miércoles, 4 de septiembre de 2019

Juanito Bayle

Una vez leí que "somos lo que dejamos" y, en el caso de Juan Olacia, esto ha sido evidente. El reguero de personas, cariño, simpatía y emoción que ha inundado las viejas calles y caminos de este pueblo son prueba de todas las virtudes y el carisma de su personalidad. 

Juanito ha sido capaz también de arrancarnos la mejor interpretación del "S'ha feito" que en este pueblo se ha escuchado y se escuchará jamás. Y la más triste...

También los mejores poemas. 
P.C.


JUANITO BAYLE


 Siempre es demasiado pronto para perder a un ser querido;
 y sin embargo, cuando ocurre,
 ya es demasiado tarde.

Tarde para hacer todas aquellas cosas que alguna o tantas veces
planeamos hacer juntos y no hicimos.

Tarde para decir todas aquellas cosas que alguna o tantas veces
quisimos decirle y no supimos encontrar la ocasión.

Tarde para todo ya, excepto para el recuerdo.

Para recordar su cara amiga de semblante bonachón,
sus ojillos vivarachos,
su frente amplia y reluciente
su sonrisa amable y franca.

Trabajando en su huerto por la mañana,
enseñando unas setas cogidas “de pasada”
o unas perdices cazadas “después de cansarlas”,
haciendo disfrutar a sus rivales del guiñote, como a él le gustaba,
preparando sus calçotadas o sus vermús y berberechos
con vinagre y pimienta detrás de la barra,
o con su sombrero rondador marcarse un solo de trompeta en la plaza para la fiesta.

Para recordar todas aquellas cosas que alguna o tantas veces hicimos juntos
y exprimirles así una penúltima gota de felicidad,
un poco triste, tal vez hoy,
tal vez hoy un poco amarga;
pero felicidad al fin, auténtica y nuestra.

Antonio Ezquerra


lunes, 2 de septiembre de 2019

Adiós, Juanito, adiós


Adiós, Juanito, adiós.

Te vas pero te quedas
aquí, entre nosotros,
donde gustabas,
haciendo lo que amabas.

Te quedas pero te vas,
a paso ligero, erguido,
con alegría, con determinación, 
como tú eras.

Lo que no sabes,
ni siquiera imaginas
es el gran vacío que dejas,
tan grande como el espacio que llenabas
y que ahora sólo ocupa la tristeza.

                               Adiós, Juanito, adiós.




No tenemos palabras para expresar la conmoción que embarga a todo el pueblo de Troncedo tras la trágica desaparición del amigo, del buen amigo, Juan Olacia Viu. Ya nada será lo mismo...

P.C.

lunes, 19 de agosto de 2019

Un paseo muy urbano por el Sobrarbe zaragozano


 
La calle Sobrarbe arranca en el mismo puente de Piedra zaragozano

Los responsables de nominar las calles de Zaragoza no se han olvidado de incluir las referencias a Sobrarbe. Además lo han hecho de manera bastante apropiada en mi modesta opinión; primero, por la localización, ya que muchas de las vías “sobrarbenses” están en la margen izquierda del Ebro, como si se hubiera pretendido orientar los rótulos callejeros hacia los lugares evocados; y, segundo, por el barrio en el que se ubican la mayoría, el entrañable Arrabal, un barrio obrero en cuyas humildes viviendas se instalarían muchos de los montañeses que emigraron a las ciudades, aunque  no fuera el mayor porcentaje de los que lo hicieron en total porque ya sabemos que por este territorio han prevalecido como  foco de atracción migratoria las tierras catalanas.

Tras este preámbulo, empezamos el peculiar recorrido “montañés”  y la cosa promete pues partimos de uno de los puntos más antiguos y emblemáticos del paisaje zaragozano, el puente de Piedra, un monumento del s. XV levantado en el mismo emplazamiento donde se sabe que anteriormente hubo uno de factura romana y que constituyó un punto neurálgico de batallas durante los Sitios de la guerra de la Independencia en los inicios del s.XIX;  en la actualidad se halla custodiado por cuatro leones de bronce del escultor Francisco Rallo que representan al animal que protagoniza la enseña de la ciudad.  Es allí mismo donde comienza la calle Sobrarbe que, con su larga perspectiva y edificios de empaque iniciales nos anima a pensar que se ha reservado al viejo condado una vía urbana de notable importancia. Sin embargo, conforme vamos avanzando, nuestro gozo  se convierte en un pozo ya que, salvando algunas excepciones, entre los que se encuentra la iglesia de Altabás, el centenario colegio Cándido Domingo  y poco más, lo que encontramos a ambos lados de la calle son modernos edificios de los años del desarrollismo que sustituyeron en su día a las casas de los hortelanos del viejo arrabal. Es decir, altos bloques de pisos que carecen de valor estético alguno. Y, lo que es más grave, pareciera que los urbanistas o munícipes se hubieran arrepentido de dedicar una calle de este porte a Sobrarbe y, a escasos trescientos metros de su inicio, decidieran cambiarla de nombre y dedicar más de tres cuartas partes de la vía al monasterio de San Juan de la Peña, cambiándole incluso la categoría, pues de calle pasa a ser avenida. Menos mal, que su último número, el 63, ha quedado inmortalizado en un bar en el que poder ahogar el chasco que nos acabamos de llevar…
Final de la calle Sobrarbe
público

