Mostrando entradas con la etiqueta Pilar Ciutad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pilar Ciutad. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de septiembre de 2025

Sellos y rastros de plomo

Cuando preparaba el informe sobre los niños huérfanos de Barcelona recogidos en Troncedo y en otras casas del Pirineo aragonés a principios del s.XX no encontré ninguna imagen del sello de plomo que llevaban obligatoriamente colgado al cuello esos menores y que me sirvió, como metáfora del peso que el abandono inicial les marcó durante toda su vida, para poner título a mi trabajo (Plomo en el alma). Fue muy torpe por mi parte no recurrir de nuevo al archivo de la Diputación de Barcelona donde tan amablemente me habían facilitado abundante información desde el principio. Ese error se vio recompensado por esa misma institución cuando, tras enviarles un ejemplar del documento, me remitieron una carta de reconocimiento a la que añadieron unos pequeños detalles, entre ellos unos marcapáginas muy valiosos para mí, en los que aparece la imagen tan deseado de ese sello que quedó grabado a fuego en el alma de los niños y niñas abandonados. Gracias infinitas al Arxiu General de la Diputació de Barcelona, @arxiudiba.
P.C.



P.D. Conforme alguien se adentra en un tema, es como si se desplegaran antenas invisibles en todos los sentidos y, aunque en otro momento vital quizás hubieran pasado desapercibidos, a partir de entonces no puede dejar de ir encontrando rastros sobre ese asunto de su interés por todas partes. El último ejemplo de que el  acogimiento (y posterior prohijamiento, en su caso) de niños huérfanos era  un gesto frecuente en aquellos tiempos lo encontré leyendo una publicación en el muro de Facebook de Víctor Pardo Lancina en el que recordaba el aniversario del nacimiento de Ramón Acín. No me resisto a copiar íntegramente el texto y uno de los comentarios que le siguieron:

CXXXVII ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE RAMÓN ACÍN
Pintor, escultor, articulista, ilustrador y pedagogo, el militante anarcosindicalista Ramón Acín, es una de las más atractivas e influyentes personalidades en el mundo de la cultura y la sociedad en Aragón, durante las primeras décadas del pasado siglo XX.
Hijo de Santos Acín y de María Aquilué, Ramón Arsenio Acín Aquilué nació en Huesca hace 137 años, el 30 de agosto de 1888, en el número 3 de la calle de Las Cortes, la casa en la que vivirá toda su vida y donde desarrollará su fecundo trabajo.
Aficionado desde muy temprano al dibujo, recibe clases del pintor Félix Lafuente, con el que trabará una duradera amistad. No menos intensa que la relación que cultivará a lo largo de los años con otras figuras del ámbito artístico, de las letras o el activismo sindical y político como Felipe Coscolla, Ricardo Compairé, Luis López Allué, Manuel Bescós conocido como «Silvio Kossti», Ismael González de la Serna, José María Aventín Llanas, Luis Buñuel, Herminio Almendros, el capitán Fermín Galán…
Particular vinculación establecerá con Felipe Alaiz, Ángel Samblancat, Joaquín Maurín, Gil Bel o Félix Carrasquer, con los que fundará revistas y colaborará en proyectos vinculados con la denuncia de las injusticias, la agitación social y la extensión de la cultura. Actividades que, en varias ocasiones, le acarrearon procesos judiciales, detenciones y encarcelamientos.
Con todo, «su mejor obra», como dejó escrito Rafael Sánchez Ventura, fue su hogar. «Ejemplo emocionante de armonía, de elevación, de belleza, donde todo adquiría dignidad y gracia; (…) aquel hogar animado por la inteligente alegría de Conchita Monrás, la tierna compañera de Ramón, a él identificada con orgulloso amor, iluminado por el radiante hechizo de las dos niñas, a tono ambas en hermosura y precoz sensibilidad e inteligencia con el ambiente de la casa».
Ramón y Conchita (Barcelona, 1898) cultivaron una relación intensa de amor y complicidad. Mariano Añoto, huérfano prohijado en casa de Acín y criado con Katia y Sol, se refiere en unas notas personales a este clima de libertad y cariño: «Ramón y Conchita eran una pareja sin prejuicios que se amaban y amaban. Pensaban, deseaban un mundo más limpio, más alegre, más digno para todos. La familia Acín era una avanzadilla del futuro. En realidad, vivíamos ya en el futuro».
La Guerra Civil destrozó las esperanzas que la República había sembrado en la sociedad española y empapó la tierra de sangre y el aire de odio y saña. «¡Ay, Ramón Acín –escribió Max Aub–, fusilado y fusilada su mujer por culpa de sus buenos vecinos de Huesca!». Ramón y Conchita fueron detenidos el 6 de agosto de 1936. Ramón murió fusilado el mismo día y Concha el 23 de agosto, junto a casi un centenar de oscenses. Katia y Sol quedaron huérfanas con 11 y 13 años respectivamente. La casa de la calle de las Cortes fue saqueada por los asesinos.

