El pasado 8 de agosto tuvo lugar el tercero de nuestros encuentros
amistosos y culturales. A partir de ese día, el frenesí… las
fiestas, los encuentros familiares, las resacas de todo ello, los
viajes...la rentrée. El resultado es que hasta casi un mes después
no se ha encontrado momento de sentarse a realizar una pequeña
reseña de lo que constituyó esta última sesión. Difícil tarea
porque aunque la emoción resta intacta, el resumen de la
interesante y técnica disertación de José Luis hubiera precisado
de una observadora más formal y rigurosa que hubiera tomado nota por
cualquier medio y no confiara todo a su memoria.
Me
he referido a una exposición técnica y que también encierra mucho
conocimiento de la complejidad del Universo pero la primera parte de
la exposición fue muy concisa y clara. Nos adentramos en los inicios
de la Geología como ciencia y el paradigma de la Ilustración en la
que el ser humano (hombre en general, para más señas) toma un papel
de explotador de la naturaleza así como de corrector de sus
“imperfecciones”. La Geología actual nos ofrece un paradigma
mucho más humanista que se fundamenta en el estudio, conocimiento y
respeto por la Tierra y sus fenómenos, lo cual nos habría evitado
y nos debería ahorrar grandes desastres como los que seguimos
viviendo. Y no solo en los medios
de comunicación,
sino que algunos han sucedido muy cerca, tal y como pudimos comprobar
en el análisis del irracional emplazamiento del camping de Biescas,
que dio como resultado la tragedia del verano de 1996 y que,
con tanta claridad nos explicó José Luis.
Una
segunda parte de la exposición estuvo centrada en el movimiento
CienciaArte que, como su nombre indica, une Ciencia y Arte, Ciencia
y Emoción, dos facetas indisolubles del conocimiento humano que el
racionalismo exacerbado se ha empeñado en disociar tradicionalmente.
Aunque no se trata de nada nuevo bajo el Sol (nunca mejor dicho),
pues el propio Pitágoras hablaba de “la música de las esferas”.
Y a partir de estas premisas, José Luis nos habló de su trabajo (en
equipo con
Lope
Ezquerro y el grupo O’Carolan
por desentrañar
la música de la Tierra. Con un riguroso estudio de los estratos y su
grosor han podido escribir la partitura “escondida” en el
subsuelo de distintos parajes. Tuvimos la ocasión de escuchar las
grabaciones al respecto y de visionar un delicioso vídeo que
combinaba bellas imágenes con música y danza.
Y,
por si todo lo anterior no fuera suficiente, Araceli Cereceda y José
Luis Simón, las dos “jóvenes
promesas” musicales tal y como se presentó la primera, nos
ofrecieron un breve pero delicado recital con una hermosa selección
de canciones de Labordeta, MonteSolo, Ricardo Constante… y una
maravillosa Las manos
de mi madre del
argentino Peteco Caravajal.
Una
tarde de agosto, una víspera de jornadas festivas… inolvidable. Da
gusto tener amigos para ESTO.
Si os ha sabido a poco, podéis escuchar la canción completa en este enlace de youtube, aunque confieso que me gustó mucho más en las voces delicadas de José Luis y Araceli.