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lunes, 30 de agosto de 2021

Inaugurando miradores

 

La jornada del sábado 28 de agosto tuvo muchos colores en Troncedo. El azul profundo de un cielo claro y los tonos verdes, dorados, azulados y blanquecinos de los paisajes que se podían divisar desde los dos nuevos miradores, el de Las Bruteras y el de Crucisierra, que el trabajo voluntario y voluntarioso de algunos vecinos han hecho realidad. 


Troncedo, en el punto más suroriental de Sobrarbe, queda a distancia de las imponentes montañas pirenaicas pero precisamente su situación y sus 1008 m. de altura, en la cresta de la Sierra del Torón, a caballo de los valles del Cinca y el Ésera, convierten su término en un balcón inigualable para contemplar todas estas cumbres. 

La Asociación Castillo de Troncedo ha organizado distintas jornadas de limpieza y señalización de parte de los senderos que dirigen a puntos de especial valor paisajístico y medioambiental. Concretamente, el S-3 cuyo recorrido incluye una parada en el Caixigo de Castro o Caixigo del Tancau, árbol recogido en el catálogo de árboles singulares de Aragón, y  el S-1 en el que se han  adecentado los dos miradores objeto de inauguración del sábado. 



En el Mirador de las Bruteras  se ha instalado un panel informativo que facilita el reconocimiento de los numerosos hitos topográficos y núcleos de población  que se pueden abarcar desde este singular balcón, así como un banco en el que los caminantes pueden  detenerse a contemplar el impresionante paisaje de todo el Valle dominado por la Sierra Ferrera y su Peña Montañesa en primer plano, y el resto de picos al fondo. Recomendamos especialmente acercarse al atardecer cuando queda garantizada una espléndida puesta de sol.  





El Mirador de Crucisierra, en la Cruz de San Isidro, (GR-1 , camino a Formigales), queda un poco más alejado (escasa media hora de agradable camino, mayoritariamente a la sombra), allí se ha desbrozado y repuesto la cruz. Desde este punto, se completa la vista de la vertiente oriental (Ribagorza). Quizás en un próximo empentón se pueda colocar allí también un segundo panel que nos ayude a reconocer las cumbres y los hitos que nuestra vista alcanza , entre los que destacan, tras la citada Sierra Ferrera, y de Oeste a Este, el pico de Cotiella  y el macizo del Turbón. 

 
        




 

Gracias a todos por el trabajo, la voluntad  y la buena convivencia. Y a la familia de casa Castro por ceder el uso del terreno y facilitar la adecuación del primero de los miradores. 

domingo, 8 de noviembre de 2015

Patrimonio lingüístico troncedano

Este verano, Fernando Romanos, autor de varios estudios sobre la lengua aragonesa y sus diversas localizaciones, se acercó  a Troncedo de la mano de Iñigo Guitarte para conocer algo más sobre  las "viejas" palabras del lugar.

Fernando, entre cuyas obras se encuentra un pequeño tratado de Aragonés de A Fueba, estaba interesado en investigar sobre los términos y expresiones locales en este núcleo fovano tan influenciado en todos los aspectos, cómo no también en el lingüistico, por la cercanía física y las fuertes relaciones comerciales y humanas con la vecina Ribagorza. Troncedo, ha sido y sigue siendo "territorio de frontera" a todos los efectos.

