramente, con horno de pan, carnicería... La comunidad sucumbió en 1320 al ataque de un ejército de 5000 "Pastorcillos" (les pastoreaux) que desde el Sur de Francia, cruzando por diferentes pasos pirenaicos, se habían lanzado a una alocada cruzada por territorios ibéricos. El 3 de julio sitiarion y atacaron Monclús, dando muerte a 337 judíos y provocando la dispersión de los supervivientes. A pesar del cruento episodio, el profesor Lascorz quiso poner en valor el hecho de que algunos lograron escapar de la matanza, ayudados por vecinos de localidades próximas que, en esos momentos de la Historia, exponían su vida y la de sus familias con ese apoyo. Después de estos terribles sucesos, el rey Jaime II ordenó que cualquier que agrediera a un judío o moro, sería ahorcado sin remisión e inició una ofensiva que derrotó a la banda de cruzados el 13 de julio de ese mismo año. Ese mismo verano se ajustició a un buen número de agresores, entre ellos, también vecinos de la zona que se habían unido al ataque. En 2020, con motivo del setecientos aniversario de la destrucción de Monclús, se levantó un monolito a la orilla del pantano,  recordando los acontecimientos.  

Aquí podéis ver una entrevista que Radio Sefarad (la radio de las comunidades judías de España) realizó a Francisco Lascorz con motivo de la inauguración del monolito de Monclús. No se oye muy bien pero,si se pone un poco de  interés, se entiende. Adjuntamos igualmente el texto de presentación de dicha entrevista.

UNA MIRADA A LA HISTORIA – En 1320 se desarrolló en Francia la llamada “segunda cruzada de los pastorcillos”, impulsada por las hambrunas que asolaban Europa occidental y un trasfondo místico que renovó el sentimiento antisemita, alimentado por las expulsiones del rey Felipe IV “El Hermoso” en 1306. Este vasto movimiento popular fue apoyado por los sermones inflamados de un benedictino apóstata y un sacerdote condenado por su conducta, quienes les convencen de la urgencia del “Santo Viaje” para ir a luchar contra los infieles en tierras españolas. Después de asaltar las juderías de París se organizan en dos grupos, uno de los cuales cruzó con unas cinco mil personas los Pirineos, por la ruta del camino de Santiago, con la intención de continuar las matanzas en España, alentados por noticias por las cuales el rey de Aragón Jaime II «El Justo» estaba organizando una expedición para hacer frente a los moros del reino de Granada que, al parecer, pretendían adentrarse en tierras de Valencia. ​Su primera acción fue el saqueo de la aljama de Monclús (en la comarca de Sobrarbe), donde asesinaron a unos 300 judíos adultos que se negaron a recibir el bautismo. De allí se dirigieron a Barbastro, intentando asaltar algunas comunidades moriscas que se encontraron en el camino. En Barbastro las autoridades protegieron a los judíos avecindados, a los que se unieron algunos refugiados, habitantes de los contornos. De estas peripecias y detalles hablamos con Andreu Lascorz, hebraísta y director de ARCCI, la Asociación de Relaciones Culturales Cataluña – Israel, quien dio una charla sobre el tema en Aínsa, donde además se descubrió un monolito con ocasión de los 700 años de aquellos trágicos sucesos.

Imagen de la inauguración del monolito de Monclús.



Aunque los vestigios de la presencia judía habían desaparecido totalmente, la mayor de las veces por un afán consciente por borrarla, en los últimos años han aparecido algunas muestras interesantes. A destacar, un baño judío (mikvé) en los bajos de una casa de Aínsa, cuyos propietarios, casi milagrosamente,  lo recuperaron bajo los escombros que lo enrunaban desde siglos, al iniciar unas obras de remodelación. 

La protección del reino de Aragón a la comunidad judía se hizo patente, a finales del s.XIV, cuando  se multiplicaron en toda la península las persecuciones y matanzas de judíos (pogromos) a quienes se acusaba, entro otras cosas, de ser los causantes de la peste negra. Las matanzas fueron más generalizadas en Castilla pero eso no quita que también llegaran a todos los territorios. En Aínsa, como consecuencia de las predicaciones del fraile dominico Vicente Ferrer (posteriormente elevado a los altares de la Iglesia Católica) y la Disputa-Adoctrinamiento de Tortosa (1413-1414), huyeron todos los judíos, aunque posteriormente regresaron, ya convertidos. 