Antonio Bárcabo
Te agradezco el recuerdo para Mariano Añoto que con el asesinato de Ramón y Conchita quedó desamparado y al que algunas buenas gentes de Huesca ayudaron como pudieron


 

sábado, 19 de julio de 2025

La memoria es el des-olvido. Plomo en el alma.

 

Una no va al archivo para ir al pasado. Una va al archivo para traerlo al presente, para activarlo.

Marta Rivera Garza, Profesora en la Universidad de Houston





1. -¿Por qué escribir sobre estas historias antiguas que nadie recuerda y que quizás
(o no) a nadie interesan?
Precisamente por eso, porque nadie las recuerda y, en consecuencia, mucho menos interesan.


2. -¿Y si además no las leen? Esbozo una sonrisa ante esta cuestión evocando la desilusión del entrañable Ramón Rami cuando constataba que había personas que le confesaban no haber leído “todavía” los pedazos de nuestra historia local que él atesoraba y en cuya transmisión volcaba tanta pasión. Yo trataba de infundirle ánimos y dar el valor que se merecía su trabajo: -Sí que las leen, Ramón, y si no lo hacen, nosotros ahí las dejamos y quién sabe si alguien algún día les dará valor y tomará nota de estos testimonios de un mundo que ya no existe pero que existió y del que somos herederos. Lo hacemos por las personas que levantaron estas casas, que nacieron, se criaron y vivieron en ellas, las que trabajaron como burros por mantenerlas y que supieron también hacer hueco a momentos de alegría mientras entregaban su vida para que nosotros ahora nos sintamos orgullosos de este pequeño pueblo, de sus costumbres y de su tradición solidaria*

3. - ¿Y por qué ahora este empeño en traer al presente precisamente las historias olvidadas de unas criaturas a su vez mayoritaria y doblemente olvidadas? Por las mismas razones y con redoblada intención, mucho más después de indagar en sus orígenes y sus trayectorias. Historias de niños huérfanos que correteaban por nuestras calles empedradas, que guardaban los ganados y que trabajaban duramente en las faenas agrícolas mientras cargaban con el sello de plomo en el cuello que certificaba su abandono inicial. Niños que entre estas piedras encontraron el afecto que les había sido robado en origen pero que no dejaron de cargar durante toda su vida con ese mismo plomo del abandono en el alma.

4. - ¿Y qué se saca de rechirar entre los papeles? Mucho. Por ejemplo:

DOS CONCLUSIONES PRINCIPALES

- Una, que no por sospechada deja de estremecer, es que el abandono de una criatura recién nacida ayer y hoy y en cualquier lugar del mundo siempre está ligada a trágicas situaciones de pobreza, enfermedad, desesperación y muerte;

- Y  segunda que me duele especialmente en los casos de estos niños recogidos en Troncedo, es que, si la falta de recursos, las circunstancias, la ignorancia y los prejuicios (el plomo en el alma) no hubieran pesado tanto en su ánimo y se hubieran lanzado a la búsqueda de respuestas, quizás más de uno hubiera aligerado esa carga que arrastraron durante toda su existencia y se hubieran reconciliado con su propia historia y estirpe. Este es un aspecto que, conforme iba leyendo testimonios y situaciones concretas de quienes se embarcaron en esas búsquedas, me causaba más pena y rabia. 


LA HERIDA DEL ABANDONO. Ayer, hoy y siempre

… después de año y medio yo he conseguido canalizar la rabia que tenía por la herida del abandono que para mí es más grande que los abusos sexuales y toda la historia que he tenido después porque el abandono me ha marcado…

Abel Azcona, artista multidisciplinar, entrevistado en La Ventana de la cadena SER (sección Radio Lindo) el 10 de abril de 2025

...