Prácticamente desde este punto podemos acceder fácilmente al resto de calles del itinerario propuesto inicialmente. Aunque todas estén próximas no dejarán de sorprendernos algunos contrastes; por ejemplo, cruzando a la otra acera y girando a la derecha nos adentramos en la calle Bielsa, localidad a la que le han dedicado una de las nuevas y modernas vías que se abrieron con la reurbanización de los terrenos industriales próximos a la vieja Estación del Norte, así que los belsetanos que se acerquen a comprobarlo no echarán del todo en falta el verdor ambiental pues se trata de un entorno con abundante arbolado y amplios espacios ajardinados. También moderna pero con mayor densidad de cemento y ladrillo es la contigua y paralela que lleva el nombre del Valle de Bujaruelo. El cambio es notable cuando, pocos metros más adelante, volviendo a atravesar la vía que ya no se llama Sobrarbe como hemos apuntado, y haciendo esquina con la Peña Oroel (Penya Uruel) encontramos la embocadura a lo que parece un pequeño callejón, escondido, angosto y duro que se ha rotulado como Valle de Gistaín; eso sí, en compensación, nos hemos adentrado ya en la zona en la que el ayuntamiento ha incorporado un callejero bilingüe en lengua castellana  y aragonesa, será que nos estamos aproximando más a los pocos valles donde se conserva esta última.  En honor a la verdad, una vez que vamos avanzando por este urbanita “val de Chistau”, hay que reconocer el esfuerzo de sus vecinos por arañar un poco de terreno para ubicar algo parecido a un jardín que suavice la dureza de la arquitectura que los rodea. Prácticamente paralelo al Val de Chistau, dos calles más abajo se sitúa la calle Cañón de Añisclo y, en este caso, el nombre va muy acorde con la disposición de la vía que queda encañonada entre unos humildes bloques de pisos obreros con pequeños jardines muy bien cuidados junto a las respectivas entradas y las vallas del colegio público E. López y López al otro lado, de tal manera que sólo permite el paso de viandantes en pareja a lo sumo.
Calle Cañón de Añisclo


Valle de Broto
Recorremos todo el cañón y hacemos un punto y aparte porque la ocasión lo merece. Hemos llegado a la avenida Valle de Broto que se ha convertido en una de las arterias principales de la margen izquierda del Ebro y de toda la ciudad, uniendo los barrios que quedan a ambos lados de la Avenida de los Pirineos (la carretera de Huesca); es decir,  los más recientes del lado del Actur y Parque Goya con los más añejos y populares del Arrabal, Picarral, La Jota … hasta cruzar de nuevo el río por el puente de la Unión  hacia Las Fuentes y los barrios del este y del sur.
Calle Monte Perdido
Avanzando un poco más hacia el norte, un poco escondida (otra vez en justa correspondencia al topónimo), llegamos a la calle Monte Perdido que no tiene ni de lejos las dimensiones ni la belleza que caracterizan al macizo pétreo más emblemático de nuestra tierra. Lo único a destacar son unos imponentes ejemplares de pinos piñoneros que bordean las aceras y revientan el asfalto con la fuerza de sus raíces. En estos últimos años, he visto cómo alguno ha sucumbido a las motosierras municipales precisamente porque su grandioso porte unido al fuerte cierzo que azota esta tierra amenazaba la integridad de los viandantes.

Muy cerquita, casi a la sombra de los Treserols, nos encontramos con Lucien Briet, o mejor dicho, el colegio público que honra a uno de los pirineístas más reconocidos por estos lares, el francés más aragonés como lo calificaron en vida sus amigos del Alto Aragón, cantor de las bellezas de Ordesa y promotor de la creación del Parque Nacional. Todos esos méritos, me consta, pesaron a su favor cuando hace poco más de una década hubo que elegir un nombre para este colegio bilingüe español-francés.

