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domingo, 3 de agosto de 2025

La literatura, fuente de conocimiento para todos (Encuentro con José María Sorando)

 Hoy hemos tenido el placer de contar con la presencia de José María Sorando para hablar sobre su libro El lector sin escuela (de Sobrarbe a Detroit) y lo de placer no es una fórmula de cortesía si no una auténtica realidad.

 Por si alguien tenía alguna duda, para participar en estos encuentros lectores no es indispensable haberse leído el libro con anterioridad. Si se ha hecho, se tienen más elementos para el diálogo pero si no es así, puede ser ocasión para animarse a hacerlo y, cuando menos, para acceder a los principales mensajes de la narración. En este caso, es importante destacar aquello que nos ha transmitido su autor sobre los objetivos que le movieron a escribir, no se trataba de contar la historia de su abuelo, no es una biografía al uso, sino la historia de muchos otros abuelos y los diversos contextos sociales, políticos y personales que atravesaron. 

 Por si fuera poco, podemos añadir que las peripecias de la vida de este joven sobrarbense que se rebeló contra el destino que los usos sociales de principios del s. XX le deparaban se parecen mucho a las de muchos otros jóvenes de hoy en día que atraviesan fronteras y mares, arriesgando la vida porque también ansían un destino diferente al que les espera en el contexto socioeconómico de sus lugares de origen.

"Domingo, una mañana  de noviembre en el muelle de Nueva York. Un hombre solo, recién llegado a un país extraño donde la mayoría habla un idioma diferente, donde no le conocen ni le esperan. A nadie le interesa su pasado, su familia, su pensamiento ni su presencia. Si ese mismo día muriera, sólo sería un desconocido llevado a una fosa común, al que nadie acompañaría ni reclamaría. El, allí, y en ese momento, es nadie. Como tantos inmigrantes en cualquier época y lugar. Nada anterior cuenta, su vida comienza de nuevo"  ¿No resulta tremendamente actual?


Pero las 238 páginas del libro albergan muchos más aspectos:

- el análisis de las formas de vida tradicionales y costumbres en Sobrarbe. Todas las cosas que nos cuenta podrían trasponerse palabra por palabra a Troncedo;

- la importancia de la presencia de un MAESTRO (aunque fuera temporal) en un momento dado como motor de cambio en la vida de Domingo. Y también de las MAESTRAS que llegaron en décadas posteriores a estos pequeños pueblos, afrontando con coraje el choque cultural entre la vida rural y la de su posición social y sus ciudades de origen;

Uno de los libros de Blasco Ibáñez
(autor favorito de Domingo)
que conservó toda su vida,
 a pesar de ser un autor prohibido
- el poder de la literatura para cultivar el espíritu del emigrante pobre y explotado que pasaba su tiempo de ocio en las bibliotecas, auténticos templos de cultura. En este punto quiero recordar las palabras de María Moliner cuando decía que "la biblioteca es la continuidad de la escuela", la única escuela en el caso de Domingo y su determinación lectora.

- la descripción de las condiciones de vida laboral de los obreros de la época en las grandes factorías y centros de trabajo estadounidenses;

- el desprecio al diferente, la pretensión de asimilarlo  (Desfile del Crisol de Ford) que no consiguió que Domingo se quitara la boina;

- la violencia desatada en los tiempos de la Ley Seca en EEUU, los gánsteres, el KuKuxKlan...

- los conflictos sociales y bélicos que, por puro azar temporal, fue sorteando Domingo;

- las condiciones precarias y la represión de la posguerra española, el estraperlo...

- el contraste de principios educativos entre la escuela de la República y la escuela franquista..

- la mirada del niño urbanita sobre el entorno (el rural y su propio vecindario) y las vivencias de los mayores...

En fin, un libro en el que, además de viajar por la historia de Domingo, los que ya tenemos cierta edad podemos reflexionar sobre nuestra propia historia y, en el caso de los más jóvenes, conocer de dónde venimos para no dejarse embaucar por mensajes voluntariamente falsarios y simplistas. 

Gracias a todos los que os habéis acercado a aportar opiniones y experiencias, Y gracias de nuevo a José María Sorando y su esposa por haber venido hasta aquí.




 

lunes, 12 de mayo de 2025

Propuesta lectora


    
Al otro lado de las montañas había otro mundo...

¿Te imaginas a uno de tus abuelos o tiones de Troncedo, allá por las primeras décadas del s. XX, llegando a Nueva York, arriesgando su vida por ganar un mísero salario en las minas de  carbón de Kentucky o en la cadena de montaje del Ford T en Detroit?  Un inocente  buscavidas con boina y bota por aquellos andurriales, agarrándose a su innato y pícaro espíritu montañés de supervivencia... 

Pero no hace falta imaginarlo porque ese  Charlot sobrarbés existió. Se llamaba Domingo Muzás y su nieto, José María Sorando ha dejado testimonio de esa vida entre distópica (sin duda  él debió sentirla así) y cinematográfica en un libro cuya lectura nos transporta  a la dura realidad de la existencia en nuestros pueblos en aquellos años, el arrojo de quienes como Domingo se atrevieron a salirse del destino trazado y en el  contexto  de progreso, conflictos y tragedias que tuvieron lugar en el mundo en general y en este país en particular.