* En este sentido fue para mí una satisfacción poderle mostrar a mi querido Ramón el ejemplar nº 19 de la revista Sobrarbe editada por el Centro de Estudios de Sobrarbe en el que Jesús Cardiel publicaba un artículo sobre la genealogía de casa Baile de Troncedo y en un pequeño apartado hacía referencia a “algo” que había leído en uno de nuestros Caixigares. “Ves, Ramón, hay gente (sabia) que lo lee y lo valora”

sábado, 2 de diciembre de 2023

Caneto, una aldea gala en Sobrarbe

 


Escuela O Chinebro de Caneto


Recuerdo los primeros años de asentamiento de los “hippies” de Caneto. Eran tiempos en los que la inmensa mayoría de autóctonos de la zona habían emigrado, cuando no escapado, del territorio. Los pocos habitantes que resistieron en Troncedo a la oleada migratoria contemplaban entre estupefactos e incrédulos la actitud de esos jóvenes (creo que eran dos parejas inicialmente) que venían a instalarse en las casas espaldadas de la aldea vecina abandonada e incomunicada. Las reticencias se fueron disipando rápidamente, el buen hacer profesional y el carácter amable de Adela se ganaron en poco tiempo el corazón de toda la redolada, los hippies resultaron no serlo tanto, o al menos no respondían al estereotipo que veíamos en la tele,  y Caneto fue poco a poco creciendo en población y consolidándose como lugar  habitado y habitable. De todo aquello habían pasado ya algunas décadas cuando yo visité el lugar y quedé sorprendida y admirada de la labor de reconstrucción realizada con mimo, gusto exquisito y absoluto respeto por el entorno natural y la arquitectura tradicional de la zona. Era comparable a la célebre aldea gala que resistió estoicamente al imperio, en este caso el de la despoblación de Sobrarbe pero corrigiendo y mejorando la del cómic, pues en este rincón sobrarbense, no sólo han resistido sino que los galos de Caneto han mejorado, crecido y multiplicado la que se encontraron.

Y ahora los vemos enfrascados en otra batalla, esta vez contra el imperio de la burocracia* y el despropósito, por no hablar de la incoherencia de políticos pertenecientes a un partido al que se le llena la boca de LIBERTAD y, concretamente de libertad de elección de centro de los padres y madres (¡cuántos años hemos tenido que soportar las familias y docentes de la escuela pública estas hipócritas soflamas!). Eso sí, libertad a lo grande y en las grandes capitales donde la escuela privada tenga nicho de negocio. Porque lo de la escuela rural ya es otro cantar, más si esa escuela se califica precisamente como LIBRE. Quizás, como decía el diputado regional de IU en el Parlamento aragonés, Alvaro Sanz, ese es su problema, el adjetivo. Porque si una congregación religiosa, en su indiscutible y caritativa voluntad educadora, hubiera optado por levantar una escuela en ese mismo lugar, no cabe duda de que las cuestiones administrativas se hubieran resuelto, facilitado, soslayado, aplazado, prorrogado…, lo que hubiera sido menester sin problema alguno.

Pero ahora los políticos de despachos y papeles se han topado con nuestros vecinos “galos” y estos resistirán y vencerán. Porque tienen la mejor de las pociones, la razón; y porque no podemos dejar de pensar que hasta los más fríos burócratas acabarán concediéndosela y reconociendo que lo importante es el bienestar y la seguridad de los niños de la aldea y, antes o después, se pondrán a la tarea de subsanar deficiencias. Basta con informarse mínimamente a través de los testimonios de los protagonistas y las intervenciones de juristas y legisladores para saber que esto último no es tan difícil sólo depende de la voluntad de querer hacerlo. Así que confiemos en no tener que acabar concluyendo la misma afirmación del bonachón e inocente Obélix...






 Pilar Ciutad, vecina de Troncedo y maestra jubilada


*Actualización diciembre 2023: Cuando crees que tu capacidad de asombro está al límite viene un Director General de Personal, Formación e Innovación y lo desborda. Me cuenta un amigo de Caneto que, en su publicitada visita, el Sr, Director General no tuvo la decencia de visitar la escuela, se reunió con familias y Alcalde en otro espacio. ¿Tomó esa precaución para no arriesgarse a que la realidad le desmintiera lo que ponía en los papeles?. Parece un chiste. "Saben aquel que diu... ¿cuál es el colmo de la burocracia?" 

** Actualización abril 2024: No sé si tanto los romanos de los tiempos de Obelix como los de ahora estaban o están locos de poder  pero sí que parece que los de la Antigüedad tuvieron momentos lúcidos para desarrollar el Derecho. Ellos sembraron la semilla para que después de siglos de Historia y avances sociales, tengamos leyes que, aunque siempre sean mejorables, permiten que la ciudadanía vea respetados sus derechos individuales y sociales. Eso es lo que ha pasado con las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Aragón que, primero en enero  y, después en abril, ha dictado sendos autos en los que ordenaba la reapertura de la escuela, reconocía el esfuerzo de las familias para subsanar los problemas señalados y conminaba a la Administración Autonómica a abordar aquellos que exceden de las posibilidades de familias y Ayuntamiento.