Fruto de las largas charradas con los vecinos en la puerta del club social en aquellas tardes veraniegas, fuéronse rescatando vocablos y expresiones que algunos tenían guardados, que no olvidados como se pudo comprobar, en el fondo más o menos profundo de su memoria. Así fue como el pasado 28 de octubre nos sorprendimos con una columna del Heraldo Escolar (suplemento del Heraldo de Aragón de los miércoles) dedicada a una mínima recopilación de las palabras que en esos días de estíoy tertulia fueron reflotando entre los vecinos.


jueves, 30 de julio de 2015

A la sombra de la montaña

A LA SOMBRA DE LA MONTAÑA

(reproducción íntegra del artículo publicado en la revista digital http://zgrados.com)

24 julio, 2015//Belén Remacha

Luisa y Manuela son las protagonistas de “Las faldas de la montaña”, un documental escrito y dirigido por la periodista Belén Ciutad. Ellas representan a las miles de mujeres que nacieron en las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza durante los años 30 y 40. Mujeres y rurales, doblemente invisibilizadas. Siempre a la sombra de la familia, del marido, de los hijos, del trabajo, de la montaña.

Cuando el párroco de su pueblo le pidió a Luisa que leyese esa mañana en misa un pasaje del Nuevo Testamento, ella le contestó que lo sentía, pero que se le habían olvidado las gafas de ver en casa. Era sólo una excusa: Luisa no sabe leer.
Luisa es una de las dos protagonistas del documental Las faldas de la montaña, escrito y dirigido por la periodista Belén Ciutad –Graus, 1988-. Luisa es también una de las miles de mujeres nacidas en el Pirineo, concretamente en el Sobrarbe y la Ribagorza, en las décadas de los años 30 y 40. En realidad,todas las mujeres nacidas en el Sobrarbe y la Ribagorza en las décadas de los años 30 y 40 son las protagonistas de estos 45 minutos. Mujeres y rurales, olvidadas por partida doble. Belén lo rodó todo en noviembre de 2014, con el objetivo de que llegara a tiempo para entrar a concursar en el Festival Internacional de Documental Etnográfico de Espiello. Y llegó. Por el camino, Belén encontró vidas de mujeres que durante toda su vida han vivido a la sombra de sus maridos, de sus hijos, de sus casas. A la sombra de la montaña. Su inspiración fueron sus dos abuelas, las personas, dice, que más le han marcado en su vida. ¿Qué más le llevó a plasmar la vida de Luisa, de Manuela, y de tantas otras? “Ser mujer, ser rural, y haber vivido en mis carnes lo que todavía creo que hay que superar. Las barreras, los estereotipos, que en las zonas de alta montaña siguen mucho más acentuados. Como lo típico de que si en casa tenemos tierras, tú no te vas a ir a labrar, que para eso está tu hermano”.
Belén Ciutad
Belén Ciutad
El proceso de documentación fue sencillo: a más de veinte mujeres se les pasó un mismo cuestionario, y se grabaron en voz sus respuestas; se recopilaron muchas fotos prestadas; y a dos mujeres, Luisa y Manuela, se les entrevistó delante de la cámara. Esto último no es sencillo: “primero por la vergüenza, que la tienen muy acentuada. A la mayoría no les gusta verse en fotos, se ven mayores. Por eso les pedí una foto de antes y una de ahora; la de antes te la dan con todos los amores del mundo, la de ahora no tanto”. Ante todo, Belén quiso retratar, más allá de la guerra, el poder o el trabajo, aquello que es tan simple pero tantas veces ha sido invisibilizado: lo que ellas sentían. Es por eso la importancia del amor en el documental. De entre las preguntas del cuestionario que pasaba a todas las encuestadas, hubo una respuesta que por la casi unanimidad le llamó la atención: no se casaron por amor. “Yo sabía que había casos y que no eran aislados, pero no pensaba que tantos”. En la mayoría de los matrimonios, el cariño y el amor, si es que llegaban, lo hacían mucho después de la boda. En no pocos casos, lo que llegaba tras la luna de miel (o ya durante) era una vida de malos tratos amparada por la Ley de Abandono del Hogar y por el silencio familiar y del pueblo.