Tras la expulsión de la península en 1492, grupos procedentes de juderías aragonesas se expandieron por el Mediterráneo, desde el norte de África hasta las islas griegas y Ucrania, habiendo conservado su identidad aragonesa hasta la llegada del nazismo. Como ejemplo de que el paso del tiempo, por mucho que sea,  no consigue borrar las raíces familiares y los sentimientos de pertenencia a un lugar, se da el caso de que hasta esas terribles décadas de los años 30 y 40 del pasado siglo, seguía siendo activa la comunidad judía Aragón de Salónica y muchos de los descendientes de judíos expulsados siguen hoy en día llevando apellidos que hacen referencia a su origen, Monzón, Monson... Zaporta... (importante apellido de una familia judía conversa de Zaragoza, la que mandó construir el maravilloso y recuperado patio de la Infanta ensu residencia palacio)


*Aljama. Es una palabra de origen árabe qye designa la comunidad de judíos o musulmanes de un lugar y también la institución que los gobierna. Se trata de una concesión real que otorga un estatuto especial a una comunidad judía, dando una gran autonomía que les permitía la creación de sinagogas-escuelas, la gestión propia del cobro de impuestos y la administración de justicia con el fin de mantener la observancia de la moral y costumbres de la religión hebrea. Así mismo, las aljamas de la Corona de Aragón tributaban directamente al rey y tenían derecho a enviar delegados, según su importancia, para las decisiones que a ellas afectaban. 



miércoles, 15 de abril de 2020

Escuela de Vanguardia en Graus

Vivimos en un país, España, en el que el analfabetismo de la población fue la tónica hasta la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, existieron pequeñas excepciones de iniciativas educativas innovadoras que la II República trató de generalizar hasta que el levantamiento militar las truncó de raíz. Nunca llegaremos a ponderar el daño que el golpe y la dictadura franquista posterior asestó también a la educación.

En la primavera de 2018 el Espacio Pirineos de Graus organizó una exposición titulada "Escuela de Vanguardia. Proyectos y actores pedagógicos en Graus entre los s. XVII y XX". Y es que la localidad ribagorzana  fue uno de los lugares en los que confluyeron diversas iniciativas y personajes que contribuyeron a elevar el nivel educativo de la población. "Hablamos de la enseñanza jesuita, de una pionera Escuela de Artes y Oficios o de los numerosos proyectos educativos surgidos durante la II República. Y siempre al frente de ellos, hombres y mujeres con una visión amplia y privilegiada como Esteban de Esmir, Carmen de San Luis Monsarro, José Salamero e, indiscutiblemente, Joaquín Costa" 

El tradicional papelón data de 1886
En la foto, mi hermano. allá por 1955
Todas las personas interesadas en la Historia de la Pedagogía, la Historia en general y la Historia cercana pueden acceder al catálogo de la exposición a través de este enlace. La visita a estas páginas nos permite acercarnos a algunos aspectos de la vida cotidiana y la organización social de otras épocas, así como rescatar la figura de maestros y maestras que  dejaron su impronta en la población. El mismo Joaquín Costa,  prócer de la patria, no hubiera pasado de ser más que un zagal espabilado si no hubiera sido por la insistencia de su maestro, D.Julián Díaz Fernández, para que sus padres le permitieran seguir estudios.  Y así sucedería con más de uno y una que quizás no hayan adquirido la misma trascendencia pero sí contribuído a su crecimiento personal y el de toda la sociedad.  Es posible que quienes conocieron la exposición en su momento y quienes se acerquen ahora de manera virtual, adquieran algunas claves que les permitan entender mejor por qué hoy mismo, una  localidad de las dimensiones y circunstancias geográficas de Graus tiene una vida cultural tan intensa y una influencia directa por todo el entorno próximo de pequeños pueblos de Ribagorza y Sobrarbe y otros lugares. No cabe duda de que el refrán "de aquellos polvos, estos lodos", utilizado generalmente en sentido negativo, adquiere en este caso su significado más positivo. 

La exposición se completaba con un vídeo que recoge testimonios personales de la escuela de antaño, concretamente y por la variable del paso inexorable del tiempo,  se centran en la dinámica de la escuela nacional-católica de la dictadura pero, en cualquier caso, resultan entrañables. Tanto como lo ha sido  para mí,  permítaseme una anécdota muy personal, encontrar entre la relación de docentes que dejaron huella el nombre de una maestra de párvulos, Dª Balbina Viñas, que ejerció en la década de los veinte. Siempre me había contado mi madre que su nombre, tan ajeno  a los habituales por la zona, se lo habían puesto por una maestra. Por las fechas y estrecha conexión entre Graus y Troncedo que ha existido siempre, deduzco que era esta sobrina de Costa que en 1924 fue nombrada "profesora benemérita" en reconocimiento a su admirable sistema de enseñanza.  P.C.