Una excelente opción para estas próximas fechas en los que los días alargan y una buena lectura bajo una buena sombra resulta harto apetitosa. Con el aliciente de que en agosto contaremos con la visita del autor para compartir con él nuestras impresiones y hacerle todas las preguntas que nos surjan. Anunciaremos próximamente día y hora de la cita. Pero antes se nos vienen otros eventos... estad atentos a nuevos anuncios.


El lector sin escuela, José María Sorando. Muzas,  Ed. La fragua del trovador .  


lunes, 2 de noviembre de 2020

Un día para el recuerdo

 



Pilar Lacambra Garcés, en la década de los 20 del s.XX
Ha sido éste un día de los difuntos muy anómalo. En el cementerio de Troncedo no ha habido el bullicio habitual de otros años a causa de las medidas sanitarias a las que estamos sometidos en todo el país pero, sorprendentemente, nadie ha olvidado a los suyos. De alguna manera, todas las familias se han organizado para que las sepulturas lucieran limpias y tanto las flores frescas como las lámparas encendidas no faltaran en un día como hoy. En estas circunstancias quiero traer al recuerdo a Pilar Lacambra Garcés, una tía de cuya existencia y triste desaparición no tuve noticia hasta bien cumplidos los veinte años cuando su hermana mayor, Rosalía, me enseñó esta foto que es el único testimonio que queda de su paso por el mundo. No es extraño que mi madre, Balbina, la hermana más pequeña, no me hubiera hablado nunca de ella, en contraste con las veces que llegó a nombrar a su padre Antonio y a su hermano Miguel Lacambra, fallecido también prematuramente como consecuencia de una enfermedad contraída durante la guerra. Pero es que Miguel era su hermano adorado, su referente a lo largo de toda la infancia y por el que compartió el sufrimiento familiar durante los años de guerra así como la dolorosa agonía después de su vuelta a casa. Pero a Pilar creo que ni la llegó a conocer o, en todo caso, cuando volvió a morir al pueblo, mi madre sería todavía un bebé, de tal manera que no tenía motivo para recordarla. 


La niña, de carita redonda y rasgos inequívocamente familiares que esboza una tímida sonrisa en esta foto de estudio,  tenía sólo trece años cuando volvió a casa para morir, enferma de tuberculosis. Estaba sirviendo como criada* en alguna casa rica de Barcelona cuando contrajo la enfermedad que sería poco después del día en el que con tanta ilusión habría ido a hacerse este retrato para enviar a sus padres. Ataviada, con toda seguridad, con su mejor vestido, una sencilla batita de cuello babi, No tengo datos para saber con qué edad se desplazó a la ciudad condal pero evidentemente,  muy niña. El destino se cebó con ella. Como a tantas, nacer mujer en el seno de una familia campesina de un pueblo de montaña a principios del siglo XX, salvo excepciones, la abocaba a una vida de servicio a propios y extraños que se iniciaba en el momento en el que eran mínimamente autónomas. Para algunas, por paradójico que parezca, si esta condena recibida en la misma cuna les empujaba a la emigración a una gran ciudad, con el tiempo llegaba a convertirse en una oportunidad de liberarse aunque fuera mínimamente. Fue el caso de su hermana Rosalía que, por lo menos, pudo elegir libremente un marido que la cuidó e hizo feliz durante toda la larga vida de ambos, y escabullirse del matrimonio concertado que, cómo no, también le había programado la familia. Su hermana, esta tía tan desconocida para las generaciones posteriores, tuvo la peor de las suertes. Descanse en paz.

Miguel Lacambra Garcés, 1915-1941




 
 * Para saber un poco más sobre las condiciones de vida de las criadas en Barcelona en los tiempos en los que la tierna Pilar estuvo por allí, os remitimos a un artículo de Joan Mannet i Pesas "La revuelta de las criadas" del que nos hicimos eco en El Caixigar nº 13, de junio de 2016.

P.C.


domingo, 3 de noviembre de 2019

Lugares de memoria




"Las tumbas no son lugares de descanso sino de memoria".

En este primero de noviembre me quedo con la frase de la joven y excepcional escritora aragonesa Irene Vallejo y la uno a otra  escuchada recientemente de boca de otra también escritora y también joven,  Najat El Hachmi.  Esta última, una catalana de origen marroquí que sabe mucho de lo que habla y escribe, tanto en primera persona como desde la perspectiva que le da haber crecido a caballo entre dos culturas cercanas pero muy distantes. Hace escasamente una semana oí decir a Najat que los españoles tenemos una foto fija de la emigración. Nos quedamos con la imagen del inmigrante llegando al país, especialmente con la de los que llegan a las costas (no olvidemos que son muchos más los que lo hacen en avión). Mientras tanto, ellos se instalan como pueden, cada uno con su suerte, viven, trabajan,tienen hijos que nacen aquí, sientan raíces... y muchos también descansan para siempre entre nosotros. Incluso en los cementerios más recónditos, como pueda ser el de Troncedo, podemos encontrarlos y recordarlos. Quedan en nuestra memoria porque, aunque nacieron en lugares muy lejanos, formaron parte de nuestra comunidad, compartieron anhelos y buenos y malos momentos y, al final, decidieron quedarse para siempre en el lugar de donde ya son sus hijos y sus nietos.


Descanse en paz y siempre entre los nuestros, Dumitriu Bizgan "Titín"




P.C.