La noche de bodas. Otro tema espinoso que Belén no quiso esquivar fue el sexo. El miedo con el que lo afrontaban y el descubrimiento muchos, muchos años después y en algunas ocasiones a través de una pantalla de cine o de televisión de todo un mundo diferente a lo que habían conocido es otro denominador común para esta generación. La dominación del hombre y la inexistencia de control sobre su propia reproducción, también. Sin embargo, Belén no quiso ahondar demasiado en el tema ya que la vergüenza y el pudor también afloran cuando se trata: “no queríamos que lo pasasen mal, que no les quedase mal sabor de boca ni a ellas ni a su familia”. Quisieron hacer algo, ante todo, alegre, que al verlo ni les avergonzase ni les entristeciese, “sobre todo por ellas, si les damos un documento con el que van a llorar, encima de que han sufrido y han vivido todo en sus carnes…”, me señala Ruben Mur, encargado de la preproducción, postproducción y mano derecha de la directora durante todo el proceso. El tercer vértice es Sandra Ros, prima de Belén y muy involucrada en las labores de documentación.
En sus muchos pases por los pueblos de a redolada (como el que tiene lugar en Troncedo, aldea del Sobrarbe en la que nos encontramos) los comentarios de las mujeres mayores siempre son los mismos, me cuenta Rubén: “nos dicen que ellas esto también lo han vivido, que a ellas esto también les ha pasado”. Tienen la sensación de haber creado un humilde retrato de todo un colectivo. Una pequeña crónica que narra el cambio de la vida de las mujeres rurales que nacieron en la década de 1930 hasta hoy. Cómo ha sido ser una mujer rural en el siglo XX. El documental sigue una secuencia lineal que va avanzando por todas las etapas de la vida: infancia, escuela, matrimonio, casa, hijos… Y después ya, tercera edad. Esta sucesión en la conversación con Luisa y Manuela sólo se rompe con las recreaciones que rodaron interpretadas por ellos mismos y sus familiares. Escenas crudas, pero mucho menos que la vida real. En una de ellas, una joven se esconde debajo de la cama cuando llegan a su casa para desposarla con su futuro marido; tras un buen rato, su hermano le da un ultimátum para que aparezca por el salón. En la historia real en la que está basada, el padre acabó arrastrando de los pelos a la aterrorizada moza para que hiciese lo que todos esperaban de ella. Como estos testimonios, cientos. “Muchas me decían que ir a la casa del marido cuando te casabas era lo peor que te podía pasar. Porque eras una criada, y la familia de tu marido te recordaba día a día que aquella no era tu casa, que te habían recogido de la calle, y que fueras agradecida”. Manuela habla en algún momento de esos 45 minutos de sentirse persona. Durante mucho tiempo, no supo lo que eso significaba.
Mujeres del Pirineo, tras las faldas de las montañas
Mujeres del Pirineo, tras las faldas de las montañas
El proyecto de Belén y Rubén no se queda aquí. “Ahora vamos con Las faldas de Aragón, a dar voz a las mujeres de Huesca, de Zaragoza y de Teruel, en concreto de los núcleos más empobrecidos, pequeños y de difícil acceso. Vamos a escucharlas, porque tienen mucho que decir”. Quieren abarcar, además, más generaciones: ver qué aspectos han cambiado y qué opresiones perduran en la vida de las mujeres rurales aragonesas. Quieren ligarlo con la pérdida del aragonés como lengua. Y no es un tema trivial ni casual. Luisa, durante el documental, emplea una mezcla de aragonés, catalán y español. Es así como ella sabe hablar. “Le dijimos que no se preocupara, que la entendíamos, que si era necesario la subtitularíamos, pero que hablase como supiese y como le saliese”, me explica Rubén. El aragonés ha sido siempre la lengua de casa, es decir, cosa de mujeres. Los hombres se iban a la ciudad a trabajar, hacían negocios, viajaban y tardaban tres días en conocer a los hijos. Sabían hablar español. Ellas, lo aprendieron por la necesidad que les creó la emigración o la viudez (o en algunos casos, el irse a servir de criada desde niña). La lengua de casa se quedó en casa, por imposición franquista, por vergüenza, y tal vez también por machismo.
Las vielas de Campo (municipio ribagorzano del que procede Luisa) es un juego de bolos al que sólo juegan mujeres. Un espacio para ellas que la tradición creó, como en otros pueblos, a la vez que eran expulsadas de tantos otros masculinos (el campo, la cantina, la escuela). Una microsociedad femenina que, mirada con los ojos del siglo XXI, está llena de sororidad. Basta con escuchar, mientras aún podamos, de qué tratan costumbres como esta para entender cuánto nos tienen que enseñar. La recuperación y revitalización de nuestros pueblos ha de ir pareja al empoderamiento, visibilización y ruptura de estereotipos. Las faldas de la montaña las llevan nuestras abuelas.