G

sábado, 2 de febrero de 2019

Matilde, hija de la emigración


El pasado 13 de enero falleció mi prima Matilde Lascorz Lacambra. Había nacido en 1932 así que en marzo próximo hubiera cumplido 87 años,. Pertenecía a la primera generación de hijos del masivo éxodo migratorio de los pueblos aragoneses a Cataluña. Sus padre, Antonio Lascorz, era originario de la aldea de Tricas (hoy engullida por el bosque)  y se había  criado en otro lugar de Sobrarbe que hoy también está abandonado e igualmente confundido entre la maleza,  Lacort. Su madre, Rosalía Lacambra, era de casa Albañil de Troncedo  y siendo prácticamente una niña fue a servir a Barcelona. Ambos se conocieron allí, en el Centro Aragonés de la ciudad condal, lugar de encuentro dominical para todos aquellos aragoneses desplazados a la urbe. Matilde y su madre  vivieron la guerra civil solas en una portería de l’Eixample pues Antonio había sido movilizado  al  frente y después, hecho prisionero. Por si fuera poco, un hermano de su madre, el tío Miguel, cansado de una guerra que no entendía ni encajaba con su bonhomía natural, abandonó la lucha en el fragor de la batalla del  Ebro y fue andando hasta Barcelona, donde Rosalía lo mantenía escondido en la portería. Fueron tiempos muy difíciles, en los que más de una vez madre e hija tuvieron que recurrir a robar algo de comer por las huertas de las afueras de la ciudad. Precisamente la última vez que la vi, tuvo fuerzas para dar un paseo por las inmediaciones de su casa, en el Paseo San Juan, llegando justo hasta la esquina donde a principios de siglo XX se levantó la fábrica de automóviles Elizalde, que durante la guerra fue colectivizada y destinada a la fabricación de bombas de aviación. Allí nos recordó el miedo pasado durante los bombardeos vividos muy de cerca pues su portería hacía esquina con la calle Córcega, justo en la acera de enfrente de la fábrica, objetivo de la armada italiana que colaboraba con Franco.

A pesar de todas estas vicisitudes, mis tíos se labraron una vida y pudieron dar un  buen porvenir a su hija. Ella fue la primera mujer de la familia que estudió y que tuvo una carrera profesional, un hito que no puedo dejar de reseñar por ser el eslabón familiar que conforma la cadena de conquistas en la emancipación de las mujeres españolas  en el pasado siglo. Primero ejerció de comadrona para pasar después al laboratorio del Hospital Sant Pau donde desarrolló una larga trayectoria como analista. Fue una mujer muy activa y jovial, “de buena encontrada” como decimos por estos lares, activa e interesada en la cultura, la actualidad y la política hasta el último día.

Cataluña le dio muchas oportunidades a esta parte de la familia emigrada pero ellos también le aportaron toda una vida de sacrificio, esfuerzo y amor por la tierra de acogida, un intercambio común a todos los miles de emigrantes de Aragón y de otros lugares de España, décadas de simbiosis entre las personas y los territorios que duele mucho apreciar cómo obvian muchos discursos simplistas en la actualidad. Matilde era muy catalana pero nunca olvidó de donde venía y ha vivido estos últimos tiempos con la inquietud y el enojo con el que toda persona lúcida y bien informada  como ella podrá comprender fácilmente.

Conocida y apreciada, me consta, por todos los de Troncedo que acabaron recalando en Barcelona y que, con frecuencia, visitaban a sus padres para charlar animadamente sobre los temas y las personas de estos lugares de Sobrarbe. De paso también, aprovechaban para pedir consejo al Dr. Cebolla como cariñosamente se conocía a mi tío Antonio, por su sabiduría autodidacta en temas de alimentación y medicina natural. Matilde nunca perdió  el vínculo con el pueblo, la casa y la familia de su madre.

Descanse en paz, mi querida prima a la que tengo que agradecer el descubrimiento de muchos lugares y experiencias en mi vida. No recuerdo ahora el momento preciso pero estoy segura que la primera vez que vi el mar, lo haría de su mano y el primer baño en aguas mediterráneas, eso sí que lo guardo en mi memoria,  también fue en su compañía.



No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.
Soy como un diamante en la nieve,
brillando.
Soy la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy la lluvia gentil del otoño esperado
cuando despiertas en la tranquila mañana.
Soy la bandada de pájaros que trina.
Soy también las estrellas que titilan,
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí.
Yo no morí

Poema  que Matilde había enviado poco antes de Navidad a sus personas queridas. Una muestra de la lucidez y serenidad que mantuvo hasta el último suspiro.
Pilar C. Lacambra


domingo, 28 de enero de 2018

La Corona de Aragón

En esta Era de la Información que nos ha tocado vivir, constatamos continuamente la paradoja de que sea precisamente la desinformación la que, las más de las veces, rampa por los medios y las redes sociales. Es lo que ocurre con la viva polémica sobre las relaciones entre el viejo Reino de Aragón y los territorios orientales que se fueron incorporando a la Corona. Han sido muchos los episodios en los que, de forma interesada, se ha interpretado (o falseado) la Historia. Sin ir más lejos, en el último mes han sido noticia las denuncias sobre la tergiversación de algunos libros de texto en los que se introducía el concepto de "corona catalano-aragonesa"...







