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sábado, 19 de enero de 2013

Noticias de la Asociación

CONVOCATORIA:
El sábado 26 de enero se ha organizado una jornada medioambiental y a partir de los trabajos ya iniciados en el mes de noviembre, seguiremos con el barzing, leñing y avecinaling en la cabañera. La Junta nos recuerda que las jornadas medioambientales constituyen uno de los cimientos de la   trayectoria de nuestra Asociación y que tiene que ser también el futuro de la misma.

LOTERÍA:
Como todos sabréis, el número de la asociación 19.508  fue premiado con la devolución del importe. Se puede recoger el  premio en las oficinas de Bantierra en Tierrantona, Aínsa y Graus pero como sabemos que no todo el mundo se puede desplazar en días laborables a estos pueblos, el sábado de la jornada también se pagará en Troncedo.


CARNAVAL DE LA FUEVA 2013*:

Este año no nos toca organizar el carnaval de La Fueva, pero como ya va faltando poco tiempo, os agradeceríamos que nos ayudarais con el disfraz de este año. Todas las ideas serán bienvenidas.


*Con respecto a este último asunto, con los tiempos que corren y pegados a la actualidad en todos sus sentidos: social, política y artística, yo propongo que nos disfracemos de MISERABLES. Cada uno y cada una en la acepción de la palabra que más guste: los miserables per se, los que son pobres y están carentes de  derechos y oportunidades; o los otros, los que son miserables porque su miseria moral les lleva a acumular riquezas y prebendas sin la más mínima conciencia de justicia social. En cualquier caso, si mi propuesta tiene éxito, ya podéis ir afinando las voces. P.C.

martes, 16 de octubre de 2012

El Barzing

A todos los voluntarios y voluntarias que se van a juntar el próximo sábado a limpiar de barzas la pista de SanQuiles, les dedico este simpático post que Mariano Coronas (director de la revista El Gurrión y del blog del mismo nombre) escribió en su día a ese deporte de aventura y riesgo tan extendido por nuestros lares, El Barzing.
 

En aragonés llamamos “barza” y “barzal” a lo que en castellano se llama zarza y zarzal. La “barza” tiene como nombre científico: Rubus fruticosus L. y es de la familia de las  Rosáceas. Ésta es la descripción de sus características: “Arbusto caducifolio de hasta 2 m de altura, muy ramificado y armado de aguijones. Tallos primero erectos, luego colgantes, algunos reptan por el suelo y otros trepan mediante las espinas. Hojas muy aserradas de color verde oscuro por la haz y verde grisáceo y con pilosidad por el envés. Flores blancas o rosadas, de 2 cm de diámetro. Frutos negros, brillantes, de sabor agradable. Se distribuye por toda Europa en los claros de los bosques, matorrales, así como en los bordes de los campos y caminos. Es una especie muy variable. Se distinguen hasta 200 subespecies debido a la facilidad con que hibridizan (característica común en todas las rosáceas)

Tengo para mí (como he leído que escriben algunos) que el problema de las “barzas” es que constituyen una maldición bíblica no explícita, pero evidente. Basta leer este pasaje evangélico para percatarnos de lo que digo: Éxodo 3c... y llegó Moisés al Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yhaveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía… Pues, ahí está la cuestión; porque si se hubiera consumido, ¡adiós barzas! Yo creo que hubo en ese momento un defecto de fabricación y que fue un error hacerlas de material incombustible. Los niños de mi quinta que nacimos y vivimos en los pueblos, seguro que recordamos haber visto a nuestros padres quemar barzales en otoño o en invierno (todos los años) y comprobar cómo brotaban de nuevo, como si tal cosa, en la siguiente primavera.

El caso es que practicábamos el barzing todos los años y con mucho fundamento, que decía el otro. Recordando tiempos pasados, vienen a mi memoria varios momentos relacionados con las barzas. Durante el mes de diciembre de cada año, los chavales en edad escolar recorríamos las huertas, la glera del río y los montes próximos al pueblo para ir recogiendo materiales que alimentasen la “hoguera de Nochebuena” que cada 24 de diciembre encendíamos en la Plaza. Una de las piezas más cotizadas eran los barzales porque arden con facilidad y animan con rapidez el fuego para que se enciendan a su vez troncos y “tozas” de árboles (conjunto formado por la base del tronco y las raíces, mezclado con algo de tierra…). Si veíamos a alguien del pueblo que estaba limpiando alguna margen de un campo o de un huerto, le decíamos que nos guardara el barzal para la hoguera de Nochebuena (también llamada por nosotros hoguera de Navidad, porque, en realidad se encendía a las 12 de la noche del día 24 de diciembre, un poco antes de la misa de gallo). Luego las peripecias que pasábamos para transportarlo hasta el depósito de leña y hasta la Plaza solían ser curiosas. Lo mismo hacíamos cuando éramos nosotros mismos los ayudantes de nuestro padre a la hora de ejecutar alguna de esas limpiezas de márgenes: reservábamos el barzal para la gran hoguera colectiva. Las barzas se cortaban con tijeras de podar, con “dallos” (guadañas) o con el “cortabarzas” y en todos los casos, acababa uno señalado, con gotitas de sangre, espinas clavadas, rasguños de variadas dimensiones y cien veces repetida la fina expresión: “las putas barzas”, cada vez que nos acariciaba alguna de ellas.
En las épocas de siega manual, en las que se hacían gavillas en el campo y luego se ataban en fajos, solía haber unas barzas poco desarrolladas que se extendían por el suelo y que llamábamos “richoleras”… Al tratar de coger las gavillas, esas barzas constituían frecuentemente desagradables sorpresas “acariciando” nuestras manos y brazos.
En cambio, en primavera cortábamos, pelábamos y nos comíamos los brotes verdes de las barzas (a pesar de que no eran un manjar exquisito). Ya tenían espinas, pero eran tiernas y no se clavaban y al final del verano asaltábamos los barzales para darnos algunos atracones de moras. Las moras nos las comíamos tal como las íbamos cogiendo, pero nos gustaba ensartarlas en unas hierbas que llamábamos “lastón” y así, cuando regresábamos al pueblo, teníamos una pequeña reserva de dulce alimento antes de refugiarnos en casa.



*El post todavía es más largo (a Mariano, como es muy sabio, le gusta y puede hablar largo y tendido). Recomiendo su lectura completa.