domingo, 28 de junio de 2015

Las faldas de la montaña


En la XIII Jornada Cultural de Troncedo contamos con la presencia de la joven periodista de Graus, Belén Ciutad, que es una de las responsables del proyecto audiovisual Las faldas de la montaña:
Pase del documental “Las Faldas de la Montaña”
“Corrían los años 30 y la precariedad, la inestabilidad política –en el conjunto del Estado español- y el analfabetismo hacían mella en toda la sociedad española. Las desigualdades y el subdesarrollo se agudizaban en todas las zonas rurales, pero todavía más, a medida que se ascendía hacia aquellos municipios montañosos (muy poblados entonces) donde los terrenos abruptos hacían escasear los accesos favorables y las comunicaciones. Centrándonos en las comarcas oscenses de Ribagorza y Sobrarbe, y en sus núcleos más castigados por las dificultades del terreno, hemos querido rescatar los testimonios de aquellas mujeres que nacieron en el periodo de 1928 a 1936. Una época en la que, a la dureza de la vida esclava en el campo, se le sumó una guerra y una fatigosa posguerra. Un periodo en el que el hecho diferencial de nacer mujer suponía aún más inconvenientes por su supeditación al hombre (al padre, a los hermanos, al marido) y en el que el arraigo a las tradiciones (el luto, la pureza de la mujer etc.), aunque poco a poco fueron desapareciendo, condicionaron totalmente el modo de vida de estas mujeres. Hemos querido saber cómo eran sus vidas y rutinas, sus alegrías y sin sabores, para poder así comprender mejor la evolución que han sufrido las vidas de las mujeres de estos núcleos montañosos hasta nuestros días”. 

Tal y como se pudo comprobar en el coloquio posterior al pase, los testimonios de las dos mujeres protagonistas del documental coincidían al cien por cien con muchas de las vivencias de nuestras madres y abuelas. Impresionante la reflexión de una de ellas cuando, recordando cómo era su vida a la luz de los tiempos actuales, decía aquello de "Ahora las mujeres son PERSONAS, entonces éramos ESCLAVAS" 

Un buen trabajo el de Belén Ciutad que nos confesó haberlo hecho con una cámara de fotos ordinaria y a toda velocidad de grabación y edición. El segundo proyecto de este tipo en el que ya está embarcada y, al parecer con un poco más de recursos económicos y técnicos, habrá que traerlo también a Troncedo.

Dibujo de Paco Sierra


sábado, 12 de julio de 2014

Lupercio de Latrás, bandolero de novela.