Colegio Lucien Briet
Nos pasamos al otro lado de la carretera de Huesca (recordad, Avenida de los Pirineos) y tenemos un buen paseo por delante hasta encontrarnos con la Ronda de Boltaña. Salvo que nos hayamos pertrechado de buen calzado será mejor que cojamos una bici o un patinete de estos que han proliferado repentinamente por todas las aceras pues tenemos que llegar hasta los límites de la ciudad y del nuevo barrio Parque Goya II que es el que enmarca esta gran avenida. Una vez allí, nos produce cierta tristeza comprobar que, pese a la amplitud y la prestancia que le da el abundante arbolado a la vía con la que se le  honra,  la Ronda verdadera no encontraría vecinos a los que rondar si se decidiera a entonar sus canciones por estas aceras amplias y cuidadas pero totalmente inhóspitas; lo que, por otra parte, no deja de ser metafórico y  un punto de concomitancia con muchos de sus temas dedicados a lugares sin gente. Eso sí, como no hay paredes en las que poner azulejos se optó por una manera muy elegante de rotularla, una placa metálica colocada en un monolito que preside la avenida y que, los propios rondadores, bajaron a inaugurar.

Ronda de Boltaña

Hasta ahora la ruta ha transcurrido por una zona muy familiar para mí, sólo he tenido que variar ligeramente algunos de mis desplazamientos habituales en busca de los lugares evocados por unas letras encerradas entre media docena de azulejos de clásico diseño. Sin embargo una vez completado el recorrido por estas calles de la zona norte de la ciudad (o del “barrio sur de Huesca”, como lo llaman con retranca los oscenses), caigo en la cuenta de que hay algunas ausencias notables así que me pongo a investigar en San Google y descubro que las localidades de Aínsa y Boltaña no tienen cabida en el casco urbano, para encontrarlas habría que salir de la ciudad en dirección Valencia y desplazarse hasta el barrio de Santa Fe, lo cual, además de físicamente, también se aleja del objetivo de esta ruta “sobrarbense” por el casco urbano zaragozano.   Sin embargo, he descubierto  que las calles Ordesa y Torla, topónimos que igualmente había echado en falta, existen y se encuentran en el otro extremo de Zaragoza, en la zona alta de la ciudad, el barrio de Torrero; así que dedico una mañana de domingo a acercarme hasta allí, un paseo ciudadano de casi nueve kilómetros entre ida y vuelta (un buen entrenamiento para cuando emprenda la caminata por los territorios genuinos) y, una vez en el lugar, comprendo por qué no tenía conocimiento de su existencia. Son dos calles sin personalidad, prácticamente idénticas, paralelas y muy próximas, que no llegan a los cien metros  de longitud cada una y que forman parte de uno de los múltiples grupos de casas sindicales del franquismo (la Obra Sindical del Hogar). Si bien es la misma topología de bloques de pisos que alojaban prácticamente el resto de topónimos de nuestra comarca en el barrio del Arrabal, aquí se me antojan todavía más humildes y tristes si cabe y, si  en una mañana soleada y primaveral de un domingo de este año 2019, me causan esta amarga impresión no quiero ni imaginar qué sería cuando se levantaran, no sólo por la época gris en sí misma sino porque además en lugar de los espacios abiertos y de construcciones modernas en los que ahora desembocan, en su momento ambas calles abocaban directamente a las tapias de la antigua cárcel de Torrero, hoy derruida, y los árboles que ahora dan cierta sombra y señales de vida al espacio entre bloques no serían mas quecalle incipientes brotes.
Número 13 de la calle Torla










Calle Ordesa


Termino este recorrido urbano de la comarca por las calles de la última capital del antiguo Reino, en la creencia de que no se me ha escapado ninguna referida a nuestra comarca pero lo hago con estrambote, a la manera de los clásicos, una humilde referencia  a un  rincón sobrarbense muy personal; se trata de un pequeño murete que alberga una torpe reproducción de una ilustración de Ramón Acín para el libro La fiesta del Árbol de Joaquín Costa publicado en 1925 por la editorial de Vicente Campo en Huesca. En mi caso, se trata de una alegoría a una entrañable carrasca sita en Troncedo (La Fueva) a cuya sombra se han cobijado y han soñado varias generaciones de mi familia.

Mi casaaaa (no la de E.T.)
Dibujo de Ramón Acín

P.C. (Artículo publicado en la revista El Gurrión, nº 156)


sábado, 27 de julio de 2019

El caixigo del Tancau

Y, tal y como se anunciaba en la entrada anterior, el fantástico recital de Alba y Eva concluyó con un tema muy especial y emotivo para todos los asistentes. Se trata de la adaptación musical realizada ex profeso para la ocasión de un poema que en su día, Ana Tena, tía de Alba dedicó al que sin duda es el ser vivo más antiguo de Troncedo, el caixigo del Tancau o de Castro que es un ejemplar incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de Aragón publicado por el Gobierno de la Comunidad. 

Momentos y sensaciones que quedarán para siempre en nuestro recuerdo. 
Gracias, muchas gracias.




El Caixigo del Tancau

D'entre los caixigos pinchos, 
que tiene el monte Tronzedo,
en hai uno en la Portiella
que ye l'orgullo del pueblo.

Ni cuatro ombres lo rodian
el tronco rezio y zereño.
Los suyos camals s'extienden
asta ocupar medio zielo.