Para terminar y, como diría alguno de aquellos viejos senadores romanos, es hora de que los gestores actuales de la Comunidad escuchen la vox populi y entonen un mea culpa sobre su modus operandi para terminar personándose in situ y firmar la pax romana con los galos de Caneto.

lunes, 21 de febrero de 2022

No puede ser


 No puede ser

No puede ser

que un día estés y, al otro, nada.


No puede ser que

 no vayas nunca a volver.


No puede ser

que todo se quede en

 un nombre,

unos recuerdos, 

una punzada en el corazón,

un vacío en las entrañas,

un eco mudo en los oídos...

No puede ser


¿A dónde fueron tus pasos,

tu voz,

tus ilusiones,

tu impulso,

tu fuerza,

tus proyectos,

tu amor,

tus sentimientos,

tus contrariedades,

tus miedos...?


¿Dónde me esperan tus abrazos?


¿Y dónde hallaré tu mano 

cuando tropiece?

¿Sobre qué hombro la posarás ahora?

¿A quién  la apretarás con firmeza,

con la energía y presión que aún siento en la mía?


¿Qué faenas te has buscado en otros lares?

Si aquí te quedaban tantas...


No puede ser...

Pilar Ciutad



Por eso, porque no puede ser... familiares, amistades y personas que le conocieron y aprecian nos reuniremos bajo la carrasca de casa Albañil, el árbol que tanto amó, para abrazar su recuerdo y su vida


Nos vemos en Troncedo el 26 de marzo de 2022 a las 12:00. 


miércoles, 15 de abril de 2020

Escuela de Vanguardia en Graus

Vivimos en un país, España, en el que el analfabetismo de la población fue la tónica hasta la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, existieron pequeñas excepciones de iniciativas educativas innovadoras que la II República trató de generalizar hasta que el levantamiento militar las truncó de raíz. Nunca llegaremos a ponderar el daño que el golpe y la dictadura franquista posterior asestó también a la educación.

En la primavera de 2018 el Espacio Pirineos de Graus organizó una exposición titulada "Escuela de Vanguardia. Proyectos y actores pedagógicos en Graus entre los s. XVII y XX". Y es que la localidad ribagorzana  fue uno de los lugares en los que confluyeron diversas iniciativas y personajes que contribuyeron a elevar el nivel educativo de la población. "Hablamos de la enseñanza jesuita, de una pionera Escuela de Artes y Oficios o de los numerosos proyectos educativos surgidos durante la II República. Y siempre al frente de ellos, hombres y mujeres con una visión amplia y privilegiada como Esteban de Esmir, Carmen de San Luis Monsarro, José Salamero e, indiscutiblemente, Joaquín Costa" 

El tradicional papelón data de 1886
En la foto, mi hermano. allá por 1955
Todas las personas interesadas en la Historia de la Pedagogía, la Historia en general y la Historia cercana pueden acceder al catálogo de la exposición a través de este enlace. La visita a estas páginas nos permite acercarnos a algunos aspectos de la vida cotidiana y la organización social de otras épocas, así como rescatar la figura de maestros y maestras que  dejaron su impronta en la población. El mismo Joaquín Costa,  prócer de la patria, no hubiera pasado de ser más que un zagal espabilado si no hubiera sido por la insistencia de su maestro, D.Julián Díaz Fernández, para que sus padres le permitieran seguir estudios.  Y así sucedería con más de uno y una que quizás no hayan adquirido la misma trascendencia pero sí contribuído a su crecimiento personal y el de toda la sociedad.  Es posible que quienes conocieron la exposición en su momento y quienes se acerquen ahora de manera virtual, adquieran algunas claves que les permitan entender mejor por qué hoy mismo, una  localidad de las dimensiones y circunstancias geográficas de Graus tiene una vida cultural tan intensa y una influencia directa por todo el entorno próximo de pequeños pueblos de Ribagorza y Sobrarbe y otros lugares. No cabe duda de que el refrán "de aquellos polvos, estos lodos", utilizado generalmente en sentido negativo, adquiere en este caso su significado más positivo. 

