Algunos ya conocen de mi afición a la poesía y de mis incursiones en el romance, o sería mejor decir en los ripios, pero lo que yo no podía sospechar es que sería el fallecimiento de mi padre lo que me daría pie para atreverme con el endecasílabo. Todo sea en su recuerdo y su honra.
Con sigilo tu ruta ya has cubierto
y en los márgenes de la carretera
han quedado tus sueños y quimeras.
Ya llegaste a destino, ya estás quieto.
A la rueda de días y
recuerdos
te siguió siempre un niño repeinado,
el mismo a quien la guerra quebró el trazo
y borró el destino de sus cuadernos.
Te miro ahora y no veo al anciano
que con fatiga respira en su lecho
porque en esa mirada azul perdida
se esconde un zagal
rubio y aplicado
que de pronto despierta y me recita
la lista de los ríos europeos.
Pilar Ciutad Lacambra
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| José Ciutad Lacambra (Graus, 1923 - Zaragoza, 2013) |