Si te sentas adebajo
y zerras los ojos pretos,
se siente la mosiqueta
que fa el aire al bate-lo.

Canta una canzión de siglos,
melodías de recuerdos,
d'almas que a la suya sombra
ban dejar el suyo aliento:

Tronzedanos d'otros tiempos
que mos ban pasar primero,
que mos ban dejar las casas,
las bidas y lo que semos.

Tú, caixigo, has iu guardando
la memoria de los nuestros,
l'has clavau fonda en la tierra
medrando t'ato zereño.

Medras tanto p'alcanzar
a los hijos que están lejos;
con la magia el tuyo berde
tornar-los quies ta Tronzedo.

Pos aquí mos tiens, caixigo
los de zerca y los de lejos
pa onrar memorias pasadas
y t'adeban los ojos puestos
pa  fer de berde-caixigo,
el futuro de Tronzedo



domingo, 21 de julio de 2019

Manos (y voces) de mujer

Difícil elegir una canción entre todas las que Alba Mur y Eva Pons dejaron reverberando por las paredes de la iglesia de Troncedo el pasado 22 de junio. Una primera parte dedicada a la canción sefardí y una segunda parte compuesta por una magnífica selección de canciones de autor en español de uno y otro lado del océano constituyeron un inolvidable concierto que concluyó con un  emotivo broche de oro que merece comentario aparte.

Esta hermosa versión de un tema de la colombiana Marta Gómez que Alba nos dedicó a todas las mujeres de Troncedo da prueba de todo lo anterior. Gracias.



 Una canción que habla de esas manos  infatigables de madres, hijas, hermanas y abuelas que, a lo largo de los siglos, han ido sosteniendo y construyendo el mundo, la mayor parte de las veces en un silencio forzado.

 Mano fuerte va barriendo, pone leña en el fogón
 mano firme cuando escribe una carta de amor
 manos que tejen haciendo nudos
 manos que rezan,
 manos que dan,
 manos que piden algún futuro pa' no morir en soledad.

 Mano vieja que trabaja va enlazando algún telar,
 mano esclava va aprendiendo a bailar su libertad,
 manos que amasan curtiendo el hambre con lo que la tierra les da,
 manos que abrazan a la esperanza de algún hijo que se va.

 Manos de mujeres que han parido la verdad.
 Manos de colores aplaudiendo algún cantar.
 Mano fuerte va barriendo pone leña en el fogón
 mano firme cuando escribe una carta de amor,
 manos que tiemblan,
 manos que sudan,
 manos de tierra maíz y sal,
 manos que tocan dejando el alma,
 manos de sangre de viento y mar,
 manos que tiemblan,
 manos que sudan,
 manos de tierra, maíz y sal,
 manos que tocan dejando el alma,
 manos de sangre, de viento y mar

domingo, 9 de junio de 2019

De mares, montañas y playas inexistentes




...Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo,


en la ladera de un monte

más alto que el horizonte,

quiero tener buena vista.


Mi cuerpo será camino
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.


Cerca del mar, porque yo

nací en el Mediterráneo ...





Serrat nació en el Mediterráneo pero, si hubiera nacido en La Fueva, quizás hubiera elegido este emplazamiento para dar verde a los caixigos y amarillo a la genista. El agua nos queda lejos pero desde la partida de La Oliva en Troncedo divisamos al fondo del valle un mar de montañas entre las que destacan el macizo de Monte Perdido, la Peña Montañesa y Cotiella. 

En fin, que desde esta atalaya no nos importa tanto eso de no tener playa.

Y una vez evocada esta hermosa canción, nada mejor que escucharla. Si bien es cierto que en estos tiempos en lo que el viejo Mare Nostrum  se ha convertido en una cada vez más infranqueable barrera y fosa común de quienes ahogan en él sus cuerpos y sus ilusiones, hablar y cantar al Mediterráneo no puede obviar esa injusta realidad. Eso nos lo dejó patente el propio Serrat en esta versión en la que, junto con numerosos amigos y amigas, mostraba su solidaridad con los de la otra orilla.


XVII Jornada cultural




Si siempre tienes un motivo o dos o tres... para volver, el próximo sábado 22 de junio tienes muchos másssssss....



martes, 16 de abril de 2019

La España vacía contada por quienes la habitan

Pili, con su inseparable Tron

En estos tiempos de campaña electoral quasi permanente, eldiario.es tiene una sección titulada Si yo fuera presidente/a en la que entrevista a “personas comunes” de los distintos sectores de la sociedad, para que expresen las necesidades de actuación política que detectan en su día a día. Una de las periodistas de  este medio digital que tiene profundas raíces en Troncedo recibió el encargo de contactar con una persona del mundo rural para conocer sus opiniones y, cómo no podía ser de otro modo, puso la mirada en su tierra y así es como le propuso a Pili García que respondiera a su cuestionario.  No pudo elegir mejor, pues además de por opción personal, también por su trayectoria laboral durante más de dos décadas conoce profundamente el terreno. Sus respuestas han sido tan certeras que incluso la DPH se ha hecho eco de las mismas, compartiendo la entrevista en su página de Facebook.