Latrás, perteneciente al Ayuntamiento de Sabiñánigo
Recuerdo que en la Jornada Cultural del año 2004 en Troncedo, Severino Pallaruelo ya nos habló de Lupercio de Latrás. En aquella ocasión Severino disertó sobre las tres épocas  que marcaron hitos en la historia del Sobrarbe: el s. XI, tiempos de frontera entre moros y cristianos; el s. XVI, con las revueltas de los nobles de la zona contra el creciente poder real ; y el s. XX con la construcción de embalses y los efectos geográficos y poblacionales que todos conocemos. Ahora nos encontramos de nuevo con Lupercio (ay, Lupercié, Lupercié ... como parece que suspiraba su madre cuando tenía noticia de sus correrías) entre la bibliografía que Luz Gabás cita en su última novela y tras cuya lectura, como ya comentaba, quedan ganas de saber más de la época. Entre las múltiples  referencias se encuentra un libro de 1993 del mismo Severino Pallaruelo, Bardaxí: cinco siglos en la historia de una familia de la pequeña nobleza aragonesa, y un interesante artículo que Carlos Bravo escribió en 2005 sobre el bandolero que, por propios méritos podría ser  protagonista perfecto para una novela o para una película de aventuras. De hecho, yo creo que el personaje de Surano en Regreso a tu piel bebe íntegramente (y se queda corto) de la biografía de este noble segundón que no se conformó con su destino.   Transcribo un  amplio extracto del artículo citado para que quienes hayáis leído la novela, opinéis al respecto:


"Lupercio era el segundo hijo de Juan de Latrás y María de Mur. La familia paterna era de infanzones y contaba con una dilatada tradición de servicio al rey en diversas empresas militares. Tenían su castillo, y de ahí toman su apellido, en el pueblo de Latrás, hoy perteneciente al municipio de Sabiñánigo, núcleo del que dista 15 Km. Lupercio, sin embargo, había nacido a mediados del siglo XVI en el valle de Hecho, donde la familia tenía propiedades y de donde tal vez procediera su linaje. Pedro, su hermano mayor y primogénito, siguiendo la tradición, había participado en sucesivas campañas militares hasta que, a la muerte del padre, regresó a casa para hacerse cargo de las posesiones familiares que la institución del mayorazgo le concedía. Lupercio, muy apegado a su madre desde pequeño, recibió algunos estudios en Jaca, pero pronto mostró un carácter violento que causó continuas preocupaciones a su progenitora y a su hermano mayor, persona reflexiva y moderada que intercedió por él en multitud de ocasiones hasta el final de su vida. Había un manifiesto antagonismo en la manera de ser de los dos hermanos: a Pedro le llamaban "el galán"; a Lupercio, "el trotamundos".

El primer suceso de gravedad ocurrió en Hecho, cuando Lupercio intervino como mediador en una disputa entre dos bandos que terminó con dos muertes que le fueron atribuidas. Consiguió huir, pero fue condenado a la pena capital por los jurados del valle y mandado perseguir por el rey Felipe II y por la Inquisición, acusado de formar una cuadrilla de bandoleros que atemorizaba a las gentes de aquellas tierras. Su hermano Pedro le aconsejó refugiarse en Francia y consiguió que ejerciera allí labores de espía, informando al rey de los movimientos de los hugonotes y de las intenciones del monarca francés de recuperar Navarra, que siempre consideró como suya. Agradeció el rey de España sus servicios y le conmutó la pena de muerte por la obligación de enrolarse en los tercios imperiales. Fue enviado a Sicilia como capitán de infantería, al frente de una compañía de doscientos hombres que él mismo debió reclutar previamente. Las autoridades querían limpiar de revoltosos aquellos lejanos valles pirenaicos. Hay que decir en este punto que es posible que Lupercio aceptara el ofrecimiento real por el amor que sentía hacia su prima Ana María de Mur y porque en el ejército esperaba hacer méritos para ganar su aceptación.