Para las personas interesadas en profundizar un poco más en este asunto, les recomendamos  recurrir a los estudios  realizados con rigor, entre ellos los del Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, D. José Luis Corral que tiene varios libros divulgativos sobre la Historia de Aragón. Como un buen anticipo, les invitamos a ver el vídeo de su reciente conferencia impartida el pasado miércoles 24 de enero en Zaragoza.







domingo, 3 de diciembre de 2017

Dicen que hay tierras al Este ...

Exposición en el Palacio de Sástago, Zaragoza. Hasta el 7 de enero



Una magnífica exposición que merece por sí misma el viaje a Zaragoza de aragoneses todos pero también  de catalanes, todos también. Aprender de la Historia no nos viene mal a ninguno. Los aragoneses podremos sacar pecho conociendo más sobre el potencial humano y energético que hemos aportado en los dos últimos siglos para el desarrollo y prosperidad de la comunidad vecina, así como las intensas relaciones comerciales bidireccionales.. Los catalanes, especialmente los más convencidos independentistas, también tendrán ocasión de reconocer esta contribución de Aragón que sin duda en su imaginario histórico consideran parte del manido "España ens roba"y, si son sinceros, aceptar que eso de la independencia tiene muchas aristas. Basten como muestra las palabras destacadas de Francesc Cambó, un catalán y ministro de Fomento en 1918 en las que anticipaba "la importancia de los recursos hidráulicos aragoneses ("la hulla blanca") como transferencia de energía hacia el área industrial y urbana del Barcelona, sobre todo en momentos de colapso energético tras la Guerra Civil". Estas afirmaciones vienen acompañadas de las del historiador Carlos Sadriá, uno de los mayores expertos en el tema que subraya tanto la importancia que tuvo la electricidad producida en Aragón para abastecer la demanda catalana de fluido como los altos costes en términos de despoblación dejados en los lugares originarios de la energía. 

Para los aragoneses que en su día emigraron a Cataluña y para sus descendientes especialmente emotivos resultarán todos los paneles, fotografías y documentos escritos relativos a la amplísima actividad cultural y social del Centro Aragonés de Barcelona y el Centro Obrero Aragonés. Por cierto, que pueden tomar modelo del disfraz de bandera aragonesa que en su día lució una de sus socias en Carnaval para aplicarlo a futuras manifestaciones de banderas que tanto se han puesto de moda últimamente (nótese el modo irónico)


A todos, catalanes y aragoneses, no nos vendrá mal recordar que la mayor parte de ambos territorios tomaron partido por el candidato austracista en la guerra de Sucesión a comienzos del s. XVIII y padecieron las consecuencias de ello tras la victoria del candidato francés, Felipe de Anjou que introdujo la dinastía borbónica actual. Hay que recordar que en la Historia de España, las victorias, los fracasos, las gestas, las batallas, las glorias y las sombras salpican a todos los territorios peninsulares, por mucho que algunos quieran ahora reinterpretar o manipular los hechos. Pero esta idea la explicó muy bien en un reciente discurso, Ignacio Martínez de Pisón, uno de los escritores de más prestigio de la literatura española actual, aragonés de nacimiento y residente en Barcelona, que se une a una larga lista de intelectuales que reúnen estas condiciones y que encontramos también en la muestra del Palacio de Sástago de Zaragoza.

Esperamos haber provocado las ganas de visitar la muestra pero para quienes no tengan oportunidad u ocasión de hacerlo, dejamos aquí el vídeo del lúcido discurso de Martínez de Pisón al que hacíamos referencia. Por cierto, que recomendamos la lectura de sus articulos en La Vanguardia, mientras se los sigan publicando ...

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Canfranc, Historia y Patrimonio


A finales de agosto la Asociación Cultural Castillo de Troncedo organizó su tradicional excursión anual. En esta ocasión el destino era Canfranc para disfrutar de una visita guiada a su  Estación Internacional.  Como en ocasiones anteriores, pudimos disfrutar de una jornada muy completa de convivencia y conocimiento  del territorio y de su historia, pero esta vez la inclusión de un recorrido por  la joya de nuestro patrimonio que es la estación aportaba a la experiencia unas connotaciones muy especiales.

      La grandiosidad del edificio, su elegante porte, la vocación cosmopolita con la que se imaginó y se creó, los  episodios de espionaje y comportamientos heroicos de los que fue testigo durante la II Guerra Mundial ... así como, años después, el deplorable estado de abandono y la insoportable decadencia de las últimas décadas no dejan impasible al visitante y así nos sucedió a todos nosotros. Pero hay que contar también la satisfacción que supuso poder comprobar el avance de las tareas de rrehabilitación que la DGA ha llevado a cabo en los últimos tiempos y que han hecho que el vestíbulo del lado francés luzca ya prácticamente con casi el mismo esplendor del día de  su inauguración, aquel prometedor e ilusionado  18 de julio de 1928.