 Pili pone el acento en cuestiones fundamentales como son las peculiaridades diversas de la “España vacía o vaciada” de la que tanto estamos oyendo hablar últimamente, que ya es algo. En sus declaraciones señala varios aspectos muy importantes: 

-  no son lo mismo los pueblos que  pasan del millar o varios millares de habitantes que los de  Sobrarbe y otras muchas comarcas aragonesas, donde para alcanzar esas cifras hay que remitirse a la comarca entera; 

- las políticas y debates sobre la problemática de la España rural no cuentan las más de las veces con la opinión de los habitantes de esas zonas;

- existe una dificultad añadida de desarrollo personal y profesional para las mujeres que las empuja a abandonar los pueblos y detrás de ellas van las familias reales o potenciales;  

- la necesidad de mejora de las carreteras es prioritaria y, una derivada fundamental de su estado es la asistencia sanitaria; 

- las dificultades de encontrar vivienda para los pocos que hacen intención de residir en estas pequeñas localidades es una realidad; 

-  las trabas administrativas dificultan la salida de las producciones de pequeñas empresas familiares… 

Pero si algo es especialmente destacable en este análisis, quizás por lo poco que se hace hincapié en ello, es la puesta en valor de la escuela rural que se desprende de sus palabras, pocas veces se habla tan en positivo porque se suele poner el foco sólo en las carencias. Y tampoco Pili obvia los problemas de las escuelas de pueblo pero los centra en las necesidades de permanencia, tanto de la escuela en sí misma como elemento de sujeción de la población como de otro factor del que tampoco se habla todo lo que se debiera, la poca continuidad del profesorado en los pueblos, una falta de arraigo a la que la administración debería poner remedio con incentivos de distinta índole.

Pincha aquí si quieres leer la entrevista completa.

jueves, 4 de abril de 2019

¡A por el número 16!

Recién iniciada la distribución del caixigo extraordinario y monográfico  que os anunciábamos hace unos días, nos ponemos de nuevo en marcha para organizar las imágenes y documentos que hemos ido recopilando y que conformarán el próximo boletín ordinario de  nuestra publicación anual. Será ya el decimoséptimo ejemplar de este bosque de papel y sentimientos que estamos levantando  entre todos desde junio de 2003 que es cuando apareció el número 0.

Por esta razón damos aviso a todas las personas que quieran participar en la revista El Caixigar aportando testimonios, reflexiones, noticias, fotografías... que tengan relación directa o indirecta con Troncedo. Aunque siempre la temática se vincula al pueblo y al territorio no es obligatorio circunscribirse estrictamente al mismo, no olvidemos que desde lo local podemos abarcar lo global o, como dice el proverbio, "Cada teja de mi pueblo explica el mundo" .

Todavía estáis a tiempo pero no os descuidéis, a finales de  abril se acaba el plazo. 

miércoles, 3 de abril de 2019

Album de Huesca

Albúm de Huesca es un proyecto colaborativo promovido por la DPH para recopilar fotografías de los altoaragoneses. En una primera etapa nos invitaban a compartir recuerdos personales con el objetivo de construir la memoria sentimental de la provincia y posteriormente se amplió la mirada al territorio para mostrar la relación entre personas y lugares. Os animamos a explorar las imágenes aportadas por cuantos han respondido a esta invitación; seguro que que todos los originarios de estas tierras podréis revivir tiempos y emociones. Además se trata de un proyecto abierto del que todos podemos enamorarnos y en el que participar.

Una captura de pantalla  "al azar" del álbum. 

domingo, 10 de febrero de 2019

El olvido es la falsificación del pasado

Hace unos días Carles Francino y Elvira Lindo entrevistaban en el programa La Ventana de la Cadena SER  a Mercedes Hernández, Presidenta de la Asociación de Mujeres de Guatemala, que relataba cómo en su país han realizado una importante tarea de denuncia de las atrocidades de la dictadura y de dignificación de las víctimas. Reflexionando sobre las trabas que en España se han puesto y se siguen poniendo a la recuperación de la Memoria Histórica dejó una frase que me impactó: "El olvido es la falsificación del pasado". Creo que puedo asegurar que todos los que colaboramos y los que reciben  con agrado los ejemplares de nuestros boletines anuales (los caixigos que van formando un gran Caixigar de papel) podríamos suscribir esta afirmación. No queremos y no podemos olvidar  porque sólo sobre  la presencia del pasado en nuestra vida podremos sustentar un  futuro mejor. Al fin y al cabo cada generación  es un eslabón imprescindible para conformar  la cadena de la Historia.

