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domingo, 16 de abril de 2017

Visita a San Beturián






Efigie de Isabel de Farnesio, reina de España.
Una de las actividades programadas por la A.C. Castillo de Troncedo en este largo puente festivo ha sido la visita guiada al Monasterio de San Victorián (o Beturián, como se dice por estas tierras). Un lugar que todo aragonés y, por ende español, que se precie debería conocer. Situado en un magnífico emplazamiento al pie de Sierra Ferrera y bajo la cueva de La Espelunga, lugar donde según la tradición oral se retiró el Santo eremita que acabó siendo abad del Monasterio y de quien después tomó  nombre (la denominación originaria era Mº de San Martín de Assan) . Si esa tradición es cierta, estamos hablando de la existencia de un cenobio en el siglo VI, en tiempos del Reino Visigodo de  Toledo, y se trataría del  más antiguo de España en cuanto al lugar pues, según nos explicó con didáctica y pausada exposición Mikel, el guía, a lo largo de los siglos se han levantado varios edificios diferentes, uno sobre otro, en ese mismo lugar. El último, en el s. XVIII, bajo el patrocinio del primer Borbón, Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio, cuya efigie, descabezada, se encuentra todavía presidiendo la entrada a la sala capitular, a la derecha del altar mayor.

Pantocrátor, s. XI


Claustro
 La iglesia y todo el conjunto cayó en el abandono y la ruina casi total a partir de los años 50 del pasado siglo, pero a partir de la última década de ese mismo siglo el Gobierno de Aragón ha ido acometiendo diversas restauraciones que están devolviéndole la semblanza que le corresponde.  La primera intervención fue reconstruir la techumbre que se había perdido totalmente y la última ha sido restaurar el claustro adyacente a la iglesia que precisamente este sábado 15 de abril se abría por primera vez al público, así que fuimos sus primeros visitantes. Se trata de un recinto que data del s. XVI y que sorprende por su sobriedad, alejada de la riqueza ornamental y escultórica que se pueden observar en otros edificios religiosos de la época. Este, sin embargo, se corresponde con el estilo tradicional de la zona porque, como dijo Mikel, "esto no era Valladolid".

La importancia política, económica, cultural y espiritual de este monasterio es crucial en todo Sobrarbe, territorio sobre el que ejerció señorío feudal,  pero también lo es para la Historia de Aragón pues entre sus muros se tomaron acuerdos y pactos que fueron decisivos en la misma.  Tiene título de Real Monasterio pues ha albergado también las tumbas de dos reyes, Iñigo Arista, primer rey de Pamplona y Gonzalo, primer y único rey de Sobrarbe y Ribagorza.  Tras la accidentada muerte de este último en terrenos muy cercanos al Monasterio (más información en El Caixigar nº 11, año 2014), San Beturián fue uno de los lugares en los que se realizaron los tratos para designar sucesor, recayendo en su hermano Ramiro, rey de Aragón (que entonces era un pequeño territorio en torno a la ciudad de Jaca) y, por tanto, configurando los cimientos del Reino de Aragón, tal y como lo hemos conocido en la Historia posterior.

A lo largo del s.XIX, una vez desamortizado el Monasterio que, por Real Decreto pasó a ser propiedad del Municipio de Los Molinos, el abandono y  ruina fueron apoderándose lentamente del lugar a la vez que fueron numerosos los visitantes ilustrados que se acercaban a conocerlo y que, irremisiblemente, lamentaban el estado del lugar. Recomendamos un interesante artículo de Manuel López Dueso en el que describe con detalle estas impresiones. En contraste con estos relatos, nosotros pudimos encontrar un recinto que ha consolidado parte de sus edificios principales (aún quedan muchas zonas por intervenir) y algunos elementos de anteriores edificaciones aparecidos en las catas que se han realizado en el terreno pero, sin embargo, no queda nada de todos los elementos ornamentales y piezas artísticas que todavía contenía el monumento en el siglo XIX pues en 1950, el obispo de Barbastro, Cantero Cuadrado, decidió despojar la iglesia del monasterio de ornamentos, retablos y coro; también ordenó desmontar el tejado y reutilizar las tejas.
Estado anterior a la restauración

Sin embargo tanto  los aldeanos medievales, como  los viajeros ilustrados del s.XIX y  los actuales paisanos y turistas que nos acercamos, podremos coincidir con las manifestaciones de Lucien Briet, fotógrafo y pirineista francés que se alojó en el monasterio en octubre de 1911


"No le falta en absoluto orgullo y majestad al ex-monasterio de San Victorián cuando se le mira de frente desde la parte inferior (...) Los diversos cuerpos del edificio sobresalen por encima de una sucesión de obstáculos, como del seno de un espeso seto de árboles y se alinean, rojizos, desiguales, en actitud hierática, agujereados por vanos negros. Los tejados basculan v los más adelantados dan sombra a las partes más retraídas; se eleva una torre; se deshacen muros dislocados; un campanario robusto y agujereado, provisto de campanas, anuncia la existencia de una iglesia» 