     Los aragoneses hemos vivido durante muchos años  con estupor y pena la decadencia de este importante patrimonio agravada por el vandalismo que sufrió tras el cierre de la comunicación con Francia debido al descarrilamiento de un tren y el posterior derrumbe del puente de l' Estanguet en 1970 y que la arrastró al total abandono.  Tras décadas de reivindicaciones de las regiones de Aquitania en la parte francesa y Aragón, en la española es ahora cuando se empieza a ver una luz tras el túnel y se oyen anuncios de restablecimiento del transporte de viajeros y mercancías entre los dos países vecinos para el año 2023. A ver si es así y podemos verlo hecho realidad.

    Para completar información, os animamos a ver dos vídeos muy distintos. El primero es una animación que resume la historia de esta importante vía de comunicación internacional y el segundo un documental que relata el papel trascendental que tuvo en la Resistencia francesa el Jefe de Estación Albert Le Lay durante la ocupación nazi, actuación que se vio reforzada con la participación comprometida de otras personas del entorno de la estación, tanto españolas como francesas, incluidos  los propios vecinos y vecinas de Canfranc-estación que mantuvieron comportamientos que no pueden calificarse más que de heroicos  en aquellos momentos tan difíciles.  El documental nos aporta el testimonio de primera mano de los protagonistas de estos hechos y sus descendientes directos.







domingo, 16 de abril de 2017

Visita a San Beturián






Efigie de Isabel de Farnesio, reina de España.
Una de las actividades programadas por la A.C. Castillo de Troncedo en este largo puente festivo ha sido la visita guiada al Monasterio de San Victorián (o Beturián, como se dice por estas tierras). Un lugar que todo aragonés y, por ende español, que se precie debería conocer. Situado en un magnífico emplazamiento al pie de Sierra Ferrera y bajo la cueva de La Espelunga, lugar donde según la tradición oral se retiró el Santo eremita que acabó siendo abad del Monasterio y de quien después tomó  nombre (la denominación originaria era Mº de San Martín de Assan) . Si esa tradición es cierta, estamos hablando de la existencia de un cenobio en el siglo VI, en tiempos del Reino Visigodo de  Toledo, y se trataría del  más antiguo de España en cuanto al lugar pues, según nos explicó con didáctica y pausada exposición Mikel, el guía, a lo largo de los siglos se han levantado varios edificios diferentes, uno sobre otro, en ese mismo lugar. El último, en el s. XVIII, bajo el patrocinio del primer Borbón, Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio, cuya efigie, descabezada, se encuentra todavía presidiendo la entrada a la sala capitular, a la derecha del altar mayor.

Pantocrátor, s. XI


Claustro
 La iglesia y todo el conjunto cayó en el abandono y la ruina casi total a partir de los años 50 del pasado siglo, pero a partir de la última década de ese mismo siglo el Gobierno de Aragón ha ido acometiendo diversas restauraciones que están devolviéndole la semblanza que le corresponde.  La primera intervención fue reconstruir la techumbre que se había perdido totalmente y la última ha sido restaurar el claustro adyacente a la iglesia que precisamente este sábado 15 de abril se abría por primera vez al público, así que fuimos sus primeros visitantes. Se trata de un recinto que data del s. XVI y que sorprende por su sobriedad, alejada de la riqueza ornamental y escultórica que se pueden observar en otros edificios religiosos de la época. Este, sin embargo, se corresponde con el estilo tradicional de la zona porque, como dijo Mikel, "esto no era Valladolid".

La importancia política, económica, cultural y espiritual de este monasterio es crucial en todo Sobrarbe, territorio sobre el que ejerció señorío feudal,  pero también lo es para la Historia de Aragón pues entre sus muros se tomaron acuerdos y pactos que fueron decisivos en la misma.  Tiene título de Real Monasterio pues ha albergado también las tumbas de dos reyes, Iñigo Arista, primer rey de Pamplona y Gonzalo, primer y único rey de Sobrarbe y Ribagorza.  Tras la accidentada muerte de este último en terrenos muy cercanos al Monasterio (más información en El Caixigar nº 11, año 2014), San Beturián fue uno de los lugares en los que se realizaron los tratos para designar sucesor, recayendo en su hermano Ramiro, rey de Aragón (que entonces era un pequeño territorio en torno a la ciudad de Jaca) y, por tanto, configurando los cimientos del Reino de Aragón, tal y como lo hemos conocido en la Historia posterior.

