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domingo, 3 de noviembre de 2019

Lugares de memoria




"Las tumbas no son lugares de descanso sino de memoria".

En este primero de noviembre me quedo con la frase de la joven y excepcional escritora aragonesa Irene Vallejo y la uno a otra  escuchada recientemente de boca de otra también escritora y también joven,  Najat El Hachmi.  Esta última, una catalana de origen marroquí que sabe mucho de lo que habla y escribe, tanto en primera persona como desde la perspectiva que le da haber crecido a caballo entre dos culturas cercanas pero muy distantes. Hace escasamente una semana oí decir a Najat que los españoles tenemos una foto fija de la emigración. Nos quedamos con la imagen del inmigrante llegando al país, especialmente con la de los que llegan a las costas (no olvidemos que son muchos más los que lo hacen en avión). Mientras tanto, ellos se instalan como pueden, cada uno con su suerte, viven, trabajan,tienen hijos que nacen aquí, sientan raíces... y muchos también descansan para siempre entre nosotros. Incluso en los cementerios más recónditos, como pueda ser el de Troncedo, podemos encontrarlos y recordarlos. Quedan en nuestra memoria porque, aunque nacieron en lugares muy lejanos, formaron parte de nuestra comunidad, compartieron anhelos y buenos y malos momentos y, al final, decidieron quedarse para siempre en el lugar de donde ya son sus hijos y sus nietos.


Descanse en paz y siempre entre los nuestros, Dumitriu Bizgan "Titín"




P.C.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Juanito Bayle

Una vez leí que "somos lo que dejamos" y, en el caso de Juan Olacia, esto ha sido evidente. El reguero de personas, cariño, simpatía y emoción que ha inundado las viejas calles y caminos de este pueblo son prueba de todas las virtudes y el carisma de su personalidad. 

Juanito ha sido capaz también de arrancarnos la mejor interpretación del "S'ha feito" que en este pueblo se ha escuchado y se escuchará jamás. Y la más triste...

También los mejores poemas. 
P.C.


JUANITO BAYLE


 Siempre es demasiado pronto para perder a un ser querido;
 y sin embargo, cuando ocurre,
 ya es demasiado tarde.

Tarde para hacer todas aquellas cosas que alguna o tantas veces
planeamos hacer juntos y no hicimos.

Tarde para decir todas aquellas cosas que alguna o tantas veces
quisimos decirle y no supimos encontrar la ocasión.

Tarde para todo ya, excepto para el recuerdo.

Para recordar su cara amiga de semblante bonachón,
sus ojillos vivarachos,
su frente amplia y reluciente
su sonrisa amable y franca.

Trabajando en su huerto por la mañana,
enseñando unas setas cogidas “de pasada”
o unas perdices cazadas “después de cansarlas”,
haciendo disfrutar a sus rivales del guiñote, como a él le gustaba,
preparando sus calçotadas o sus vermús y berberechos
con vinagre y pimienta detrás de la barra,
o con su sombrero rondador marcarse un solo de trompeta en la plaza para la fiesta.

Para recordar todas aquellas cosas que alguna o tantas veces hicimos juntos
y exprimirles así una penúltima gota de felicidad,
un poco triste, tal vez hoy,
tal vez hoy un poco amarga;
pero felicidad al fin, auténtica y nuestra.

Antonio Ezquerra


lunes, 2 de septiembre de 2019

Adiós, Juanito, adiós


Adiós, Juanito, adiós.

Te vas pero te quedas
aquí, entre nosotros,
donde gustabas,
haciendo lo que amabas.

Te quedas pero te vas,
a paso ligero, erguido,
con alegría, con determinación, 
como tú eras.

Lo que no sabes,
ni siquiera imaginas
es el gran vacío que dejas,
tan grande como el espacio que llenabas
y que ahora sólo ocupa la tristeza.

                               Adiós, Juanito, adiós.




No tenemos palabras para expresar la conmoción que embarga a todo el pueblo de Troncedo tras la trágica desaparición del amigo, del buen amigo, Juan Olacia Viu. Ya nada será lo mismo...

P.C.

lunes, 30 de mayo de 2016

El último pastor

Hace pocas horas nos ha llegado la noticia del fallecimiento de Joserón, el pastor. No por anunciada,   nos duele menos. Hemos perdido para siempre un elemento del paisaje troncedano, un personaje singular, el último pastor del pueblo; observador incansable de estos montes y piedras, que atesoraba en su memoria nuestra pequeña historia. Se había criado en Panillo pero terminó de hacerlo en Troncedo porque todavía era un zagal de 14 años cuando llegó al pueblo  y durante los 65 restantes ha vivido en todas y cada una de las casas, repartiendo los días según las cabezas de ganau que guardaran en sus corrales. Compartió la intimidad de las familias y las largas veladas de invierno junto al fogaril cuando todavía había familias, había veladas y no había televisiones ni mucho menos Internet y el visionado de las imágenes en movimiento se centraba en las llamas del hogar y las yayas, con el fuso en la mano,  nos decían aquello de "no mires el fuego, ninona, que te picharás en la cama"; mientras, los yayos se ocupaban de contar los cuentos que a ellos les habían contado sus propios yayos y así hasta el origen de los tiempos (o casi). Y también vio cerrarse una a una casi todas las puertas, de tal manera que su "trashumancia" personal por los hogares se redujo en los últimos años a tres (Baile, Mariñosa y Soltero) para limitarse en las dos postreras décadas de su vida a la de Soltero, casa en la que echó raíces y permaneció como uno más de la familia tras la jubilación. Sólo en el último año, después de que su salud se resquebrajara y precisara de cuidados especializados, se trasladó a una residencia de ancianos.

Ya no nos lo encontraremos más en medio del camino, confundido con los colores del bosque, prácticamente invisible si no fuera porque siempre acababa descubierto por los jadeos o ladridos del perrico que  le acompañaba. Como nos ha dicho José de casa Solanilla en un mensaje de wasap: 

                                 Se ha ido como ha vivido ...sin ruido.



En 2005  Troncedo le rindió un pequeño homenaje reconociendo su  vida y su dedicación al pueblo. Para aquella ocasión, una buena amiga  compuso un poema que se publicó en El Caixigar nº 2 y del que rescatamos algunos versos.


La figura del pastor       

siempre quedará grabada
en la memoria del pueblo
como estampa acostumbrada:
con el morral a la esquena, 
la gayata pa empararse,
el paraguas por si acaso
cara la tarde tronase.

Asinas, t'ol día al monte,
apacentando el ganau,
faya calor, frío u aire,
que ya el tiene acostumbrau.

En el morral, la ciembrera
del de comer. El cenar
a redolin por las casas,
y el dormir y el almorzar, 
que en toz los fogarils
s'ha calentau del lugar,
y sopas de to las casas
(escaldadas u con güego)
en ha comiu p'almorzar.

(...)

De tantas generazions
de pastós en este pueblo,
a Joserón el pastor
nuestro afecto le ofrecemos,
porque ha siu como uno más
en las casas de Tronzedo.


 DEP, José Abré Belfort.