 En esta línea de recuperación de la memoria, hace tiempo que me rondaba la idea de recoger algunos episodios de  la década de los cuarenta del pasado siglo, cuando a las penurias propias de la posguerra y la dictadura imperante (miseria, racionamiento, represión, falta de libertades...) se sumó por estos lares la presencia intimidatoria de grupos de guerrilleros antifranquistas (maquis). Ha sido una ardua tarea porque el impacto de aquella tormenta (palabra tomada en préstamo de las referencias literarias) en el espíritu de los testigos fue tan profundo que todavía hoy cuesta recabar testimonios. La mayoría de los que lo vivieron directamente ya se nos han marchado y los que aún quedan vivos eran muy jóvenes, prácticamente niños, pero siguen llevando marcadas en su espíritu las consignas de silencio, dolor, miedo o incluso, vergüenza para hablar.  A pesar de todo, con la colaboración de unos pocos se han podido recoger pequeños episodios, casi anecdóticos  a los que  dar cierta coherencia en el contexto histórico español y mundial, con la pretensión de condensar la información en un artículo para un próximo número de la revista El Caixigar.

Sin embargo esa pretendida "condensación" abarca tal número de páginas que se ha erigido en un único y  monográfico número de la revista que próximamente estará a disposición de las personas interesadas. Y digo esto último porque esta vez no se va a distribuir gratuitamente entre los socios de la Asociación Cultural Castillo de Troncedo como en otras ocasiones. Dado el  carácter extraordinario de esta edición y su no inclusión en los presupuestos anuales la distribución se realizará a demanda. Eso sí, con un precio especial para los socios y socias. 

Sin haberlo pretendido inicialmente, la aparición de este número extraordinario coincide con el 80º aniversario del exilio español. Por ello es una satisfacción pensar que  aunque sea con un sencillo y humilde documento local, también desde Troncedo contribuyamos al programa de actos de recuerdo y homenaje.

sábado, 2 de febrero de 2019

Matilde, hija de la emigración


El pasado 13 de enero falleció mi prima Matilde Lascorz Lacambra. Había nacido en 1932 así que en marzo próximo hubiera cumplido 87 años,. Pertenecía a la primera generación de hijos del masivo éxodo migratorio de los pueblos aragoneses a Cataluña. Sus padre, Antonio Lascorz, era originario de la aldea de Tricas (hoy engullida por el bosque)  y se había  criado en otro lugar de Sobrarbe que hoy también está abandonado e igualmente confundido entre la maleza,  Lacort. Su madre, Rosalía Lacambra, era de casa Albañil de Troncedo  y siendo prácticamente una niña fue a servir a Barcelona. Ambos se conocieron allí, en el Centro Aragonés de la ciudad condal, lugar de encuentro dominical para todos aquellos aragoneses desplazados a la urbe. Matilde y su madre  vivieron la guerra civil solas en una portería de l’Eixample pues Antonio había sido movilizado  al  frente y después, hecho prisionero. Por si fuera poco, un hermano de su madre, el tío Miguel, cansado de una guerra que no entendía ni encajaba con su bonhomía natural, abandonó la lucha en el fragor de la batalla del  Ebro y fue andando hasta Barcelona, donde Rosalía lo mantenía escondido en la portería. Fueron tiempos muy difíciles, en los que más de una vez madre e hija tuvieron que recurrir a robar algo de comer por las huertas de las afueras de la ciudad. Precisamente la última vez que la vi, tuvo fuerzas para dar un paseo por las inmediaciones de su casa, en el Paseo San Juan, llegando justo hasta la esquina donde a principios de siglo XX se levantó la fábrica de automóviles Elizalde, que durante la guerra fue colectivizada y destinada a la fabricación de bombas de aviación. Allí nos recordó el miedo pasado durante los bombardeos vividos muy de cerca pues su portería hacía esquina con la calle Córcega, justo en la acera de enfrente de la fábrica, objetivo de la armada italiana que colaboraba con Franco.

A pesar de todas estas vicisitudes, mis tíos se labraron una vida y pudieron dar un  buen porvenir a su hija. Ella fue la primera mujer de la familia que estudió y que tuvo una carrera profesional, un hito que no puedo dejar de reseñar por ser el eslabón familiar que conforma la cadena de conquistas en la emancipación de las mujeres españolas  en el pasado siglo. Primero ejerció de comadrona para pasar después al laboratorio del Hospital Sant Pau donde desarrolló una larga trayectoria como analista. Fue una mujer muy activa y jovial, “de buena encontrada” como decimos por estos lares, activa e interesada en la cultura, la actualidad y la política hasta el último día.

Cataluña le dio muchas oportunidades a esta parte de la familia emigrada pero ellos también le aportaron toda una vida de sacrificio, esfuerzo y amor por la tierra de acogida, un intercambio común a todos los miles de emigrantes de Aragón y de otros lugares de España, décadas de simbiosis entre las personas y los territorios que duele mucho apreciar cómo obvian muchos discursos simplistas en la actualidad. Matilde era muy catalana pero nunca olvidó de donde venía y ha vivido estos últimos tiempos con la inquietud y el enojo con el que toda persona lúcida y bien informada  como ella podrá comprender fácilmente.