La exposición se completaba con un vídeo que recoge testimonios personales de la escuela de antaño, concretamente y por la variable del paso inexorable del tiempo,  se centran en la dinámica de la escuela nacional-católica de la dictadura pero, en cualquier caso, resultan entrañables. Tanto como lo ha sido  para mí,  permítaseme una anécdota muy personal, encontrar entre la relación de docentes que dejaron huella el nombre de una maestra de párvulos, Dª Balbina Viñas, que ejerció en la década de los veinte. Siempre me había contado mi madre que su nombre, tan ajeno  a los habituales por la zona, se lo habían puesto por una maestra. Por las fechas y estrecha conexión entre Graus y Troncedo que ha existido siempre, deduzco que era esta sobrina de Costa que en 1924 fue nombrada "profesora benemérita" en reconocimiento a su admirable sistema de enseñanza.  P.C.

G

domingo, 3 de noviembre de 2019

Lugares de memoria




"Las tumbas no son lugares de descanso sino de memoria".

En este primero de noviembre me quedo con la frase de la joven y excepcional escritora aragonesa Irene Vallejo y la uno a otra  escuchada recientemente de boca de otra también escritora y también joven,  Najat El Hachmi.  Esta última, una catalana de origen marroquí que sabe mucho de lo que habla y escribe, tanto en primera persona como desde la perspectiva que le da haber crecido a caballo entre dos culturas cercanas pero muy distantes. Hace escasamente una semana oí decir a Najat que los españoles tenemos una foto fija de la emigración. Nos quedamos con la imagen del inmigrante llegando al país, especialmente con la de los que llegan a las costas (no olvidemos que son muchos más los que lo hacen en avión). Mientras tanto, ellos se instalan como pueden, cada uno con su suerte, viven, trabajan,tienen hijos que nacen aquí, sientan raíces... y muchos también descansan para siempre entre nosotros. Incluso en los cementerios más recónditos, como pueda ser el de Troncedo, podemos encontrarlos y recordarlos. Quedan en nuestra memoria porque, aunque nacieron en lugares muy lejanos, formaron parte de nuestra comunidad, compartieron anhelos y buenos y malos momentos y, al final, decidieron quedarse para siempre en el lugar de donde ya son sus hijos y sus nietos.


Descanse en paz y siempre entre los nuestros, Dumitriu Bizgan "Titín"




P.C.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Adiós, Juanito, adiós


Adiós, Juanito, adiós.

Te vas pero te quedas
aquí, entre nosotros,
donde gustabas,
haciendo lo que amabas.

Te quedas pero te vas,
a paso ligero, erguido,
con alegría, con determinación, 
como tú eras.

Lo que no sabes,
ni siquiera imaginas
es el gran vacío que dejas,
tan grande como el espacio que llenabas
y que ahora sólo ocupa la tristeza.

                               Adiós, Juanito, adiós.




No tenemos palabras para expresar la conmoción que embarga a todo el pueblo de Troncedo tras la trágica desaparición del amigo, del buen amigo, Juan Olacia Viu. Ya nada será lo mismo...

P.C.

lunes, 19 de agosto de 2019

Un paseo muy urbano por el Sobrarbe zaragozano


 
La calle Sobrarbe arranca en el mismo puente de Piedra zaragozano

Los responsables de nominar las calles de Zaragoza no se han olvidado de incluir las referencias a Sobrarbe. Además lo han hecho de manera bastante apropiada en mi modesta opinión; primero, por la localización, ya que muchas de las vías “sobrarbenses” están en la margen izquierda del Ebro, como si se hubiera pretendido orientar los rótulos callejeros hacia los lugares evocados; y, segundo, por el barrio en el que se ubican la mayoría, el entrañable Arrabal, un barrio obrero en cuyas humildes viviendas se instalarían muchos de los montañeses que emigraron a las ciudades, aunque  no fuera el mayor porcentaje de los que lo hicieron en total porque ya sabemos que por este territorio han prevalecido como  foco de atracción migratoria las tierras catalanas.

Tras este preámbulo, empezamos el peculiar recorrido “montañés”  y la cosa promete pues partimos de uno de los puntos más antiguos y emblemáticos del paisaje zaragozano, el puente de Piedra, un monumento del s. XV levantado en el mismo emplazamiento donde se sabe que anteriormente hubo uno de factura romana y que constituyó un punto neurálgico de batallas durante los Sitios de la guerra de la Independencia en los inicios del s.XIX;  en la actualidad se halla custodiado por cuatro leones de bronce del escultor Francisco Rallo que representan al animal que protagoniza la enseña de la ciudad.  Es allí mismo donde comienza la calle Sobrarbe que, con su larga perspectiva y edificios de empaque iniciales nos anima a pensar que se ha reservado al viejo condado una vía urbana de notable importancia. Sin embargo, conforme vamos avanzando, nuestro gozo  se convierte en un pozo ya que, salvando algunas excepciones, entre los que se encuentra la iglesia de Altabás, el centenario colegio Cándido Domingo  y poco más, lo que encontramos a ambos lados de la calle son modernos edificios de los años del desarrollismo que sustituyeron en su día a las casas de los hortelanos del viejo arrabal. Es decir, altos bloques de pisos que carecen de valor estético alguno. Y, lo que es más grave, pareciera que los urbanistas o munícipes se hubieran arrepentido de dedicar una calle de este porte a Sobrarbe y, a escasos trescientos metros de su inicio, decidieran cambiarla de nombre y dedicar más de tres cuartas partes de la vía al monasterio de San Juan de la Peña, cambiándole incluso la categoría, pues de calle pasa a ser avenida. Menos mal, que su último número, el 63, ha quedado inmortalizado en un bar en el que poder ahogar el chasco que nos acabamos de llevar…
Final de la calle Sobrarbe
público

