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miércoles, 4 de septiembre de 2019

Juanito Bayle

Una vez leí que "somos lo que dejamos" y, en el caso de Juan Olacia, esto ha sido evidente. El reguero de personas, cariño, simpatía y emoción que ha inundado las viejas calles y caminos de este pueblo son prueba de todas las virtudes y el carisma de su personalidad. 

Juanito ha sido capaz también de arrancarnos la mejor interpretación del "S'ha feito" que en este pueblo se ha escuchado y se escuchará jamás. Y la más triste...

También los mejores poemas. 
P.C.


JUANITO BAYLE


 Siempre es demasiado pronto para perder a un ser querido;
 y sin embargo, cuando ocurre,
 ya es demasiado tarde.

Tarde para hacer todas aquellas cosas que alguna o tantas veces
planeamos hacer juntos y no hicimos.

Tarde para decir todas aquellas cosas que alguna o tantas veces
quisimos decirle y no supimos encontrar la ocasión.

Tarde para todo ya, excepto para el recuerdo.

Para recordar su cara amiga de semblante bonachón,
sus ojillos vivarachos,
su frente amplia y reluciente
su sonrisa amable y franca.

Trabajando en su huerto por la mañana,
enseñando unas setas cogidas “de pasada”
o unas perdices cazadas “después de cansarlas”,
haciendo disfrutar a sus rivales del guiñote, como a él le gustaba,
preparando sus calçotadas o sus vermús y berberechos
con vinagre y pimienta detrás de la barra,
o con su sombrero rondador marcarse un solo de trompeta en la plaza para la fiesta.

Para recordar todas aquellas cosas que alguna o tantas veces hicimos juntos
y exprimirles así una penúltima gota de felicidad,
un poco triste, tal vez hoy,
tal vez hoy un poco amarga;
pero felicidad al fin, auténtica y nuestra.

Antonio Ezquerra


domingo, 10 de febrero de 2019

El olvido es la falsificación del pasado

Hace unos días Carles Francino y Elvira Lindo entrevistaban en el programa La Ventana de la Cadena SER  a Mercedes Hernández, Presidenta de la Asociación de Mujeres de Guatemala, que relataba cómo en su país han realizado una importante tarea de denuncia de las atrocidades de la dictadura y de dignificación de las víctimas. Reflexionando sobre las trabas que en España se han puesto y se siguen poniendo a la recuperación de la Memoria Histórica dejó una frase que me impactó: "El olvido es la falsificación del pasado". Creo que puedo asegurar que todos los que colaboramos y los que reciben  con agrado los ejemplares de nuestros boletines anuales (los caixigos que van formando un gran Caixigar de papel) podríamos suscribir esta afirmación. No queremos y no podemos olvidar  porque sólo sobre  la presencia del pasado en nuestra vida podremos sustentar un  futuro mejor. Al fin y al cabo cada generación  es un eslabón imprescindible para conformar  la cadena de la Historia.

 En esta línea de recuperación de la memoria, hace tiempo que me rondaba la idea de recoger algunos episodios de  la década de los cuarenta del pasado siglo, cuando a las penurias propias de la posguerra y la dictadura imperante (miseria, racionamiento, represión, falta de libertades...) se sumó por estos lares la presencia intimidatoria de grupos de guerrilleros antifranquistas (maquis). Ha sido una ardua tarea porque el impacto de aquella tormenta (palabra tomada en préstamo de las referencias literarias) en el espíritu de los testigos fue tan profundo que todavía hoy cuesta recabar testimonios. La mayoría de los que lo vivieron directamente ya se nos han marchado y los que aún quedan vivos eran muy jóvenes, prácticamente niños, pero siguen llevando marcadas en su espíritu las consignas de silencio, dolor, miedo o incluso, vergüenza para hablar.  A pesar de todo, con la colaboración de unos pocos se han podido recoger pequeños episodios, casi anecdóticos  a los que  dar cierta coherencia en el contexto histórico español y mundial, con la pretensión de condensar la información en un artículo para un próximo número de la revista El Caixigar.