Conocida y apreciada, me consta, por todos los de Troncedo que acabaron recalando en Barcelona y que, con frecuencia, visitaban a sus padres para charlar animadamente sobre los temas y las personas de estos lugares de Sobrarbe. De paso también, aprovechaban para pedir consejo al Dr. Cebolla como cariñosamente se conocía a mi tío Antonio, por su sabiduría autodidacta en temas de alimentación y medicina natural. Matilde nunca perdió  el vínculo con el pueblo, la casa y la familia de su madre.

Descanse en paz, mi querida prima a la que tengo que agradecer el descubrimiento de muchos lugares y experiencias en mi vida. No recuerdo ahora el momento preciso pero estoy segura que la primera vez que vi el mar, lo haría de su mano y el primer baño en aguas mediterráneas, eso sí que lo guardo en mi memoria,  también fue en su compañía.



No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.
Soy como un diamante en la nieve,
brillando.
Soy la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy la lluvia gentil del otoño esperado
cuando despiertas en la tranquila mañana.
Soy la bandada de pájaros que trina.
Soy también las estrellas que titilan,
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí.
Yo no morí

Poema  que Matilde había enviado poco antes de Navidad a sus personas queridas. Una muestra de la lucidez y serenidad que mantuvo hasta el último suspiro.
Pilar C. Lacambra


sábado, 15 de diciembre de 2018

martes, 11 de diciembre de 2018

Un motivo más para acercarse a Aínsa en Navidad


Hasta el día 31 de enero se puede visitar en la Sala Geovisión del Castillo de Aínsa la exposición de las obras presentadas al XXV Certamen Fotográfico "Lucien Briet". En esta ocasión el tema giraba en torno a las fiestas y celebraciones de los pueblos de Sobrarbe, así que no podía faltar alguna imagen de Troncedo. Si os pasais por la exposición, quizá os encontréis con la  sorpresa de encontrar rostros y experiencias conocidas, incluso alguno/a puede llegar a reconocerse personalmente. 

Además, aunque los premios ya están concedidos, falta precisamente el que otorga el público, así que si nos lo proponemos igual llega algo hasta Troncedo. Aprovechad las visitas a Aínsa y no dejéis de acercaros por la sala.

Es igualmente una buena excusa para asomarse a ese magnífico balcón de la muralla del Castillo ...




jueves, 22 de noviembre de 2018

Los gurriones del Memorial de Torrero






El viernes ocho de junio de 2018 tuve la oportunidad de realizar una interesante y estremecedora visita por algunos lugares de nuestra memoria recuperada. Con la magnífica guía de Pilar Amador, profesora de Historia jubilada, y organizado por la Universidad Popular de Zaragoza el recorrido se desarrolló entre la cárcel de Torrero  y el cementerio del mismo nombre. El relato de  las múltiples vilezas que se sucedieron en estos escenarios desde aquel lejano viernes del 17 de julio de 1936  es tan necesario  como “voluntariamente” ignorado por las familias de las víctimas y perversamente ocultado por los verdugos, afirmaciones que dan para un tratado extenso pero en este artículo lo que quiero destacar es un detalle minúsculo de todo lo aprendido en la jornada. Se trata del grupo de pequeños pajaritos (gorriones) que se asoman al lugar donde concluyó la visita,  las aberturas en el cubo central del Memorial a las víctimas de la violencia franquista que el Ayuntamiento de Zaragoza erigió en su día en el antiguo aparcamiento del cementerio de Torrero, frente a las instalaciones del tanatorio.