Prácticamente desde este punto podemos acceder fácilmente al resto de calles del itinerario propuesto inicialmente. Aunque todas estén próximas no dejarán de sorprendernos algunos contrastes; por ejemplo, cruzando a la otra acera y girando a la derecha nos adentramos en la calle Bielsa, localidad a la que le han dedicado una de las nuevas y modernas vías que se abrieron con la reurbanización de los terrenos industriales próximos a la vieja Estación del Norte, así que los belsetanos que se acerquen a comprobarlo no echarán del todo en falta el verdor ambiental pues se trata de un entorno con abundante arbolado y amplios espacios ajardinados. También moderna pero con mayor densidad de cemento y ladrillo es la contigua y paralela que lleva el nombre del Valle de Bujaruelo. El cambio es notable cuando, pocos metros más adelante, volviendo a atravesar la vía que ya no se llama Sobrarbe como hemos apuntado, y haciendo esquina con la Peña Oroel (Penya Uruel) encontramos la embocadura a lo que parece un pequeño callejón, escondido, angosto y duro que se ha rotulado como Valle de Gistaín; eso sí, en compensación, nos hemos adentrado ya en la zona en la que el ayuntamiento ha incorporado un callejero bilingüe en lengua castellana  y aragonesa, será que nos estamos aproximando más a los pocos valles donde se conserva esta última.  En honor a la verdad, una vez que vamos avanzando por este urbanita “val de Chistau”, hay que reconocer el esfuerzo de sus vecinos por arañar un poco de terreno para ubicar algo parecido a un jardín que suavice la dureza de la arquitectura que los rodea. Prácticamente paralelo al Val de Chistau, dos calles más abajo se sitúa la calle Cañón de Añisclo y, en este caso, el nombre va muy acorde con la disposición de la vía que queda encañonada entre unos humildes bloques de pisos obreros con pequeños jardines muy bien cuidados junto a las respectivas entradas y las vallas del colegio público E. López y López al otro lado, de tal manera que sólo permite el paso de viandantes en pareja a lo sumo.
Calle Cañón de Añisclo


Valle de Broto
Recorremos todo el cañón y hacemos un punto y aparte porque la ocasión lo merece. Hemos llegado a la avenida Valle de Broto que se ha convertido en una de las arterias principales de la margen izquierda del Ebro y de toda la ciudad, uniendo los barrios que quedan a ambos lados de la Avenida de los Pirineos (la carretera de Huesca); es decir,  los más recientes del lado del Actur y Parque Goya con los más añejos y populares del Arrabal, Picarral, La Jota … hasta cruzar de nuevo el río por el puente de la Unión  hacia Las Fuentes y los barrios del este y del sur.
Calle Monte Perdido
Avanzando un poco más hacia el norte, un poco escondida (otra vez en justa correspondencia al topónimo), llegamos a la calle Monte Perdido que no tiene ni de lejos las dimensiones ni la belleza que caracterizan al macizo pétreo más emblemático de nuestra tierra. Lo único a destacar son unos imponentes ejemplares de pinos piñoneros que bordean las aceras y revientan el asfalto con la fuerza de sus raíces. En estos últimos años, he visto cómo alguno ha sucumbido a las motosierras municipales precisamente porque su grandioso porte unido al fuerte cierzo que azota esta tierra amenazaba la integridad de los viandantes.

Muy cerquita, casi a la sombra de los Treserols, nos encontramos con Lucien Briet, o mejor dicho, el colegio público que honra a uno de los pirineístas más reconocidos por estos lares, el francés más aragonés como lo calificaron en vida sus amigos del Alto Aragón, cantor de las bellezas de Ordesa y promotor de la creación del Parque Nacional. Todos esos méritos, me consta, pesaron a su favor cuando hace poco más de una década hubo que elegir un nombre para este colegio bilingüe español-francés.