Estuvo Lupercio cuatro años en Sicilia: allí conoció la tacañería del rey con sus soldados y, en vez de hacer riqueza como esperaba, tuvo que pagar de su bolsillo -esto es, de la hacienda familiar- los gastos de su compañía. Consiguió, sin embargo, permiso real para ir a Roma a solicitar el perdón del Papa Sixto V. Recibida la absolución papal, no duró mucho su propósito de enmienda. Cansado de la inactividad, pidió un traslado a Flandes que le fue concedido, pero sin el esperado ascenso. Después de otra serie de aventuras marineras que le llevaron hasta  las islas Azores y Portugal y que le depararon nuevas acusaciones de no  haber prestado auxilio a un naufragio, acabó en prisión y obligado al pago de una fuerte multa. Eso dolió tanto a Lupercio que, lleno de rabia, abandonó la milicia y, ya convertido en desertor, cruzó a caballo la península hasta alcanzar tierra altoaragonesa. Juzgó tan injusto aquel suceso que a partir de ese momento se produjo un cambio irreversible en su comportamiento.

A ello tal vez contribuyó el que al regresar a su tierra natal no encontrara muy receptiva a su pretendida Ana de Mur y no pudiera anunciar su boda como al parecer era su deseo. Poco después, Ana se casó con Martín Abarca de Bolea y de esa unión nacería Ana Francisca, monja cisterciense en Casbas y reconocida escritora en lengua aragonesa. Es a partir de este momento cuando las equivocadas decisiones de Lupercio lo precipitaron por una pendiente sin retorno.

Dos conflictos sacudieron en esas fechas el territorio aragonés. En Ribagorza, el conde Martín de Gurrea -y más tarde su hijo Fernando- debió hacer frente a una rebelión de sus súbditos instigada desde Madrid por el conde de Chinchón y por el propio rey Felipe II que deseaban el retorno del condado al poder real. En la Ribera del Ebro, los enfrentamientos entre los pastores montañeses (cristianos viejos) y los moriscos (cristianos nuevos) habían aumentado de manera peligrosa. En ambas disputas participó activamente Lupercio de Latrás. Al ser solicitados sus servicios por Rodrigo de Mur, señor de Lapenilla, decidió acudir a Ribagorza para ayudar a los defensores del conde. El de Latrás, antes de ir a Ribagorza, se encaminó hacia la ribera del Ebro para reclutar partidarios que le acompañaran en su empresa de ayudar al conde a salir del apuro en que se hallaba. Allí expuso sus planes a los feroces cabecillas de los pastores tensinos que encabezaban la revuelta contra los moriscos de la tierra baja. Cuando los montañeses quisieron terminar las sangrientas acciones emprendidas, Lupercio se sumó a ellas y participó en las terribles matanzas perpetradas en las poblaciones de Codo y Pina de Ebro. Los cronistas de la época documentan con detalle las espeluznantes escenas producidas en los saqueos y las destrucciones que causaron cientos de muertos entre los moriscos. La situación llegó a tal extremo que las autoridades tomaron cartas en el asunto: se organizaron partidas que persiguieran sin tregua a los alborotadores, quienes, por sus antecedentes militares, habían nombrado a Lupercio su capitán.

Fue entonces cuando el de Latrás, pese a que muchos de sus hombres no le secundaron en la empresa, se dirigió a Ribagorza, donde Rodrigo de Mur y los partidarios del conde resistían en el castillo de Benabarre. Sin embargo, cuando Lupercio y los suyos llegaron a Benabarre ya no fue necesaria su intervención. Poco tardó, sin embargo, "el trotamundos" en volver a las andadas, y esta vez de manera muy sonada. Se lanzó nada menos que a la toma de la villa de Aínsa. Hizo creer en un principio a sus habitantes que lo hacía en nombre de los diputados de Aragón, que no querían que el rey de España acabara con las libertades y los fueros del Reino. Pero pronto quedó al descubierto el embuste, provocando gran enfado tanto entre los diputados aragoneses como en los círculos reales, decididos a poner fin de una vez por todas a las acciones violentas de Lupercio y su cuadrilla. Se publicaron bandos y se puso precio a su cabeza. Pero en un rasgo de provocadora osadía, el bandolero bajó hasta Zuera y colgó pasquines en los que se ofrecía una recompensa por la cabeza del virrey.