El monumento se levanta muy cerca de la tapia donde fueron ejecutadas la mayoría de las 3.543 víctimas de la represión política entre 1936 y 1946, un listado que incluye personas de edades que van desde 13 a 78 años, la mayoría de la capital aragonesa, aunque las hay de otros 348 municipios. Es importante reseñar que su elevación contó con el  acuerdo unánime de todos los grupos políticos en sesión municipal de fecha 25 de septiembre de 2009 y que el Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, y sus colaboradoras Angela Cenarro, Julita Cifuentes, Mª Pilar Maluenda y Mª Pilar Salomón  se encargaron de realizar un exhaustivo estudio para establecer la identidad y circunstancias de los represaliados. La obra se compone de 3.543 placas de acero galvanizado, una por cada una de las víctimas recuperadas con indicación de su nombre  (aunque 607 no han sido identificadas) que se ordenan alfabéticamente según el día, mes y año de fusilamiento, formando una espiral de 500 metros. La información procede de los libros de defunciones del registro civil, del propio registro del cementerio, de los expedientes de inscripción del Juzgado y de los archivos militares. Las anotaciones del fraile Gumersindo de Estella, capellán de la prisión y testigo de las ejecuciones, fueron de extraordinaria ayuda para el recuento elaborado. Pilar Amador, nuestra guía para la ocasión, destacó el importante testimonio de este sacerdote, encargado de confesar a los reos de muerte y que, horrorizado por los horrores  que tuvo que presenciar (valga más que nunca la redundancia), optó por llevar un diario con los detalles de las macabras madrugadas hasta que no pudo resistir más y pidió traslado. En opinión de esta historiadora, su papel es comparable al de Goya en  los Desastres de la Guerra, ambos fueron testigos presenciales nos recuerdan que “eso fue así, yo lo vi, no me lo han contado”. (Los diarios de Gumersindo de Estella así como el estudio de la Universidad están publicados por Mira Editores y se pueden conseguir fácilmente en el mercado).
El diseño del motivo ornamental del Memorial fue obra del equipo de arquitectos de Fernando Bayo y del escultor Miguel Angel Arrudi, que construyeron en el centro una estructura cúbica de chapa, de 4 metros y medio de alto . Este cubo supone el punto de partida de la espiral formada por las chapas metálicas que recuerdan a las víctimas y en él se puede leer la inscripción: "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros", versos de un poema de Luis Cernuda. Según el escultor, el cubo "está pintado de color rojo porque simboliza la sangre, el sufrimiento y la pasión de todos los que representa este singular memorial".


La escultura, a su vez, aloja en diversos huecos y planos ( las ventanas a la libertad) una serie de gorriones de bronce a tamaño natural. Es precisamente este motivo el que me ha llevado a invitar a todos los lectores de El Gurrión a este doloroso paseo por nuestra memoria histórica. Los gorriones que se posan en los huecos del monumento fueron elegidos  como símbolo de la pequeñez y fragilidad de aquellas pobres víctimas que se vieron aplastadas por las botas militares y el fuego  de los fusiles. A su vez y, según el propio Arrudi, el conjunto crea una “sensación plástica y paisajista de gran impacto, la espiral transmite la violencia y la brutalidad de los hechos que se conmemoran”.
Entre los pasillos de la espiral que forman las interminables chapas crecen arbustos aromáticos: aliaga, enebro, romero, tomillo, lavanda, salvia, orégano, menta,... que en el momento de nuestra visita necesitaban urgentemente una poda y limpieza pues a causa de las abundantes aguas de la reciente primavera se habían extendido salvajemente. El monumento se consideró único  pues  “en él  las víctimas republicanas aparecen identificadas de forma individual por primera vez" según manifestó el Consejero de Urbanismo e Infraestructuras de la corporación municipal el día de su inauguración, el 27 de octubre de 2010. Añadió también que "no hay ningún ánimo revanchista en el Memorial y se realizó tras el acuerdo unánime de todos los grupos pues se trataba de reconocer la deuda moral que tenía la ciudad con las víctimas". Ese día fue una fecha de inmensa emoción para todos los asistentes, entre los que se contaba el entonces alcalde de Zaragoza, Juan Antonio Belloch, el presidente de Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, el de la Diputación Provincial, Javier Lambán, los alcaldes de algunas de las localidades de procedencia de las víctimas así como innumerables vecinos y familiares de los fallecidos. También asistió al acto Joan Manuel Serrat cuya madre,  como todos sabréis, procedía de Belchite.  La familia fue masacrada y ella, que era una niña,  la única superviviente que consiguió huir a pie, siguiendo las vías del tren y pudo llegar  a Barcelona donde se instaló.
Joan Manuel Serrat en la inauguración del Memorial

Termino esta breve mirada al pasado con unos tristes versos extraídos del "Díptico español", de LuisCernuda
 

La vida siempre obtiene
revancha contra quienes la negaron:
la historia de mi tierra fue actuada
por enemigos enconados de la vida.
El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,
sino de siempre. Por eso es hoy
la existencia española, llegada al paroxismo,
estúpida y cruel como su fiesta de los toros.

Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo
en creer que la razón de soberbia adolece
y ante el cual se grita impune:
muera la inteligencia, predestinado estaba
a acabar adorando las cadenas
y que ese culto obsceno le trajese
adonde hoy le vemos: en cadenas,
sin alegría, libertad ni pensamiento.

Si yo soy español, lo soy
a la manera de aquellos que no pueden
ser otra cosa: y entre todas las cargas
que, al nacer yo, el destino pusiera
sobre mí, ha sido ésa la más dura.
No he cambiado de tierra,
porque no es posible a quien su lengua une,
hasta la muerte, al menester de poesía.



Fuentes:

- FRANCO, Marta: "Cientos de personas homenajean a las víctimas del franquismo", El Periódico de Aragón, 28 de octubre de 2010


(Artículo  de Pilar Ciutad publicado en la revista El Gurrión, nº 153 (noviembre 2018)

La revista El Gurrión puede descargarse digitalmente en este enlace