A lo largo del s.XIX, una vez desamortizado el Monasterio que, por Real Decreto pasó a ser propiedad del Municipio de Los Molinos, el abandono y  ruina fueron apoderándose lentamente del lugar a la vez que fueron numerosos los visitantes ilustrados que se acercaban a conocerlo y que, irremisiblemente, lamentaban el estado del lugar. Recomendamos un interesante artículo de Manuel López Dueso en el que describe con detalle estas impresiones. En contraste con estos relatos, nosotros pudimos encontrar un recinto que ha consolidado parte de sus edificios principales (aún quedan muchas zonas por intervenir) y algunos elementos de anteriores edificaciones aparecidos en las catas que se han realizado en el terreno pero, sin embargo, no queda nada de todos los elementos ornamentales y piezas artísticas que todavía contenía el monumento en el siglo XIX pues en 1950, el obispo de Barbastro, Cantero Cuadrado, decidió despojar la iglesia del monasterio de ornamentos, retablos y coro; también ordenó desmontar el tejado y reutilizar las tejas.
Estado anterior a la restauración

Sin embargo tanto  los aldeanos medievales, como  los viajeros ilustrados del s.XIX y  los actuales paisanos y turistas que nos acercamos, podremos coincidir con las manifestaciones de Lucien Briet, fotógrafo y pirineista francés que se alojó en el monasterio en octubre de 1911


"No le falta en absoluto orgullo y majestad al ex-monasterio de San Victorián cuando se le mira de frente desde la parte inferior (...) Los diversos cuerpos del edificio sobresalen por encima de una sucesión de obstáculos, como del seno de un espeso seto de árboles y se alinean, rojizos, desiguales, en actitud hierática, agujereados por vanos negros. Los tejados basculan v los más adelantados dan sombra a las partes más retraídas; se eleva una torre; se deshacen muros dislocados; un campanario robusto y agujereado, provisto de campanas, anuncia la existencia de una iglesia» 

Se trata de la misma "voz"  que nos sorprendió con una descripción in situ sobre la disposición de tumbas y esqueletos en la cripta. Una vez más, hay que reconocer la labor  de este francés que vino del otro lado del Pirineo a descubrirnos nuestras Bellezas del Alto Aragón (así tituló una de sus obras más conocidas, publicada por la Diputación Provincial de Huesca en 1913 y en 1977)


domingo, 19 de marzo de 2017

Un libro imprescindible




Este libro encierra una documentada reflexión sobre la realidad asimétrica de España, de esas dos partes del "país que nunca fue" (como reza el subtítulo) que han vivido de espaldas durante siglos. La obra ahonda en las raíces de estas dos españas, la urbana y la rural, que se extienden a los mismos orígenes, a la Hispania romana y no es fruto reciente de las últimas migraciones del s. XX que sólo han agudizado el fenómeno y han terminado de vaciar algunos territorios, entre ellos el que pisamos los troncedanos.

El ensayo está profusamente documentado en datos históricos, múltiples referencias literarias, citas cinematográficas, anécdotas personales del autor y alusiones musicales así como una larga lista de autores que nos ayudan a conocer este país a lo largo de los siglos y a entender un poco mejor la idiosincrasia de sus habitantes. 

Son tantos los temas y las aristas que aborda el libro que es imposible enumerarlos todos pero, personalmente hay algunos capítulos que me parecen brillantes como es el análisis del sistema electoral español, que el autor interpreta como una pequeña gran venganza de la España vacía sobre la urbana; la ácida crítica cinematográfica del documental Las Hurdes, tierra sin pan de Buñuel o la profunda reflexión de la imagen de fealdad y miseria de este país que se destila en el Quijote contrastado con la irresistible atracción que los mismos paisajes ejercieron en los viajeros franceses e ingleses del s.XIX, pasando por las impresiones de los noventayochistas españoles, "inventores" del paisaje castellano y el arraigo de la semilla carlista en la España rural o viceversa, los valores de esa España rural y vacía en el carlismo.

En resumen, que una sale de la lectura con la sensación de haber aprendido mucho, de haberlo hecho de forma muy amena y de entender mejor el país y a una misma. Pero si de verdad queréis leer una buena crítica de este libro que se está convirtiendo en lectura de cabecera de media España, os remito a l uno de los grandes,  Muñoz Molina. 

lunes, 7 de julio de 2014

Regreso a tu piel. Luz Gabás

Terminé  este segundo libro de Luz hace un par de días. He de confesar que lo he leído con interés pero con sentimientos encontrados. El recurso a temas esotéricos y la pasión amorosa que enlaza el pasado con la actualidad me parecían, en mi modesta opinión, demasiado artificiosos para contar la historia principal, la de los terribles sucesos acaecidos en un pequeño pueblo de la Ribagorza a finales del siglo XVI. Lo más atroz del relato era precisamente que se tratara de hechos históricos que nos tocan tan de cerca en el espacio y también en el tiempo, al fin  y al cabo, cuatrocientos años no corren igual en una gran ciudad que en un pequeño núcleo de casas de estas montañas, donde en la gran mayoría se han seguido perpetuando las mismas familias a lo largo de estos cuatro siglos y se han repetido las mismas historias generación tras generación al calor del fogaril. Aunque, oh casualidad, precisamente esta historia había sido olvidada o ignorada, seguramente por lo vergonzante de las ejecuciones además del modo y las razones que empujaron a cometerlas. Me imagino que no pasaría mucho tiempo antes de que los habitantes del lugar se dieran cuenta de la tremenda barbaridad que se había cometido y llegaran, cada uno por su lado, al acuerdo tácito de silenciarlas para siempre, quedando sólo un pequeño eco de los hechos  en torno a leyendas o supersticiones sobre la brujería que, ésas sí, se habrían ido transmitiendo entretejidas en los relatos de otros cuentos mitológicos y tradicionales.