Sin embargo, en esta ocasión, las autoridades estaban dispuestas a llegar hasta el final y emprendieron una persecución implacable sobre Lupercio y los suyos. Pese a todo, el de Latrás, en sucesivos alardes de valentía y astucia, conseguía escapar una y otra vez de sus perseguidores. Esta carrera llevó a unos tras los otros de Sangüesa a las Cinco Villas y, más tarde, a Almudévar, Grañén y Lanaja, hasta llegar a Candasnos, donde Lupercio, rodeado por completo, consiguió escapar "in extremis". Quedó diezmada la partida en la refriega y más de ochenta de los suyos fueron allí mismo ejecutados como escarmiento.

Se refugió entonces el de Latrás en la villa de Benabarre. Al ser detectada su presencia, mandó el gobernador un gran número de hombres que cercaron el castillo de la población ribagorzana. Aunque parecía imposible, Lupercio consiguió escapar de nuevo sobornando a algunos sitiadores. Desapareció un tiempo de la escena y anduvo errante por diferentes lugares. Otra vez aconsejado por su hermano, pasó a Francia y más tarde a Inglaterra. Fue nuevamente su protector Pedro quien, al parecer, convenció al rey para que conmutara la pena de su hermano y aprovechara su estancia en tierras británicas para volver a usarlo como espía. Es posible que en esta función Lupercio aún prestara alguna ayuda de utilidad a la corona. Quiso volver a España y lo hizo enrolado en un barco de piratas que pretendían robar en varias poblaciones de las costas del Cantábrico. Una fuerte tormenta provocó que la embarcación encallara cerca de Santander. Lupercio fue hecho prisionero, trasladado al alcázar de Segovia y ejecutado en secreto por orden del rey.

Terminaba así la vida de un personaje que habría de convertirse en leyenda -una canción popular chesa lo recuerda todavía en esas tierras-, y que es un exponente máximo de las revueltas y alteraciones que sacudieron al Reino de Aragón en la segunda mitad del siglo XVI"

Aunque Lupercio hubiera nacido en Hecho y su familia poseyera castillo y tierras en el lugar de Latrás, ya vemos que no se detuvo ante ninguna frontera para sus correrías pero además hay que señalar que estaba muy vinculado a  territorios bien próximos a los nuestros según escribe Alfredo López Lanaspa en el Volumen XXXV de la revista Serrablo, "en 1412 Sancho Sanz de Latrás le juró fidelidad al rey Fernando en Zaragoza, posteriormente Pedro Sanz de Latrás sería heredado por su hermano Juan Sanz de Latrás, caballero de la orden de Santiago y esposo de Esperanza Mur de Bardaxí, hija de Ramón de Mur señor de Pallaruelo de quien recibió como dote el lugar de Ligüerre de Cinca junto con el valle de Lierp y la villa del Turbón.  Lupercio Latrás, esta vez ante el notario Juan Villanueva, en 1582 vendió a su madre María de Mur los bienes que habían pertenecido, a su tío Pedro Latrás, de quién Lupercio sería heredero universal según se desprende del testamento público llevado a cabo en el castillo de Latrás ante Juan de Xavierre menor, notario público de Jaca" Creo recordar que, en la conferencia citada al principio de este artículo, Severino situaba a Lupercio de niño (cuando aún era Lupercié) en la Casa Palacio de Ligüerre.