Colegio Lucien Briet
Nos pasamos al otro lado de la carretera de Huesca (recordad, Avenida de los Pirineos) y tenemos un buen paseo por delante hasta encontrarnos con la Ronda de Boltaña. Salvo que nos hayamos pertrechado de buen calzado será mejor que cojamos una bici o un patinete de estos que han proliferado repentinamente por todas las aceras pues tenemos que llegar hasta los límites de la ciudad y del nuevo barrio Parque Goya II que es el que enmarca esta gran avenida. Una vez allí, nos produce cierta tristeza comprobar que, pese a la amplitud y la prestancia que le da el abundante arbolado a la vía con la que se le  honra,  la Ronda verdadera no encontraría vecinos a los que rondar si se decidiera a entonar sus canciones por estas aceras amplias y cuidadas pero totalmente inhóspitas; lo que, por otra parte, no deja de ser metafórico y  un punto de concomitancia con muchos de sus temas dedicados a lugares sin gente. Eso sí, como no hay paredes en las que poner azulejos se optó por una manera muy elegante de rotularla, una placa metálica colocada en un monolito que preside la avenida y que, los propios rondadores, bajaron a inaugurar.

Ronda de Boltaña

Hasta ahora la ruta ha transcurrido por una zona muy familiar para mí, sólo he tenido que variar ligeramente algunos de mis desplazamientos habituales en busca de los lugares evocados por unas letras encerradas entre media docena de azulejos de clásico diseño. Sin embargo una vez completado el recorrido por estas calles de la zona norte de la ciudad (o del “barrio sur de Huesca”, como lo llaman con retranca los oscenses), caigo en la cuenta de que hay algunas ausencias notables así que me pongo a investigar en San Google y descubro que las localidades de Aínsa y Boltaña no tienen cabida en el casco urbano, para encontrarlas habría que salir de la ciudad en dirección Valencia y desplazarse hasta el barrio de Santa Fe, lo cual, además de físicamente, también se aleja del objetivo de esta ruta “sobrarbense” por el casco urbano zaragozano.   Sin embargo, he descubierto  que las calles Ordesa y Torla, topónimos que igualmente había echado en falta, existen y se encuentran en el otro extremo de Zaragoza, en la zona alta de la ciudad, el barrio de Torrero; así que dedico una mañana de domingo a acercarme hasta allí, un paseo ciudadano de casi nueve kilómetros entre ida y vuelta (un buen entrenamiento para cuando emprenda la caminata por los territorios genuinos) y, una vez en el lugar, comprendo por qué no tenía conocimiento de su existencia. Son dos calles sin personalidad, prácticamente idénticas, paralelas y muy próximas, que no llegan a los cien metros  de longitud cada una y que forman parte de uno de los múltiples grupos de casas sindicales del franquismo (la Obra Sindical del Hogar). Si bien es la misma topología de bloques de pisos que alojaban prácticamente el resto de topónimos de nuestra comarca en el barrio del Arrabal, aquí se me antojan todavía más humildes y tristes si cabe y, si  en una mañana soleada y primaveral de un domingo de este año 2019, me causan esta amarga impresión no quiero ni imaginar qué sería cuando se levantaran, no sólo por la época gris en sí misma sino porque además en lugar de los espacios abiertos y de construcciones modernas en los que ahora desembocan, en su momento ambas calles abocaban directamente a las tapias de la antigua cárcel de Torrero, hoy derruida, y los árboles que ahora dan cierta sombra y señales de vida al espacio entre bloques no serían mas quecalle incipientes brotes.
Número 13 de la calle Torla










Calle Ordesa


Termino este recorrido urbano de la comarca por las calles de la última capital del antiguo Reino, en la creencia de que no se me ha escapado ninguna referida a nuestra comarca pero lo hago con estrambote, a la manera de los clásicos, una humilde referencia  a un  rincón sobrarbense muy personal; se trata de un pequeño murete que alberga una torpe reproducción de una ilustración de Ramón Acín para el libro La fiesta del Árbol de Joaquín Costa publicado en 1925 por la editorial de Vicente Campo en Huesca. En mi caso, se trata de una alegoría a una entrañable carrasca sita en Troncedo (La Fueva) a cuya sombra se han cobijado y han soñado varias generaciones de mi familia.