Leí las últimas páginas del libro, las referencias bibliográficas y los agradecimientos de la autora, en el AVE que me trasladaba de Madrid a Zaragoza y, poco más de dos horas después de bajar del tren, había ya pasado  Graus y enfilaba con el coche la carretera de Troncedo. El paisaje familiar, mil veces recorrido, me enfrentó como siempre con el solitario y robusto Turbón, tantas veces contemplado y admirado. Y entonces sucedió algo inaudito, un instante en el que sentí que lo veía por primera vez, que no era la montaña conocida y fijada en mis recuerdos desde que tengo conciencia de tenerlos, ahora era el monte Beles y los campos a mi derecha, los que miran hacia el valle del Ésera, eran similares a los que Brianda de Lubich en el siglo XVI y Brianda de Anels, en el XXI, recorrían apasionadamente en busca de serenidad y libertad. Y aunque parezca que adopto un tono místico del que he empezado de alguna manera renegando, tengo que reconocer que el magnetismo que impregna la novela pareció como si se me revelara a través de la contemplación de esa mole de roca y misterio que domina el valle. La distancia y  cierta frialdad con la que había pasado las páginas, que no indican que a la vez no me sintiera atrapada por ellas, se dispersaron, haciéndome comprender o aceptar sin reparos los elementos más pasionales del libro, la fuerza del relato*.

De todas maneras sigo manteniéndome en que la parte referente a la actualidad está un poco sobredimensionada, la potencia de los acontecimientos del siglo XVI son la clave y una se queda con ganas de saber más. En este sentido, agradezco  a la autora todas la bibliografía aportada.

El Turbón desde Troncedo
 *Nota: Uno de los datos que me sorprendió prácticamente al final de la lectura fue el de la edad de la  protagonista cuando la ejecutan, la cifra es una sacudida que nos sitúa definitivamente en la época, cuando la vida era mucho más corta e insegura pero a la vez, o precisamente  por ello, se viviría con más intensidad. La fuerza, el arrojo y la determinación de Brianda difícilmente pueden haberse alcanzado en lo que hoy en día son los primeros años de una juventud recién salida de una larga y prolongada adolescencia, concepto que en el siglo XVI ni siquiera se  nombraba, era un período vital inexistente.

viernes, 2 de mayo de 2014

Que no nos vengan con cuentos




 UN LIBRO PARA UNA POLÉMICA  LEJANA y CERCANA

"Después de los millones de seres humanos que se han llevado por delante los nacionalismos debido a sus mitos casi siempre fantasiosos y a sus incongruentes prejuicios ideológicos, solo me queda recordar a Philip Larkin, que termina su poema MCMXIV dedicado a la Primera Guerra Mundial con estas palabras: “Nunca esa inocencia, nunca antes o después (…)/ nunca más esa inocencia”. O sea, que no nos vengan con cuentos".