Sin embargo esa pretendida "condensación" abarca tal número de páginas que se ha erigido en un único y  monográfico número de la revista que próximamente estará a disposición de las personas interesadas. Y digo esto último porque esta vez no se va a distribuir gratuitamente entre los socios de la Asociación Cultural Castillo de Troncedo como en otras ocasiones. Dado el  carácter extraordinario de esta edición y su no inclusión en los presupuestos anuales la distribución se realizará a demanda. Eso sí, con un precio especial para los socios y socias. 

Sin haberlo pretendido inicialmente, la aparición de este número extraordinario coincide con el 80º aniversario del exilio español. Por ello es una satisfacción pensar que  aunque sea con un sencillo y humilde documento local, también desde Troncedo contribuyamos al programa de actos de recuerdo y homenaje.

domingo, 30 de enero de 2011

Poemas para el recuerdo

Hay una determinada edad en la que empiezas a fijarte en las esquelas de los periódicos. De vez en cuando encuentras un apellido familiar, una persona mayor amiga o conocida, el padre de  un compañero de trabajo,  ... Unos años más tarde te tropiezas con los nombres de padres y madres de tus propios amigos. No pasarán muchos años sin que, desgraciadamente, las esquelas se refieran a personas de tu propia generación que se van yendo demasiado pronto. Incluso llega el momento en el que te toca el doloroso trámite de redactar alguna de un ser muy querido. Lo cierto es que ya no sabes desde cuándo pero todos los días te encuentras a ti misma revisando las necrológicas. Y es un ejercicio interesante porque, aunque la mayoría responden a una misma fórmula,  más a menudo de lo que pueda parecer, las manifestaciones de duelo se saltan los convencionalismos en un desesperado y precipitado intento de traducir en palabras las emociones que afloran ante la pérdida. Y a veces el resultado consigue conmoverte. Hace un tiempo encontré un hermoso poema que unos padres dedicaban al hijo desaparecido, pero cuando lo leí pensé que bien podía  haber estado dedicado a mi propia madre.  Ahora, cuando se cumplen nueve años de su  fallecimiento, quiero traerlo aquí en su memoria:

El mar no nos alcanza                                   Después que aquí te deje
con sus besos salobres.                                  y en el tronco te ahonde
Aquí sobre la encina                                      te llevaré conmigo
quiero tallar tu nombre.                                en mi sangre más noble
Para sus letras duras                                     y escucharé tu grito
no encuentro mejor molde.                           otra vez entre voces.


Que el viento te dé fuerza                              Que la paz de esta encina
y la mañana canciones,                                  tu memoria sazone.
y que tu acento encuentre
su anchura en este monte.                              Francisco Giner de los Ríos

El pulso no me tiemble
ni mi acero se doble.


El nombre: Balbina Lacambra Garcés, nacida en 1925 en casa Albañil de Troncedo.
La encina: la carrasca de casa Albañil, una de las "propiedades" más apreciadas por generaciones de la familia.
El monte por el que se desparrama su acento: el de Troncedo.




domingo, 23 de enero de 2011

Miguelico y Miguelón

Dibujo: Irene Remacha
En el año 2010 se ha conmemorado el centenario de Miguel Hernández. Andaba yo releyendo sus poemas así como descubriendo algunos episodios de su biografía y  escuchando las canciones de Serrat cuando me encontré entre mis dedos unos versos infantiles en los que se recogía un diálogo imposible entre el poeta, encarnado en el niño que fue y otro niño, también pastor, moreno y curtido por el sol, también fallecido prematuramente a causa de la guerra civil, pero analfabeto y criado en otros paisajes, precisamente en los de nuestros montes. Esos dos niños, sentados a la sombra de una encina que crece  en algún lugar inverosímil, se cuentan su vida y  juegan con los versos del poeta.