Se trata de la misma "voz"  que nos sorprendió con una descripción in situ sobre la disposición de tumbas y esqueletos en la cripta. Una vez más, hay que reconocer la labor  de este francés que vino del otro lado del Pirineo a descubrirnos nuestras Bellezas del Alto Aragón (así tituló una de sus obras más conocidas, publicada por la Diputación Provincial de Huesca en 1913 y en 1977)


domingo, 18 de septiembre de 2011

Castillo de Troncedo

Cuando este verano nos visitó una reportera de la Televisión Aragonesa me preguntó si me parecía bien que introdujera el reportaje diciendo que el castillo era la construcción más emblemática de nuestro pueblo. Coincidireis conmigo en que la respuesta era obviamente afirmativa, el castillo es de hecho y de derecho nuestro edificio emblemático. De hecho, porque sin duda debió ser la construcción que dio pie al propio pueblo y, de derecho, porque la silueta de su torre destaca sobre todo el conjunto desde puntos bastante lejanos de la vertiente sudoccidental, el valle del Cinca. No sucede lo mismo cuando nos acercamos por el otro lado, por la carretera que sube desde el valle del Ésera porque la Sierra de Troncedo nos  oculta su majestuoso perfil hasta que no estamos casi en el mismo pueblo. Son múltiples las referencias que en este blog  y en todo lo relativo a Troncedo se hacen en torno a "nuestro" castillo pero creo que no está de más una entrada en la que recopilemos la información que tenemos sobre el mismo, basada fundamentalmente en los estudios de Adolfo Castán y en la página del románico aragonés de Antonio G. Omedes.

Historia y Descripción del Castillo de Troncedo.- Diversos autores, basándose en el análisis del aparejo, creen que es una obra de la primera mitad del siglo XI y, aunque se cree que pudo ser construido entre los años 1.040 y 1.050  por maestros locales,  lo cierto es que en el año 1035 ya se menciona en el testamento de Sancho el Mayor, en el que donó Sobrarbe a su hijo Gonzalo I de Ribagorza. Dicho monarca creó una red de fortificaciones para controlar la frontera frente a los territorios de dominación musulmana. En el mismo contexto se enmarcan los castillos de Abizanda, Secastilla, Clamosa, Escanilla, Samitier, Olsón y Buil. Se sabe que en 1062 Galín Blasco era su tenente. En 1135, reinando Ramiro II el Monje, el castillo, villa e iglesia de Troncedo fueron donados al obispo de Roda.

El castillo presenta la forma común en la ribera del Cinca, una torre haciendo esquina en la punta oriental, y un recinto desplazado a poniente siguiendo el escarpe creado por un banco de arena, siendo el de mayor superficie interna de los de Aragón. Sus medidas de alrededor de 10,50 x 6,50 metros le aportan una superficie en planta rondando los 64 metros cuadrados. Al exterior está acabado con sillarejos bien aparejados, con abundantes mechinales pareados edificativos . Destaca la existencia en su base de sillares de tamaño muy grande. Hay alguno de casi metro y medio de longitud. A pesar de que se ha invocado para ellos una obra anterior, lo cierto es que entre hiladas de sillares grandes se intercalan otras de sillarejo "estándar"  por lo A. Castán  supone que estamos ante una obra unitaria. 

El espesor de sus muros alcanza casi los dos metros en algunos lugares. En el lado norte del cerro en que asienta, quedan unos 30 metros de lienzo y restos de un cubo de muralla, aun cuando su observación es difícil por la vegetación existente. A destacar que en el arranque del lienzo hay una aspillera de notable tamaño, con inclinación de su luz al modo de las vistas en Abizanda o Loarre y que debieron servir para verter líquidos ardientes inflamables. 

En la parte interior más alta reaparece la forma pentagonal

La torre es de planta pentagonal irregular al exterior, y cuadrangular en el interior,  debió de contar con tres plantas. La que ocupa mayor espacio es la inferior, cuyos muros fueron recrecidos hacia el interior para darle forma rectangular y poder cubrir la superficie con maderos. Aunque desaparecida, es lógico que en el lienzo oeste estuviera en altura la puerta de acceso a la torre  Más arriba, la tercera planta muestra pequeños vanos de medio punto dovelado (queda uno con su forma reconocible con misión de vigilancia). Por lo que resta de la altura de la torre, se puede deducir que habría dos en cada lienzo, lateralizados hacia las esquinas para tresbolillarse con el vano grande central del piso inferior.

Casi mil años después de su construcción, en el año  2010 el castillo ha experimentado una mejora en el estado ruinoso que presentaba y que sigue haciéndose constar en la mayoría de las páginas de Internet en las que hemos encontrado referencias al mismo. Animo a que entre todos vayamos difundiendo la buena noticia de que  se ha ejecutado el proyecto de consolidación de los restos, de manera que todos aquellos estudiosos y curiosos que lo conocen de antaño, vuelvan a acercarse por aquí para constatar las obras de mejora realizadas. Aunque también es preciso recordar que ya hemos dejado dicho en otras ocasiones que aquí no termina el proceso, que la Asociación Castillo de Troncedo no debe cejar en el empeño de ver alguna vez restaurado y puesto en valor nuestro castillo de manera que se pueda apreciar fehacientemente la entidad y funcionalidad de sus orígenes.
 


Pared meridional de la torre