Con estas categóricas afirmaciones termina un libro de Javier López Facal cuya lectura recomiendo a todos para dar un poco de luz sobre algunos de los temas de más candente actualidad, Breve historia cultural de los nacionalismos europeos, publicado recientemente por la editorial Los libros de la catarata. Dice el autor “yo quería escribir precisamente ahora este libro porque en 2014 se va a celebrar el referéndum sobre la independencia de Escocia, y como pienso que Escocia es la nación sin estado que más ha contribuido a la mitología nacionalista europea, como se van a conmemorar también el tricentenario de la diada del onze de setembre de 1714, el bicentenario del Congreso de Viena de 1814, que fue como el pistoletazo de salida de tantas naciones, sobre todo europeas, y el centenario de la Primera Guerra Mundial de 1914, aquella siniestra apoteosis que tantos millones de muertos en nombre de sus respectivas naciones dejó por los campos de Europa, parecía una ocasión oportuna para reflexionar sobre el fenómeno nacionalista”  
Y vaya si reflexiona y nos documenta sobre los mitos, invenciones, utilizaciones y tergiversaciones de símbolos, datos históricos, tradiciones de nueva hornada, banderas y las abundantes falacias sobre las que se han construido las ideologías nacionalistas de todo signo que nos rodean. Sin perdonar ninguno porque, como también dice el autor, “el nacionalismo es como el olor corporal; uno no percibe el propio, sino solo el ajeno”. Es un libro tan completo y documentado que es difícil resumirlo y no queda más que reiterar la recomendación de su lectura pero, a modo de pequeñas perlas, transcribiré algunos pequeños párrafos y citas de otros autores que figuran en sus páginas:
Sobre el concepto nación: “una nación (…) es un grupo de personas unidas por un error compartido sobre su ascendencia y un desagrado compartido hacia sus vecinos” Karl Deutsch
Sobre las lenguas nacionales: “la lengua ha dejado de ser un instrumento de comunicación para convertirse en un tótem sagrado y con esas cosas no se pueden aceptar ni la tibieza ni la ironía (…) Para no pocos nacionalistas lo ideal es que su propia lengua valga, sobre todo, para diferenciarlo, para identificarlo, para reforzar el sentimiento de pertenencia a una tribu casi siempre atribulada ”
Sobre las imprecisiones en los libros: “Somos una comunidad que resiste aquí desde hace 30.000 años (…) pero para seguir vivos hay que cerrarse a los de fuera (…) Los vascos somos el único pueblo indígena de Europa, los únicos descendientes directos del Cromañón”. Del libro La civilización vasca. En busca de las raíces de nuestro pueblo.
Sobre los “iluminados” varios que han construido una patria a su imagen y semejanza: “Sabino Arana conservó de su entorno familiar y de sus orígenes carlistas un profundo catolicismo que transmitió a su partido, bautizado como Eusko Alderdi Jetzlaea (EAJ-PNV), en el que lo de Jeltzalea procede de un acrónimo que significa Dios y ley antigua, el pueblo vasco, en efecto, descendería de Túbal, nieto de Noé, venido directamente desde el Paraíso hasta Euskadi (…) Otro elemento central de la ideología aranista era el racismo, muy boga en la Europa de la época …”
En este sentido, capítulo aparte merecen todas las referencias a los movimientos folcloristas iniciados en el siglo XIX, con referencias muy divertidas a la juventud de ciertas tradiciones ancestrales, tal y como se desprende del término  “la invención de la tradición”, acuñado por algunos autores de la época. Paralelamente, nos describe todo el movimiento literario que fantaseó con las historias nacionales, como es el caso de Mosen Jacinto Verdaguer, frecuente ganador de premios literarios en los juegos florales de Barcelona desde 1859 y que en su largo poema épico Canigó describe fantasiosas historias medievales que habrían ocurrido durante la invasión musulmana.
En el libro se da un repaso a todos los nacionalismos, de Europa a Asia, pasando por Hispanoamérica y, por supuesto, también al nacionalismo español que, “como todos los demás, se ha basado en el mito de una España eterna cuyos belicosos habitantes habrían defendido heroicamente su independencia siglo tras siglo”. En cuanto al catalán, es reseñable  cómo desmonta uno de sus principios fundacionales reivindicado hasta la saciedad precisamente en este año que cumple su tercer centenario, y es que “considerar esta contienda, como una guerra de España contra Cataluña es un anacronismo o un desvarío (…)  la lucha de 1714 es un conflicto de sucesión entre Austrias y Borbones”. (…) En aquella guerra que las niñas españolas cantábamos   lo de quisiera ser tan alta como la luna, “las simpatías políticas por uno u otro bando estaban muy dividas, incluso entre ciudades muy cercanas, como la Alcalá austracista y el Madrid borbónico, o la Tortosa borbónica y la Barcelona austracista”.

Una de las conclusiones del libro: “Parece evidente que en el enfrentamiento de las ideas entre nacionalismo y lucha de clases fue el primero el que salió victorioso y que de los dos hijos más o menos legítimos de Hegel, por así decir, uno de ellos no pudo resistir el fracaso político del comunismo y el derrumbe del muro de Berlín y el otro, en cambio, ha salido incólume y con renovados bríos de los excesos nacionalistas de las dictaduras fascistas”.
Pero no quiero dejar la idea de que el libro es un alegato denostador del nacionalismo en sí mismo. Como casi todo en la vida, los nacionalismos también han tenido aspectos positivos. Para poner un ejemplo ambivalente a su vez, el autor cita el caso de Francia, nación que comenzó antes que ninguna otra la política expresa de fomentar una única lengua nacional, el francés, que básicamente era la lengua de los parisinos pero no de otras regiones de Francia. Para conseguir imponer este idioma a toda la nación fue trascendente la actuación del ministro de Instrucción Pública Jules Ferry (1879-1881). El fue el autor de leyes que impusieron la enseñanza obligatoria, laica y gratuita en pugna con la enseñanza católica y quien extendió la educación secundaria a las niñas.
En cualquier caso, el libro no tiene desperdicio. Para mí ha sido muy ilustrador y, aunque el tema es muy denso y está escrito con gran erudición, no deja de ser muy divulgativo y divertido por todas las curiosidades que desvela. Especialmente cómicas o surrealistas o ambas cosas a la vez resultan los capítulos dedicados a las banderas y a los himnos nacionales.