Mi casaaaa (no la de E.T.)
Dibujo de Ramón Acín

P.C. (Artículo publicado en la revista El Gurrión, nº 156)


sábado, 2 de febrero de 2019

Matilde, hija de la emigración


El pasado 13 de enero falleció mi prima Matilde Lascorz Lacambra. Había nacido en 1932 así que en marzo próximo hubiera cumplido 87 años,. Pertenecía a la primera generación de hijos del masivo éxodo migratorio de los pueblos aragoneses a Cataluña. Sus padre, Antonio Lascorz, era originario de la aldea de Tricas (hoy engullida por el bosque)  y se había  criado en otro lugar de Sobrarbe que hoy también está abandonado e igualmente confundido entre la maleza,  Lacort. Su madre, Rosalía Lacambra, era de casa Albañil de Troncedo  y siendo prácticamente una niña fue a servir a Barcelona. Ambos se conocieron allí, en el Centro Aragonés de la ciudad condal, lugar de encuentro dominical para todos aquellos aragoneses desplazados a la urbe. Matilde y su madre  vivieron la guerra civil solas en una portería de l’Eixample pues Antonio había sido movilizado  al  frente y después, hecho prisionero. Por si fuera poco, un hermano de su madre, el tío Miguel, cansado de una guerra que no entendía ni encajaba con su bonhomía natural, abandonó la lucha en el fragor de la batalla del  Ebro y fue andando hasta Barcelona, donde Rosalía lo mantenía escondido en la portería. Fueron tiempos muy difíciles, en los que más de una vez madre e hija tuvieron que recurrir a robar algo de comer por las huertas de las afueras de la ciudad. Precisamente la última vez que la vi, tuvo fuerzas para dar un paseo por las inmediaciones de su casa, en el Paseo San Juan, llegando justo hasta la esquina donde a principios de siglo XX se levantó la fábrica de automóviles Elizalde, que durante la guerra fue colectivizada y destinada a la fabricación de bombas de aviación. Allí nos recordó el miedo pasado durante los bombardeos vividos muy de cerca pues su portería hacía esquina con la calle Córcega, justo en la acera de enfrente de la fábrica, objetivo de la armada italiana que colaboraba con Franco.

A pesar de todas estas vicisitudes, mis tíos se labraron una vida y pudieron dar un  buen porvenir a su hija. Ella fue la primera mujer de la familia que estudió y que tuvo una carrera profesional, un hito que no puedo dejar de reseñar por ser el eslabón familiar que conforma la cadena de conquistas en la emancipación de las mujeres españolas  en el pasado siglo. Primero ejerció de comadrona para pasar después al laboratorio del Hospital Sant Pau donde desarrolló una larga trayectoria como analista. Fue una mujer muy activa y jovial, “de buena encontrada” como decimos por estos lares, activa e interesada en la cultura, la actualidad y la política hasta el último día.

Cataluña le dio muchas oportunidades a esta parte de la familia emigrada pero ellos también le aportaron toda una vida de sacrificio, esfuerzo y amor por la tierra de acogida, un intercambio común a todos los miles de emigrantes de Aragón y de otros lugares de España, décadas de simbiosis entre las personas y los territorios que duele mucho apreciar cómo obvian muchos discursos simplistas en la actualidad. Matilde era muy catalana pero nunca olvidó de donde venía y ha vivido estos últimos tiempos con la inquietud y el enojo con el que toda persona lúcida y bien informada  como ella podrá comprender fácilmente.

Conocida y apreciada, me consta, por todos los de Troncedo que acabaron recalando en Barcelona y que, con frecuencia, visitaban a sus padres para charlar animadamente sobre los temas y las personas de estos lugares de Sobrarbe. De paso también, aprovechaban para pedir consejo al Dr. Cebolla como cariñosamente se conocía a mi tío Antonio, por su sabiduría autodidacta en temas de alimentación y medicina natural. Matilde nunca perdió  el vínculo con el pueblo, la casa y la familia de su madre.

Descanse en paz, mi querida prima a la que tengo que agradecer el descubrimiento de muchos lugares y experiencias en mi vida. No recuerdo ahora el momento preciso pero estoy segura que la primera vez que vi el mar, lo haría de su mano y el primer baño en aguas mediterráneas, eso sí que lo guardo en mi memoria,  también fue en su compañía.



No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.
Soy como un diamante en la nieve,
brillando.
Soy la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy la lluvia gentil del otoño esperado
cuando despiertas en la tranquila mañana.
Soy la bandada de pájaros que trina.
Soy también las estrellas que titilan,
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí.
Yo no morí

Poema  que Matilde había enviado poco antes de Navidad a sus personas queridas. Una muestra de la lucidez y serenidad que mantuvo hasta el último suspiro.
Pilar C. Lacambra