 Miguelico, cuéntame,
cuéntamelo  una vez más,
cómo de fina es la  arena
cómo de azul es el mar.
Porque nací en Aragón
nunca me llegué a acercar;
quiero saber cómo sabe
el agua  aliñada en sal.
 Cuenta, cuéntame otra vez
cómo crecen las palmeras,
cómo el viento levantino
las envuelve y las menea.

Recita un lindo poema,
yo lo escucharé en silencio,
rimaré mi corazón
con el eco de tus versos.
Poeta del pueblo te llaman,
 y yo del pueblo  soy hijo;
tú traduces en  palabras
lo que en mis carnes yo vivo


Dime qué es lo que soñabas
bajo aquel pino sentado,
qué musa canta en tu oído
cuando guardas el rebaño.
Mientras tú escribes poemas
también de un rebaño cuido
pero mis mansas ovejas
sólo me ofrecen balidos.
Muéstrame  cómo lo haces
cómo el color y el dolor
se vierten en  un papel;
¿cómo se escribe el amor?
 Yo que apenas sé leer
y que menos aún escribo
en el ara de los sabios
te elevo y te canonizo.

Nacido en  tierras de casta
rodeado de altos montes,
nunca pensé  ir más allá
de mis barrancos y bosques.
Tú  naciste al sol naciente,
bañado por la alegría
de la brisa y de la luz
de tus tierras levantinas.
Yo labré en tiempo de otoño,
para segar en verano
y, entre faena y faena,
fui albañil, pastor, criado …
Yo era uno de los tuyos,
de tus hombres jornaleros
y antes de ser hombre fui
también tu niño yuntero.
Fui un pobre pueblerino,
pobre feliz infeliz,
no conocía otro mundo,
aquél era mi vivir.
-         Te  lo contaré otra vez,
 mil veces si lo pidieras
¿qué tengo mejor que hacer
que enredarte en mis poemas?
Ven y siéntate a mi lado,
quitémonos las abarcas
dejemos los pies desnudos
que en este suelo no hay barzas.
 Tú y yo, mozos de pueblo,
tostados  al sol, morenos,
nacidos en malos tiempos
para los que somos buenos.
Tú y yo, almas gemelas;
yo no soy  sabio ni listo,
tú sabes cosas que yo
en mi vida he conocido
 Me pongo en marcha a  tu norte,
siguiendo el trazo en el aire
del perfil de las montañas
que conservas en la sangre.
Y aquí, al pie de esta encina
te contaré mis historias
pero tú también tendrás
que recitarme las propias
 
Cuéntame cómo es la  nieve,
ésa que llega en noviembre
y hasta que mayo se va
hace que tu cuerpo tiemble.
Cómo es tu casa y tu padre,
quiénes eran tus amores,
cómo huele en primavera
tu prado sembrado en flores.
Mientras yo construyo  versos,
no hagas parar tu  paleta.
Yo, albañil de poemas.
Tú, poeta de las piedras.

Los dos fuimos solitarios,
hambrientos de hambre y cariño
a ti te faltó la madre,
a mí un padre compasivo.
La soledad de los montes
fue nuestra fiel compañía,
el viento nos regaló
la mejor de sus caricias..
Todo lo vertí en mis versos
y ahora poeta me llaman,
también podrías tú serlo
con lo que guarda tu alma.

-         Ay, Miguelico , mi hermano,
mi compañero,  mi amigo,
puedes leer en mi alma,
de mi ser eres testigo.
Nacimos casi a la vez,
lejos, pero bien cercanos,
vivimos en paralelo
aunque fuéramos extraños.
 Cuenta, cuéntame otra vez
cómo nacen los valientes.
Tú eres uno de ellos,
tú siempre fuiste de frente.

Cuando tú trazas palabras
sabes bien de lo que hablas
si dices hambre es Hambre
y es Amor porque tú amas.
Temprano voló la vida,
temprano trazó el  destino
sendas de sangre y de penas.
para seguir el camino.
La guerra, la triste guerra,
la única guerra posible
que a mí  me costó la vida
y a ti te llevó a la muerte.
La guerra, la triste guerra,
que no silenció tu voz
mas la colmó de tristeza,
de olvido y de desamor.