1591, tropas castellanas entrando en Zaragoza



martes, 5 de abril de 2011

Antonio Angulo Araguás

Antonio Angulo Araguás forma parte de una generación de zagales de la Ribagorza que escaparon al destino de  los hijos segundones de campesinos  humildes del Alto Aragón gracias a la afición por el estudio que pudieron desarrollar en el Seminario de Barbastro. Allí se juntó con Marcelino Iglesias, entre otros y también con José Mª Ariño (Pepe de casa Viu) para protagonizar unas vidas muy diferentes de lo que la cuna que los vio nacer anticipaba.  Nacido en Ejep, casado con una de Graus, vinculado al territorio aragonés en toda su trayectoria vital y muy estrechamente a  estos lugares tan próximos a Troncedo,  nos alegramos  de todos los reconocimientos que  está recibiendo tanto como si fuera un troncedano más. Enhorabuena.



lunes, 27 de diciembre de 2010

Las claves del románico

Foto: Muro de Roda
Las claves del románico

Fantástico documental sobre el románico aragonés del Sobrarbe y Ribagorza emitido por Televisión Española hace un año y que hemos encontrado en el vecino blog de Sobrarbenses.

¡Atención, troncedanos, 
fijaos bien en la silueta con la que se inicia el vídeo!


viernes, 3 de septiembre de 2010

Desde Troncedo


Una de las ventajas que tiene Troncedo es su emplazamiento en  terreno fronterizo entre dos valles pirenaicos: Sobrarbe y Ribagorza, a la vez que prácticamente a la puerta de ambos mirando desde el Sur. Aislado del mundo pero a la vez cerca de casi todo. En estos tiempos esta ubicación nos permite realizar innumerables excursiones y actividades en una misma jornada, tanto hacia otros valles y montañas al norte como a la tierra llana. Ya hemos descrito algunas y ahora añadimos cómo un día  del pasado mes de agosto, nosotros pudimos, sin necesidad de madrugar, hacer el siguiente recorrido: primero empezar la mañana allá arriba del Entremón, llegando hasta el castillo de Samitier a través de la ermita románica de San Emeterio y San Celedonio, lugar donde Leonardo di Caprio podría haber gritado con mucha más propiedad aquello de "Yo soy el rey del mundoooo" desde el mismo borde del precipicio; más tarde comer en Labuerda, para llegar a buena hora a Boltaña y acompañar a la Ronda por las calles de su pueblo. A partir de ello podíamos elegir entre llegar a cenar a Troncedo o quedarnos al baile; eso depende de cada uno ...

miércoles, 28 de julio de 2010

De Pano a Troncedo por el sendero histórico



El senderismo es una actividad en auge.



El más importante de los senderos de largo recorrido aragoneses es el GR-1 o Sendero Histórico. Este largo itinerario atraviesa transversalmente la provincia de Huesca por la zona prepirenaica. En paralelo, pero más al norte y por territorio plenamente montañoso, discurre el GR-11 o Senda Transpirenaica, que une el Cantábrico con el Mediterráneo. Voy a referirme en este ar­culo a una atractiva etapa del GR-1 que, transitando por las tierras limítrofes de las comarcas de Ribagorza y Sobrarbe, une los núcleos de Pano y Troncedo. Se trata de un itinerario que a la belleza de sus paisajes añade abundantes muestras del pasado medieval de un territorio que constituyó frontera entre cristianos y musulmanes en torno al año 1000. El lugar idóneo para iniciar la etapa propuesta es la collada de Pano, a la que se puede acceder por carretera desde Graus, núcleo del que dista doce kilómetros y a cuyo municipio pertenece. A la derecha de la carretera habremos dejado el el pueblo de Panillo y el desv'í­o que lleva al templo budista Dag Shang Kagyu (...)

Encontrarás el artículo completo publicado en el blog del Centro Excursionista de la Ribagorza el 23/02/08

lunes, 12 de julio de 2010

Camino antiguo de La Fueva


Rescatamos y enlazamos un interesante artículo de Iván Nadal Latorre publicado en el portal de la Ribagorza y al que hemos hecho referencia en diversos números de El Caixigar.

En la foto, vista del valle del Ésera, campos de cultivo de Perrarúa. Cuando llegaban a este punto, los antiguos caminantes aligeraban el paso. El destino estaba a a su alcance. A la inmensa mayoría, ya les quedaba menos para emprender el camino de vuelta. ¡Qué tiempos!